2.3.17

Una de palomitas grande.

Dicen por ahí los viejos del lugar que el que no tiene problemas se los busca. Y hablamos de gente adulta que se supone que tiene la cabeza sobre los hombros y se deja de tonterías.

Pues no.

Es gente aparentemente adulta con comportamientos de adolescente y mentalidad de la reina del baile que trata a los demás como si fuesen poco menos que chusma y tuvieran que estar a sus pies cumpliendo cada uno de los deseos. Y enmedio (o en medio, no sé cómo se escribe) de ambas personas se encuentra Eufrasia que siempre intenta mantener las distancias con ambas.

Pues tampoco.

Que no sé qué pasa conmigo pero a veces despierto afectos enfermizos hacia mi triste figura sin yo mover un solo dedo. Que yo no hice nada, oiga, que yo tampoco estoy compitiendo con nadie y no me interesa saber las opiniones de estas personas, pero ellas sí que hacen, parece que compiten conmigo en belleza, en simpatía, en carisma, en vida social, y quieren (y me preguntan) mi opinión sobre cosas que me importan de cero a nada, pero que no hay forma de hacerles ver que paso de sus cosas, y que yo sólo pasaba por ahí.

Pues va a ser que molo mucho.

Y yo no quiero molar tanto, que me gusta pasar inadvertida, pero no sé, a veces me quiere mucho gente que no quiero que me quiera, y se fija en mí gente que no quiero que se fije, y me preocupa enormemente cierta clase de personas que posan sus ojos en mí, sin yo pretenderlo. Dicen que la vida te pone gente delante para aprender de tus errores y tus defectos porque son tu reflejo. 

Joder, pues la llevo clara XD

Bueno, pues a todo esto estas personas que son tan divinas (más que yo), tan geniales (más que yo), tan inteligentes, atractivas, simpáticas, estupendas, trabajadoras y mucho más ricas que yo (bueno, en eso con poco se me supera) que no se tragan entre ellas... coinciden. Y yo soy objeto de deseo de ambas dos personas y no encuentro el botón de teletransportación ni el de invisibilidad para deshacerme de ellas, así que uso el superpoder de levantarme e irme o darles un corte porque no me gusta lo que me dicen para demostrar, cada una de las veces, que son chachigeniales y megamejores que yo y que el resto de vosotros, sucios y tristes mortales. Y como las dos no se tragan entre ellas, es más, se odian a muerte, y las dos dan por hecho que estoy de su lado, voy a comprarme un saco de palomitas porque no hay película, obra de teatro ni espectáculo que supere lo que está sucediendo. No sé si habrá sangre, pero de momento ya hay encontronazos que se ven muy bien desde la grada. No sé por qué la vida me pone en la mitad de ese campo de batalla que no va conmigo y estas dos personas dan por hecho que estoy con ellas (por separado) si no les hago ni puto caso. Por qué molo tanto, rediós, POR QUÉ. POR QUÉ.

Y estamos hablando de gente adulta que se tienen envidia y no se esconden a demostrarlo.

Creo que es tensión sexual no resuelta. Hagamos apuestas.

Yo cuando me aburro hago otras cosas más divertidas, pero bueno, cada uno pierde su tiempo como quiere :P

Pues eso. Palomitas para todos.

Ps: Yo molo mucho, sobre todo cuando quiero.


22.2.17

Cuernos.

Supongo que en psicología eso tendrá algún nombre, pero yo tengo una característica un poco obsesiva y absurda, que es la de zanjar las cosas, el tener que darle un punto al final, el encontrar la explicación, la solución, el por qué. Encontrar respuestas, a veces una simple palabra puede terminar con mi obsesión. Pueden pasar años perfectamente y encontrar aquello que tanto me torturaba o eso que me dejó una duda. A veces puedo molestar a alguien con mi dedicación a esas cosas tan poco útiles para un  currículum vitae, pero oye, que ni mata, ni cura, y cada uno pierde su tiempo con lo que le da la gana.

Soy de naturaleza curiosa, por eso quiero saber y de saber, y aunque a veces más vale creer que averiguar, otras prefiero lo contrario, así que a veces yo misma me sorprendo de mi jeta por encarar algunas cosas.

Hace poco hablé de que había dicho que quería a cierta gente y no hubo ninguno que se comportara en esos momentos como las personas, porque les dio igual mis sentimientos pero no su comodidad. Ahí quise saber realmente lo que había, y descubrí que no había nada. Lo supe. Y lo que sucediera después de cada uno de esos momentos, lo que pasara, he decidido que es culpa mía.

Bueno, de todos ellos, hubo uno, el único, al que decidí darle de su propia medicina, así que como no había nada serio entre nosotros, o eso decía él, pues nada, yo decidí conocer a otra gente que no quería controlarme como el susodicho en cuestión, porque además, tampoco había nada serio con ellos. Él se había estado viendo con otra gente mientras me decía que sólo estaba conmigo hasta qu empezó a decir que es que entre los dos no había nada serio. Vale, pero para ninguno de los dos. Él estaba a favor de las relaciones libres, pero parecía ser siempre y cuando fuese él el que hiciera lo que le diera en gana. Aunque no lo supo, sospechó que yo podía estar conociendo gente, y os aseguro que no lo llevaba nada bien. Pero cuando no había nada por mi parte, tampoco lo llevaba bien, así que realmente él era un problema con pene y yo una gilipollas, pero creo que eso ya lo he dejado claro varias veces a lo largo de la historia de este blog. Sólo lo repito por si se os olvida.

Después de meses pude llevar una vida normal sin que él pudiera (ni le dejara) meter las narices en lo que yo hacía, ya que nos movíamos por algunos círculos comunes. Hasta que me cansé y le mandé al peo de muy malas maneras, porque ya no me apetecía estar aguantándole nada. Por dios, en qué estaba pensando para aguantar a semejante tío costra... Esa semana santa la pasé sin su deprimente compañía, gracias a los dioses, porque decidió unilateralmente, y lo dejó bien claro por si yo se lo imploraba, que no iba a venirse conmigo. OH, QUÉ DISGUSTO, PARFAVAR. Y aunque volvió a darme señales de vida, había resultado ser una persona tan tóxica, que no merecía ni la pena. Porque no es que fuesen malentendidos, ni que estuviéramos siempre con alguna bronca, no: es que es una persona tóxica. Es malo. Y me cansé, porque hasta las tontas como yo se cansan. 

Pues ha sido la única persona a la que he engañado en la vida. SI ESO ES DELITO, DETÉNGAME AHORA MISMO, SEÑORÍA.

Luego aparecieron otros, pero eso es otra historia, cada uno tiene la suya. Y qué diferente cada una, válgame... Qué diferentes pueden llegar a ser las personas, qué distinta es su forma de de tratarte, qué delicadeza algunos para tocar ciertos temas... Lo mismo algún día cuento algo más de ello. Hoy no, que me estoy desviando otra vez del tema.

Todo esto viene porque me enteré que la relación más seria que he tenido estos años me había estado engañando con alguien que yo desconocía. Y eso me mosqueó mucho enterarme por varias partes, pero como eso quedó atrás. pues podéis imaginar dónde pensé que podía irse mi ex, al que llamaré Gañán, porque no esperaba otra cosa de él. Ya ni me sorprendía. Y es cierto eso de que el cornudo es el último en enterarse.

Un día, por casualidad, conocí a una chica que parecía conocerme muy bien. Muy parlanchina, nivel agotador, empezó a relatarme la historia de mi vida ante mi asombro, porque yo no la conocía de nada. Le pregunté que de qué me conocía, hasta que me comentó que yo era la ex de Gañán, que habían trabajado juntos. Ahí caí en la cuenta de que tal vez... No es que me importara mucho esa chica, y había llovido tanto desde mi ruptura que me propuse tirarle de la lengua. Era tan parlanchina como bocazas y jeta por ser tan poco discreta conmigo, así que empezó a contar cosas más personales mías que cualquiera no puede saber si no es del círculo más cercano. Es más, eran cosas muy personales y dolorosas para mí. Le pregunté que cómo era que sabía esas cosas, y me dijo que se las había contado Gañán. Ahá. Seguí echando cebo para que ella hablara, hablara y decirme lo que quería escuchar, pero ella se iba por los cerros de Úbeda. Todo eso el primer día, porque hubo más.

El segundo día dejé de lado el cebo y usé la red. Oye... ¿por qué no me cuentas algo que yo no sepa?, fue mi propuesta. La muchacha se hizo la sorprendida. ¿Como qué? No sé, algo que yo no conozca, porque todo lo que me estás contando yo ya lo sé. Pero no sé qué contarte. Pues por ejemplo, cómo es que sabes tanto de mí. Ay, es que Gañán me lo contaba tomando café. Ah, pues sí que os duraban los cafés... La chica empezó a cortarse un poco porque se olía mis intenciones, así que decidí volver al cebo. Hasta que un día hasta quité la caña y dejé de coincidir con ella.

En estos meses me he vuelto a cruzar con ella varias veces. Mejor dicho, ella me ha visto por la calle y me ha llamado casi a gritos para saludarme o hacerse la encontradiza. Yo siempre era seca pero correcta, y siempre tenía prisa, porque no me apetecía hablar con ella. Ay, nena, con lo que tú eres, pensaba yo, aunque en esos momentos tenía cosas más importantes en las que enfocar mi atención... Por una parte quería saber, por otra parte ya me daba igual lo que pasara en el pasado con alguien que me da asco. Pero no sé, me lo tomé como un juego en el que no tenía nada que perder. Más vale saber que averiguar. Y quise saber.

Esta semana he vuelto a encontrarme con esta persona, que ha vuelto a cruzarse media calle para saludarme. Y entonces dije: ahora. 

Mira, contigo quería yo hablar, que tengo una pregunta que hacerte. Ay, dime... ¿Tú estuviste liada con Gañán?

Tendríais que haberle visto la cara, porque se puso de todos los colores. A mí me faltaban las palomitas para disfrutar del espectáculo. Yo sólo quería saber qué decía, porque la respuesta ya la sabía.

Ay, no, no, no, si yo tenía pareja cuando... No, si él también tenía pareja, y era yo.  No, si yo sólo tomaba café con él y... No, si os tenía que durar los cafés medio día cada día, por lo visto. Ay, pero es que yo no... no... yo no... Bueno, ya me has contestado, porque mira que pensaba que en cuanto te viera, te lo tenía que preguntar y así salía de dudas.

Ay, si me dio hasta pena. Qué cadena de excusas absurdas empezó a decirme. Porque pasa una cosa: si alguien me hace a mí esa pregunta, la mando a tomar por el puto culo, que es lo normal, ¿no?

Lo curioso es que ella no tendrá nada que esconder, pero ahora la veo yo por la calle y se esconde de mí bajando la cabeza. Y eso tiene que ser la confirmación de mis sospechas.

Duda resuelta.

Lo dicho: en psicología esto se tiene que llamar de alguna forma :D

20.2.17

El universo sobre mí.

Me gusta ver nubes. No soy de las personas que imaginan figuras y buscan parecidos, sino que me gusta ver de qué clase son. Cirros, cumulonimbus... Las nubes se muestran ante mis ojos y yo intento recordar cómo se llamaban las de una clase o de otra. Simplemente me gusta verlas, me gusta descubrir dónde las nubes están descargando agua, saber cuáles son de aire y cuáles son de lluvia.

Me encanta ver los colores de las nubes al anochecer, porque toman unos colores que me fascinan y siempre me hacen recordar una escena de la novela de Heidi, que leí en mi infancia, en la que el abuelo le cuenta por qué las montañas cambian de color al ponerse el sol. Es una de esas cosas que, sin saber por qué, te dejan huella.

Me gusta ver amanecer, sobre todo en la playa, en donde puedo ver cómo aparece en el horizonte ese hilo de luz que recorre toda esa distancia sobre las olas hasta donde me encuentro. Son apenas dos segundos, pero me encanta contemplar ese momento.

También he descubierto los halos solares. El sol hace resplandecer las nubes a su alrededor, a veces formando algo parecido a una aureola sobre las nubes, como manchas de arco iris.

Eso si es de día.

Si es de noche, me gusta ver las estrellas. Ver la luna llena es bastante fácil, pero ver estrellas es otra cosa. Me gusta viajar de noche y echar la cabeza hacia atrás cuando voy detrás del conductor para poder ver, sobre todo si es por la meseta, los centenares de estrellas que se ocultan tras la contaminación lumínica. Contemplo constelaciones conocidas, como la Osa Mayor, y me prometo siempre indagar más sobre el resto, pero acabo dejando que mis ojos reposen sobre el cielo nocturno.

¿Y qué decís de las lluvias de estrellas? Es mi debilidad. Disfruto cuando veo una estrella fugaz, pero cuando hay lluvia de estrellas intento no perderme una. En la terraza, tumbada en el suelo, independientemente de la compañía, miro hacia arriba para ver cómo surcan el cielo sin ritmo y sin avisar.

Hubo un tiempo en el que me olvidé de todas estas cosas, que siempre están, y estarán, ahí. Pero las recuperé porque me hacen sentir bien. Soy pequeña comparada con semejantes cosas, pero me hacen sentir bien conmigo misma.

Ojalá pudiera contagiar esa sensación de sentir el universo sobre mí. Es bonita. Pero sólo sé explicarla con palabras.

Ps: Y porque no me ha pasado nada del otro mundo, pero si me llega a pasar algo bueno estaría más moñas aún :D

8.2.17

Un metro para las palabras

Hay un chiste muy viejo que trata de un autostopista al que le para un camionero. El autostopista, en un intento de ser amable, piensa en qué conversación puede tener con el camionero. Si habla de política, puede decirle que es de un partido, y si el otro es de otro, se enfada y le haría bajarse del camión. Si habla sobre fútbol, le dice que es de un equipo, el otro dice que es del rival, se enfada y le haría bajarse. Así que el hombre, en un suspiro, sólo decide decir un "Pues sí...", a lo que el camionero dice: "Pues no, así que ya te estás bajando".

Es un perfecto ejemplo de la gente que mide las palabras para no ofender, y del que quiere ofenderse digan lo que digan.

Yo me cansé de medir las palabras por ese miedo ridículo a que se enfadaran conmigo. No es que ahora vaya llamando cabrones a todo el mundo, pero vamos a dejarlo en que si digo una cosa, dicha queda. Y a quien le ofenda, es su problema, mío no. Una frase agradable dicha porque sí puede ser, por lo visto, megaofensiva, así que por qué voy a dejar de decir algo bonito sólo porque haya quien se ofenda, se trate o no del receptor. Por qué tengo que dejar de alabar a la gente que hace cosas buenas sólo porque haya quien pueda enfadarse si no las comparte.

Imaginad que alguien ha tenido un detalle con otra persona, seáis o no vosotros. Os lo cuentan y os dais cuenta de lo bonito que ha sido, útil, grande o divertido, y también está presente alguien que no sabe lo que es ser receptor de tal detalle. Como tampoco sabe lo que es un halago, en el momento que alguien comenta lo bonito del detalle empieza a sacar defectos. Si insistes, empieza a ponerse borde contigo. Y como ves que si sigues va a acabar enfadado contigo, ahora decido seguir halagando porque me importa más bien poco que se enfaden conmigo por semejante cosa personas así.

Luego está quien quiere someterte, digas lo que digas. Os cuento un secreto: con algunas personas que siempre acaban molestas con lo que diga ante ellos, he hecho más de una lista apuntando a priori lo que iba a decir y en lo que se iban a ofender. Y he acertado de lleno. Y les he enseñado la lista y adivinad qué han hecho... ¡ofenderse!

Así que la moraleja, además de estar en Madrid, es que si tienes miedo de decir las cosas es que eres un cobarde. Las cosas se dicen, sobre todo cuando son agradables. También cuando quieres decirlas. Quien se quiera ofender se va a ofender igual, porque aunque digas algo malo tmbién pueden creerse que lo dices por ellos.

Así que yo ya no mido las palabras, porque para qué.

Para qué.

24.1.17

El día que dije "te quiero" (Versión extendida, remasterizada y eliminada del director)

Hace unas semanas escribí uno de los posts más personales que haya escrito jamás.

Creo que fue el más personal de todos, en el que había puesto más intimidades sobre mí.

Bueno, en realidad fue el segundo más personal que había escrito, porque no hace mucho escribí otro que era mucho más personal, contando sin contar, hablando sin hablar, y diciendo sin decir. Ahí sí que dejé algo mucho más íntimo, personal y profundo que pocos saben y no voy a explicar.

Bueno, al lío.

En el post que eliminé contaba las veces que había decidido dejar salir de mis labios las dos mágicas palabras, y en qué situaciones, y ya que todos los receptores se rieron de mí en mi puta cara, por delante y por detrás, pues decidí compartirlo con el gran público y así nos reíamos todos. pero, oh, lo borré. Qué pena.

También contaba un secretillo, como el que una no es de piedra, ya sabéis, guiño, guiño, codazo, y como el que alguno me creía tan a sus pies y me trató tan mal, que ni sospechaba que yo acabé teniendo otra vida, que desconocía, con otra gente que me aportó muchas más "alegrías" que el susodicho en cuestión, aunque no me quisieran tanto en público como el oficial. Hubo con quien lo pasé muy mal (fatal, palabrita) pero esto es como la droja en el colacao, que de tó se sale, payo. Y lo bueno de decidirme a decir esas dos palabras era ver, sin lugar a dudas, qué era lo que tenía realmente con esa persona.

Nada. No había nada. Res. Nothing. Rien.

Pero tienes que tener un par de narices para decirlo sabiendo que te estás tirando sin red, sin paracaídas y de espaldas, a ciegas y con las manos atadas.

Bueno, pues yo lo hice.

Ahora es cuando debería empezar a contaros la cara de gilipollas que se me quedaba, y del tiempo que pasaba tras esas palabras que, en unidades de tiempo, empezaba por sonido de grillos, una bola de paja rodando como en el antiguo oeste, tres eones, terminar una ingeniería aeroespacial, tres oposiciones, y mis nietos aún estarían preguntándome que qué me contestó uno siquiera.

Pero decidí que no, que mejor todo ello quedaba para mí, porque no sé cuál de todas las ocasiones fue la más humillante, y total, para qué, no necesito que nadie más se ría de mí por estas cuestiones. Así que os vais a quedar con la duda. Muahahaha.

Pero una noche de borrachera con buena compañía acabé sacando todos esos esqueletos apolillados de la memoria. Fue un éxito total que no pienso repetir, por la cuenta y la resaca que me trajo, y porque sólo surgió y no hay que darle la importancia que no tiene.

Pero también contaba que llevo un tiempo en el que me han dicho más veces te quiero que en toda mi vida. Y no sólo me lo dicen, sino que además me lo demuestran siempre. Y no sólo es una persona la que me lo dice, sino que son varias. Y cómo no decirles también ese te quiero que sé que ellos sí que lo van a apreciar. Cómo no querer y demostrarlo a esta gente, grande, sincera... Cómo no decirles ese te quiero las veces que me apetezca, de forma espontánea, tan sincera y tan viva. No tenemos ni una gota de sangre en común y me alegro que la vida me enseñara que la gente es como los libros: no siempre es el mejor el que más te gusta.

Se ríen conmigo de mis anécdotas y me dicen, y me repiten, algo que ya sabía: que tengo mucha suerte por haber sido rechazada por toda esa gente. Me recuerdan lo mucho que valgo y lo grande que soy.

Así que como yo sólo fui otra chica más para todos aquellos que no apreciaron mis sentimientos y encima se rieron de ellos, pues nada, sólo fui otra chica. Pero qué chica.

Y como lo que yo piense no les importará tampoco a estas alturas, pues puedo decir que afortunadamente para mí, sólo fui otra chica. Pero qué chica.

Me hubiera perdido en relaciones falsas y tóxicas el mundo tan extraordinario que había, y hay, para descubrir...






Pero borré el post y os vais a quedar con las ganas de saber lo que puse.

Resumiendo: que sólo soy otra chica.

19.1.17

La bella durmiente.

Yo siempre digo que el mundo no es suficientemente grande. 

Da igual dónde vivas, en qué trabajes y a quién conozcas de la otra punta de España, puesto que la teoría de seis grados a veces sólo se trata de dos. Por ejemplo, os cuento un secreto: resulta que una amiga trabaja en un sitio muy catalán (por así decirlo) allá en tierras catalanas, y me contó que su jefa le pone los cuernos a su churri, al que yo también conozco por una de esas casualidades de la vida, con un compañero de trabajo. Hay fotos, son la comidilla de la empresa. Y me pregunto cómo me entero yo de esas cosas antes que él, que lo tiene todo más cerca... Bueno, él hizo lo mismo antes, pues ahora que tome de su medicina, y que sea el último en enterarse, quién soy yo para iluminarle...

Bueno, que eso, que el mundo no es tan grande.

Lo que iba a contar.

Resulta que en nochevieja, una de las más divertidas de mi vida, nos encontramos con una chica que iba de lo más borracha. Iba con unas amigas que la dejaron sola, imaginad en qué plan iba, aunque yo no sé qué clase de amigas son las que te dejan en ese estado, y no sé tampoco qué les hizo la otra para que la abandonaran. Lo que sí vi era el estado en el que se encontraba: era una especie de lapa babosa con todos los tíos más decentes presentes que, menos mal, tuvieron el conocimiento suficiente para rechazarla. Y ella se acercaba a otro, y tampoco. Bueno, pues acabó dormida espatarrada en una silla, junto a su chaqueta. Tuvimos el detalle de taparle con la chaqueta y dejar que durmiera un poco la mona, También estábamos pendientes de que nadie pudiera sobrepasarse con ella. Cuando se despertó la bella durmiente le preguntamos si quería que la acompañáramos a casa y ella, incapaz de balbucear nada, nos miraba como diciendo estas quieren robarme el alma, seguro. Se negaba. Le dijimos que llamábamos a la policía para que la llevara en casa, que no fuera sola, y también se negaba. Le dijimos que llamábamos a un taxi, y tampoco. Que la dejáramos en paz, empezó a gritar. Y yo, que no fui a la escuela diplomática le dije que a nosotras no nos gritara, que era una desagradecida, después de haber estado pendiente de ella, que llevaba enseñando las bragas toda la noche dormida en la silla. Bueno, casi literalmente huyó sola, dando bandazos por la calle. Pues ella misma.

Hoy: pleno centro de Valencia, con la de gente que hay en el mundo, he ido a arreglar unos papeles y en la cola alguien me ha preguntado algo. Al girarme me encuentro con la bella durmiente, que se ha quedado casi tan blanca como mis bragas de abuela. Y he hecho como que no me acordaba de ella y he vuelto a mis papelotes.

Os juro que le ha temblado la voz. Hasta le ha salido un gallo al hablar. 

Esa noche no hubo príncipe que se acercara a ella porque olía a vómito. 

Pero yo me lo pasé pipa :D




18.1.17

Soy yo.

A veces una versión mejora la original.

Gran letra.






Creo que ha llegado el final,
no hay más que decir,
me despido de ti...

7.1.17

Una vieja compañía.

Aunque hace tiempo que ya no estás conmigo sigo acordándome de ti, pero ya no te echo en falta.

No había sitio por el que me moviera donde no me acompañaras. Estuviste  conmigo en mis momentos más duros, en mis grandes momentos y compartimos los momentos más íntimos. Estuviste en mis noches de desvelo y en mis noches de fiesta. Estuviste en mis risas y estuviste en mis momentos de tedio y apatía. Simplemente estuviste ahí calmando nervios, alternando de mi mano, jugando a dibujar anillos en el aire.

Durante el tiempo en el que ya no te he tenido al lado me han pasado muchas cosas. Tantas, que no voy a empezar a enumerarlas. Y tú no has estado conmigo. Ha habido momentos en los que he estado a punto de ir a buscarte de tanto que te echaba de menos, pero por algún motivo no lo hice. Ha habido momentos en los que hubiera dado mi reino por tenerte de nuevo frente a mí y poder darte esos besos callados que tanto ansiaba, pero no me moví para buscarte. Ha habido momentos en los que he encontrado algo que me recordara que estuviste conmigo. Ha habido momentos en los que alguien me animaba a que si quería volver a estar contigo por una vez que no pasaba nada, y yo prefería seguir sin acercarme a ti, aunque te tuviera tan cerca. Con lo fácil que era volver a acercarme a ti... Y siempre acababa recordando que desde hace años ya no estás en mi vida ni formas parte de mí.

Ha costado, pero sigo sin ti. He tenido grandes momentos, otros momentos íntimos y vendrán más baches en la vida, y tú seguirás sin estar. O eso espero.

Ya no te necesito. Soy libre. Me siento libre. Puedo vivir perfectamente sin ti.

Te recuerdo, pero ya no te echo de menos.

Adiós, tabaco.

Adiós.

30.12.16

Las bragas rojas

Dicen que empezar el año con ropa interior roja da suerte.

Hortera es un rato, eso sí, y quien diga lo contrario es un hortera, salvo si tienes el cuerpo de la chavala del anuncio intimissimi, no fastidies. Así me la pondría hasta transparente. Lo que no dicen es cómo hacer que la suerte haga más efecto.

Nadie especifica si las bragas rojas hay que llevarlas sin depilar, en la cabeza, o por fuera del pantalón. O si hay que coger las de otra persona y olerlas, o hay que llevarlas hasta que se caigan de viejas.

Tampoco ha dicho nadie si había que comérselas, si hay que hacérselas a ganchillo o si hay que usarlas durante una semana entera sin ducharte.

Sea lo que sea como haya que llevarlas, yo este año, ni desde hace cien años, me las he puesto, porque ni creo en esas cosas, ni voy a creer.

Lo mismo todo pasa por no llevarlas en nochevieja.

A ver si va a ser por eso. Qué cabeza la mía, eso me pasa por no seguir las viejas costumbres. O lo mismo se me ha roto un espejo, vertido sal o he pasado por debajo de trescientas escaleras y yo sin darme cuenta. O me ha mirado un tuerto, cruzado un gato negro o tengo por algún lado algo con el número trece y sigo sin enterarme. O todo a la vez.

Sea lo que sea, ya pasó, así que vayamos a por lo importante.


Feliz año nuevo.

5.12.16

La caja

Tengo una caja de bombones de metal de lo más normal. En cambio, el contenido es lo que la hace especial para mí, y no porque contenga chocolatinas.

Dentro de esa caja guardo como oro en paño notas y postales que gente muy especial me escribió en su día. Es gente que está ahí siempre, y siempre tiene algo bonito que decirme, pase lo que pase. Y lo dejan por escrito de su puño y letra en postales que me mandan desde mil sitios. Postales que me hicieron reír, postales que me hicieron sonreír y postales que me emocionaron. Notas que me hicieron llorar a moco tendido y notas que me hicieron reír a carcajadas.

Una de las cosas más personales que tenemos es la letra, y en esa caja guardo escritas a mano momentos en los que alguien, en un momento dado, se acordó de mí. Y casualmente es gente que sigue ahí a pesar del tiempo o de la distancia.

Hoy añado a mi colección otra postal que me emociona hasta las lágrimas. Como diría quien la ha escrito, QUÉ BONITO, COÑO, QUÉ BONITO.

Pues eso. Que en la caja de bombones guardo notas y postales de gente que me quiere aún, a pesar de todo, y mucho.

Y cómo no corresponderles... :)

Qué moñas soy a veces, pero me alegro de que sean por cosas así :D


28.11.16

Estoy

Estoy en una época de la vida que escucho sólo a quien me apetece. Hay gente que confía en mí y me cuenta sus penitas, o me cuentan sus intimidades, y yo escucho atentamente porque me siento privilegiada por ser una persona elegida para tal muestra de confianza. Puedo dar consejos gratuitos, puedo dar mi modesta opinión, pero me siento halagada por tal detalle.

Estoy en una época de mi vida en la que sólo estoy haciendo lo que me apetece. No tengo miedo a hacer algunas cosas aunque sepa que no voy a sacar nada en claro, y no me da miedo decir otras porque sé que no tengo nada qué perder. O veo que hay resultados o que da sus frutos. La gente que quiera estar, estará, y la gente que quiera escuchar, escuchará. Y yo, que ya no tengo ni miedo que perder, digo lo que me apetece porque vivo en una época de mi vida en la que no tengo miedo a decir lo que pienso.

Estoy en una época de mi vida en la que hago cosas que sólo me imaginé hacer, que me embarco en cruceros amenos o en naufragios seguros pero que llenan mis días de actividades que me mantienen ocupada y productiva. 

Estoy en una época de mi vida en la que el día que no hago nada es un día perdido. Por eso hago, digo, escucho, hablo, sonrío, pienso y vivo.

Me siento viva.

Estoy viva.


26.11.16

Skype, ese gran invento.

Conversación por skype mientras hacemos la comida.

-Oye, me estás poniendo todo el culo en la pantalla.
-Esto lo soluciono enseguida.

Le pongo una botella de agua Bezoya frente a la cámara.

-Joder, prefiero el culo.
-Nada, eso te pasa por quejarte.

Me ha puesto frente a su cámara una cafetera.

-¿Vamos a estar así toda la comida?-pregunta.
-Si lo prefieres, te puedo poner ahora una botella de vino Arzuaga que me regalaron.
-Mejor que el agua, desde luego sí es.
-Venga.

Pues toma botella de vino.

¿Quién dijo que skype es aburrido?

22.11.16

Llueve.

Cuando camino por la calle y empieza a llover me gusta levantar la cara y notar esas primeras gotas sobre la piel.

Cuanto más fina es la lluvia es mejor la sensación. Durante unos segundos saboreo esos instantes en donde noto algo agradable, aunque después, según la intensidad de la lluvia, decida si seguir con mis rarezas o caminar junto algún edificio para resguardarme, si es más intensa y no llevo paraguas. .

Con las primeras gotas ves cómo la gente a veces cree que en vez de agua está lloviendo ácido corrosivo, lo que da lugar unas situaciones un tanto cómicas, como la que va con el paraguas al lado de la pared y tú, sin paraguas, le tienes que decir que hace bien en no mojarlo, no sea que se le encoja. El paraguas, quiero decir.

Parecerá una tontería, pero la lluvia siempre me recuerda a que limpia la atmósfera, el suelo, riega la tierra y las alcantarillas se llevan toda la suciedad. Poéticamente, quiero decir que hay cosas que me gusta pensar que la lluvia se las lleva, las arrastra lejos y despeja muchas cosas.

Hoy está lloviendo. La lluvia está limpiando la atmósfera, las calles, riega la tierra en jardines y campos, y yo pienso que también está limpiando algunas cosas de mi vida y regando otras.

También me gusta ver llover y ver cómo el agua del suelo se va, cómo se forman los charcos. Y cómo, al dejar de llover, me fijo cómo se van secando el suelo y esos charcos hasta que desaparecen.

Y tras la lluvia, el suelo se seca, la tierra se seca, y la vida sigue igual que antes de que lloviera.

Por todo eso me gusta la lluvia.

Salvo cuando llueve como se describe en la película Forest Gump: de abajo a arriba, de lado...

15.11.16

Lo que nos enseñó Groucho Marx

Yo tuve una amiga que me ofreció un aparentemente buen puesto de trabajo. Aparentemente tenía un buen sueldo, sector metal. Lo único que tuve seguro desde el principio era que estaba cerca de mi casa. Ese aparentemente buen trabajo, bien remunerado y cerca de casa resultó ser una mierda en la que pronto mi sueldo se convirtió casi en la mitad y cada vez tardaban más en pagarme, hasta que dejaron de hacerlo porque sí. Mi amiga, la mano derecha del jefe, no sólo era su secretaria. Huy, creo que no debería usar esa expresión, puesto que era la amante del jefe. No sabía que los demás nos dimos cuenta, y ella iba como si fuese la dueña de la empresa, y el jefe la dejaba hacer y deshacer a su antojo. Me fui por piernas, claro, pero antes me pagaron todo lo que me debían, cosas de sindicatos. Incluso la parte de sueldo no cobrado de los meses que se redujo mi nómina por arte de magia. Mi amiga dejó de ser mi amiga, por supuesto.


"Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna." Groucho Marx.

Otra vez una conocida empezó a salir con un chico que la invitaba a todo. Todo eran regalos, cenas, viajes, y ella no ponía un duro. Era felicísima viendo cómo el otro la agasajaba y la colmaba de dádivas. Cada vez que ella abría la boca el otro le compraba lo que señalara. Luego el otro hacía lo que le daba la gana, pero ella seguía a su lado aguantando lo que cayera. Sin él no podía tener ese ritmo de vida, esa cantidad de cosas, hacer tanto... Porque ella precisamente no era de las más trabajadoras y casualmente con él no necesitaba trabajar porque para qué, si él tenía un sueldazo que ella acababa disponiendo a su antojo.

"Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero. ¡Pero cuestan tanto!" Groucho Marx.

Mi primer amor, de entre todas las mujeres del mundo, eligió a la hermana de un alto cargo con muuuuuucha gente famosa entre sus círculos de trabajo y de amistad. Gracias a los contactos que hizo por ser su cuñadísimo, la empresa de su padre fue de viento en popa y él pudo conocer a esa gente importante y famosa con quienes codearse, hacer negocios y hacer amigos. 

Chico: Un coche y un chófer cuestan demasiado. He vendido mi coche. 
Groucho: ¡Qué tontería! En su lugar, yo hubiera vendido el chófer y me hubiera quedado con el coche. 

Chico: No puede ser. Necesito el chófer para que me lleve al trabajo por la mañana. 

Groucho: Pero, ¿cómo va a llevarle si no tiene coche?. 

Chico: No necesita llevarme. No tengo trabajo." 

(Sopa de ganso)

El chico del que hablé hace un par de posts se puso a salir con una chica que tenía un cargo directivo en una empresa, ganando una pasta gansa y gozando de un nivel social muy elevado, además de propiedades en varios puntos de España. Enumeraba la de cosas que ella le regalaba, le compraba, le invitaba... Parte de la casa de este elemento la amuebló incluso con el mobiliario que se retiró de la oficina en la que ella trabajaba porque habían comprado otro nuevo. Y aunque era alguien que no quería comprometerse con nadie, con ella cambió de opinión radicalmente. Me acuerdo que siempre comentaba que no le gustaba regalar, pero desde luego, aceptar regalos se le daba divinamente. Míos, de alguien, de ella, de cualquiera. Pero de ella, más aún, porque eran regalos que nadie llegaba a ese poder adquisitivo.


"¿Pagar la cuenta? Qué costumbre tan absurda." Groucho Marx.

Trabajé con gente con pareja que acabó liada (tanto hombres como mujeres) con sus respectivos encargados y jefes. Ante un recorte de personal, precisamente esta gente no fue la despedida. Daba igual el sitio, parece que eso funciona. Había un jefe de 1.55, canijo y feo, que se llevaba a las tías de calle. Pero si daba pena verlo...  Pero las afortunadas eran renovadas, los afortunados eran renovados, y los demás no lo éramos. No digo que todos los renovados hicieran algo con los encargados para que les renovaran, qué va. Había gente muy válida. Pero tambi´en la gente que se había liado con alguien de arriba.

"¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Le dejó mucho dinero su difunto marido? Conteste primero a la segunda pregunta." Groucho Marx.

O sea: que si gozas de una superioridad económica o laboral eres objeto de deseo y por eso la gente se fija más en ti y aguanta lo que sea, y eres perfecto, estupendo y no quieren soltarte.

"¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted." Groucho Marx. 

Pero oye, que la gente que hace esas cosas que se prostituya como quiera. son libres de hacerlo, y la diferencia está en el precio, en el status y en el beneficio que consigue, tanto económico, social o laboral que se adquiere a su lado. Eso sí, que luego no se quejen si le ponemos ese nombre a esas relaciones.


-Señorita, ¿se acostaría conmigo por un millón de dólares?

-¡Por un millón de dolares, por supuesto!

-¿Y por un dólar?

-¡Oiga! ¿Por quién me ha tomado?

-Eso quedó muy claro en la primera pregunta, ahora sólo negociamos el precio.




13.11.16

Frente a una taza de café.

Mientras remuevo mi café me viene a la cabeza una foto que puse en facebook.

Era un café en el que un camarero había hecho un corazón al poner la leche. Y tú sales reflejado en la cuchara. No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero tu imagen sale invertida en la parte convexa de la cucharilla. Yo sí me di cuenta, y esa foto no la puse sólo porque yo también me uní a la moda de fotografiar los cafés decorados, sino porque salías tú de una forma velada pero no tan pública como para que se te reconozca.

Mientras tomo café en los lugares en donde solíamos tomarnos uno me siento en los mismos sitios en donde te veía cuando llegaba, y contemplo la perspectiva que tenías cuando ocupabas uno u otro sitio. Veo a los camareros que nos atendían. La rutina forma parte de esa vida en la que tú ya no estás desde hace tiempo. Todos siguen haciendo exactamente lo mismo que antes de que desaparecieras. Todo parece igual, salvo que tú ya no estás.

Ya no vendrás a recogerme con el coche, ni me llevarás a algún sitio. No me ayudarás a bajar muebles de mi casa  ni compartiremos la última cerveza del frigo. Atrás han quedado enfados, risas, broncas, enfrentamientos y bromas que forman parte de nuestros recuerdos.

Aunque ya no me vas a preguntar qué quiero tomar, sigo pidiendo lo mismo siempre.

Me gusta ir a los sitios en donde solíamos coincidir, a los que solías ir, pero sólo porque estabas tú.

Nunca pensé que te iba a echar tanto de menos, pero lo cierto es que, aunque no nos lleváramos especialmente bien, noto muchísimo tu ausencia, hasta el punto de que me duele, y no exagero. Hice lo que pude, no lo apreciaste, pero saliste de mi vida como un caballero y un auténtico señor. Ahí me sorprendí gratamente. No todo el mundo decide irse así.

Voy a sitios en los que estuviste, en los que estuvimos, a los que me llevaste, de los que me hablaste, de los cuales siempre tenías alguna anécdota y en ellos no te veo. Viajo por España y recuerdo muchas veces algo que comentaste de algún sitio cuando paso, cuando llego, cuando estoy, pero no te sitúo en ningún lugar de todos ellos. En cambio, siempre te veo cuando miro mi taza de café en casa, o en una cafetería, da igual el sitio o la ciudad.

Supongo que el tiempo asentará todo, hará que tu ausencia sea más llevadera, pero tengo que reconocer que, desde que no estás, el café ya no me sabe igual.

9.11.16

Historia de un impresentable.

Hace poco más de tres años yo andaba enrollada con un chico. Lo conocí en una red social. Parecía lo que parecen todos cuando los conoces y es de las peores personas que he conocido nunca. 

Estaba ahorrando para comprarse un piso de nueva construcción, y me pedía asesoramiento con cada cosa que quería hacer, como si yo fuese una experta en la compra de pisos, y luego hacía él otra cosa completamente diferente. Es más: le aconsejé que prefiriera perder algo de dinero para optar a un piso mucho más barato porque estaban bajando los precios para quitarse esos pisos de encima. No me hizo caso, claro. Alguien compró el piso de al lado de su casa por la mitad de lo que él ha tenido que hipotecar. 

Una de las cosas que sí guardo con cariño fueron las largas noches conectados hablando por skype o por gtalk. Se nos hacía de día a veces sin enterarnos, así que acabamos poniéndonos una hora tope porque eso no era sano para ninguno de los dos. Pero se ve que cuando esta clase de gente te tiene muy segura empieza a pedir, a exigir y su careta de gente buena empieza a caerse tan lentamente que no te das cuenta. Era una especie de relación a distancia, pero que yo ni me planteaba un algo más y él tampoco hablaba de venirse, claro. Era algo que sabía que tendría fecha de caducidad, algo que se iba estropeando por cosas que no me gustaban, incluso veía que esa relación en realidad era una puta mierda desde el principio, que estaba pasándolo mal, que no me gustaba, que ya no había ilusión, que estaba siendo abandonada. Que no quería nada serio. Ya, no hacía falta que me lo dijera.

Es de las personas que os aseguro que aún doy gracias a los dioses que me dejara. Y resulta que  me dejó por alguien mucho más acorde a él, por supuesto: alguien con un buen e importante puesto de trabajo y un gran sueldo impensable para una mujer, con quien puede hacer muchas más cosas que conmigo, claro.

Esas chicas no son abandonadas, seguro.

Bueno, pues nada como tener ella  un buen puesto de trabajo y un buen sueldo para que ya sí que quieran tener novia estable, oye. 

Bueno, pues mientras yo seguí mi vida, él fue exhibiendo su suerte y su novia por todas partes. Cuando hablaba en el chat, incluso hablaba de lo fantásticamente bien que se lo pasaba con su novia delante de su exnovia, a la que yo no conocía. Incluso contaba detalles tan íntimos que yo pensaba que qué coño piensa esa gente que habla así de la persona con quien sale. Decía que no era guapa, que no tenía buen cuerpo, pero contaba las intimidades con ella como si estuviera relatando una película. No sé, será algún trauma de la adolescencia para que la gente vea que tiene una vida sexual. A saber lo que diría de mí, claro. Se creía el rey del mambo. Pero lleva mal el que no siguiera detrás de él. ¿No eras tan feliz? Pues ya está, te dejo en paz. 

Y eso tampoco lo quería él.

Durante un tiempo hubo un intercambio de correos intermitente entre él y yo. Qué tal, Eufrasia. Bien. Mira qué arañazo me he hecho (foto) Ah, pues ten cuidado. Me va bien en el curro. Me alegro. Y cosas así. Él seguía con ella, claro. Lo que yo no entendía era para qué me escribía si tan feliz era con esa chica. Presumía de dónde iban, dónde viajaban, las cosas que ella le regalaba... Vale, ¿y...? 

Igual que con otra gente he retomado contacto tras un tiempo, con él no quise. Un día me salió una invitación suya para chatear en gtalk y la rechacé. ¿Qué estaba haciendo? Acabó quejándose a amigos en común que no le hacía caso. Y acabó desapareciendo de las redes sociales, pero no por mí, no soy tan importante para nadie hasta el punto que hagan eso por mí.

A día de hoy veo en su facebook que tiene la misma foto que le pedí yo que se hiciera, con su camiseta negra. Es la misma foto. Fue una persona que jugaba con eso de que si te quito de facebook, ahora te pongo, ahora te añado, pero me enfado y te quito... y creo que soy lo suficientemente mayor para esas cosas. Fue una persona malvada, mucho, no voy a entrar en detalles. Pero vaya medio añito me dio, el muy... 

Da pena que haya gente que no sea lo que parece, y con él me alegro que no lo sea, porque engaña y mucho, y la gente que le rodea acaba viéndolo y dejándolo de lado. No tiene respeto por la privacidad, no la habrá tenido conmigo, pero bueno, no es el único que lo ha hecho. No sé ahora qué es de su vida pero es que hace tres años que dejó de importarme.

Que por qué me acuerdo de él... Porque me ha salido entre los contactos de hangouts al cambiar el chat. Y por él he decidido dejar de usar esa cuenta de correo para chatear, y abrirme otra. 

Una de las cosas que más gracia me hacía era cuando se enfadaba y me amenazaba con quitarme de fb. Pues quítame, le decía yo. El detalle es que él nunca estuvo en mi fb personal, sino en uno de los que uso para redes sociales. Y yo sí estuve en el suyo.

Bueno, pues todo eso para contaros que tengo G+, por si os interesa. Ya tengo cuatro :D Y él no está en ninguno :D

6.11.16

Con sólo una mirada.

Estás con uno de ésos amigos a los que no te da ya vergüenza contarle nada y que si te dice que ha atracado un banco le dices que si quiere dinero que te lo hubiera pedido. Es una de esas selectas personas en tu vida que está más o menos presente, pero esa afinidad y complicidad no desaparece a pesar del tiempo y de la distancia, o de ambas cosas.

Una de las sensaciones más fantásticas en la vida para mí es el momento en el que uno de esos mejores amigos y yo tenemos un momento absurdo que, con sólo una mirada, nos hace reír hasta las lágrimas. Es una conexión tan personal y tan especial que sólo la sientes con unas pocas personas . Cuando estamos en una situación neutra, anodina, rutinaria, y alguien dice algo de repente, y entonces sucede: vemos entre risas cómo al otro se le caen las lágrimas por la mayor chorrada de una u otra parte, da igual quién la haya dicho. Un momento tonto lo tengo con cualquiera, pero esos momentos precisamente no se pueden comparar con nada más que con esos momentos con estos mejores amigos. Reír hasta que duele la barriga. Una hilaridad absurda y cómplice. Y os juro que pasan los años y sigo teniendo el momento chorra sólo son ellos y con nadie más que con ellos. Es curioso, ¿no? Porque mira que a lo largo de los años conoces gente, pero no sé, es como si hubiera una parte de mí que excluye al resto de los mortales. Son momentos tan personales que si los compartiera con cualquiera perderían valor, creo yo. Y cuando las risas no nos deja hablar, llegando incluso a taparnos la cara con la mano, vencidos por las carcajadas, sólo nos reímos y disfrutamos del momento. Y te quedas como un san dios de lo a gusto que te ríes.

Porque a ver. Estos amigos lo saben todo de ti y a pesar de eso siguen queriéndote. Y mucho. Y formas parte de su vida, ellos de la tuya, te cuentan secretos, chismes y tontás, y tú les dejas hacer dándote cuenta de lo importante que tienes que ser para ellos para que te hagan partícipe de ciertas cosas tan personales que harían sonrojar al mismísimo diablo. Pero oye,  que esa afinidad hace que se solucionen los problemillas que puedan surgir, los malentendidos, los roces y cualquier cosa que pueda ofendernos. Y cuando tenemos claro que está todo solucionado, aquí no ha pasado nada, y seguimos como si tal cosa.

Pero ese momento en el que alguien dice algo aparentemente inocente y nos cruzamos una mirada significativa con alguna intención improvisada, o recordando la misma maldad, hace que aparezca la risa tonta a la vez. Y la risa se convierte en carcajadas sin poder parar. A veces soy yo la que suelta una frase que desencadena la tormenta, porque guasona puedo ser un rato. Ay, qué gusto reír así...

Encima pasan los días y recibo un mensaje, o pasa el tiempo y sale el tema, en el que alguien aún se acuerda que se partió de risa en ese preciso momento conmigo, llegando a volver a reír con ganas  recordando también esa sensación. Y me gusta porque veo que les pasa lo mismo que a mí, también lo notan.

Hay momentos muy bonitos en la vida, y este es uno de ellos para mí.

Y lo bonito también es seguir compartiéndolo con ellos desde hace tanto tiempo.

Ninguno de mis ex han sabido esto pero se habrían sentido excluídos. Algunos mucho, en especial cierto ex con uno ochenta y siete de cuerpazo pero relleno de serrín, corchopán y celos, muchos celos, que no entendía jamás qué podía hacerme tanta gracia para reír de ninguna manera. Hay gente que te llega muy dentro físicamente (pensad la burrada más grande que se os ocurra porque hay quien llega MUY dentro), pero estos amigos y yo llegamos a algo que no se tiene con cualquiera.

Los ex desaparecen, pero estos amigos reaparecen las veces que se tercien, y las que nos queden.

Y con sólo una mirada podemos desencadenar un momento inolvidable :D

27.10.16

Dibuja, pinta y colorea.

Una amiga se dejó un día la chaqueta en mi casa. No fue un día especialmente frío, pero vamos, que la tendría que echar de menos aunque yo no la avisara en su momento del hallazgo. Dijo que ya se la daría cuando nos viéramos, pero yo cada día le mandaba una foto de la chaqueta con cara triste y una frase a modo de bocadillo en la que le decía que la echaba de menos y que volviera, o una foto de la chaqueta con una cara con barba de varios días y un folio con dibujo de un muro como que apuntaba los días que pasaban sin que la recogiera. Una de las fotos, la que más me gustó, fue la de la chaqueta con unas gafas de sol y una gran sonrisa, y un dibujo atrás en el que se veía unas palmeras, una playa paradisíaca y chicas en bikini. Entre que yo estaba con una temporada mala y tonta en la que me dio por el humor absurdo (como siempre me ocurre en esas épocas) y que la creatividad se me disparó, mi amiga cuenta que se lo pasó bomba con las fotos.

Otro día, el hijo de un amigo se dejó su peluche en mi casa. Era un peluchito de esos pequeños. Bueno, pues allá fui yo con las fotos en donde con papel y colores convertí al osito en un pirata con parche y gorro. Y otro día era una sirenita, y otro día era un jugador del Valencia. El niño se olvidó del peluche, pero el padre anda que no se divirtió con las fotos también.

Y entonces llega mi sobrino con un compañero del cole y me pide que le ayude con trabajos en donde su maestro, que es un poquito especialito, no sólo les pide trabajos, sino quiere que sean lo más originales posibles. Y a mí, que se me da todo eso de maravilla y yo fui leyenda en el colegio por estas gilipolleces que no sirven de nada pero que gustan un montón, me puse manos a la obra a mirar en qué podíamos inspirarnos en hacer el trabajo sobre la prehistoria en cartulina. Porque como la cartulina tiene dos caras, quedamos en que en una iría el trabajo con cuatro imágenes tontas y en la otra iría una escena rupestre, como para ilustrar el trabajo. Los niños fueron los que hicieron lo que yo les dije, yo no hice nada más que dirigirlos. Nota máxima, claro.

Otro trabajo iba de la Comunidad Valenciana, en donde acabé diciéndoles que dibujaran en grande la efigie de un rey Jaime I con su casco. Otra nota máxima, por supuesto.

El amigo de mi sobrino le dice aún: "Cómo mola tu tía".

Pues claro que molo. Y por esas cosas tan simples haces que la gente se acuerde de ti pase el tiempo que pase. Pero es tan entretenido que creo que me divierte más el pensar en el resultado que en el efecto que causa al contemplar la obra... :D

25.10.16

Gente que vive al límite.

Todos conocemos a esta clase de gente que jamás tiene tiempo para quedar, salir, ir al cine, de cena o cualquier otro evento que no sea suyo, porque siempre tiene miles de cosas qué hacer o millones de personas quieren quedar con ellos al mismo tiempo que tú. Y casualmente jamás eres tú el elegido.

Luego te cuenta la de millones de cosas que hace, o que podría haber hecho, aunque luego acabe soltando un al final no salí porque estaba cansado. Cansado de esa frenética vida que no les deja tiempo ni para descansar, por lo visto. Y tan cansados están, que es una de las excusas que te ponen también para no salir. 

Da igual que te acuerdes de ellos para una comida, para una cena, para cualquier cosa que pudiera interesarle, porque hace tiempo que no los ves... Da igual. Siempre tienen algo más importante que hacer, y tú no eres ese algo. Además, te dicen un si cambian los planes, te aviso y quedamos, como si estuvieras deseando ser el segundo plato y te quedara la esperanza de que pierda unos instantes de su interesantísima vida en estar contigo. Quita, quita, no hace falta, ya nos veremos.

Pues pasa lo que siempre pasa, que dejas de avisarles porque total, si nunca va, si nunca viene, siempre tiene algo mejor qué hacer y jamás se apunta... Y sigues tu vida ya sin estar pendients de si les avisas o no, porque ya sabes la respuesta, que es la misma desde hace meses, de dos letras, y empieza por N y termina por O.

Entonces un día surge una cenita entre viejos amigos de la que te avisan de un día para otro y te apuntas enseguida porque será divertida. Y hacen un grupo de whatsapp en donde comentan a quién avisan y a quién no, y todos tenemos claro a quién no avisar, porque sabemos la respuesta. Y llega la cena, nos lo pasamos teta y en fb cuelgan fotos en las que salimos divertidos y relajados.

Adivinad, en este caso, quién resulta que sí que tenía un hueco libre en esa vida tan plena, en ese preciso día a esa hora exacta para haber venido y se ha enfadado por no haber sido avisado.

Si es que no tenemos vergüenza. Cómo se nos ha ocurrido...

23.10.16

Una mala persona.

Dicen que no hay muerto malo, pero hay muertos malos que en vida fueron malas personas. Malas personas, malos compañeros, malos jefes y malos amigos. Gente que no hizo ni un simple gesto para caer bien ni que le cogieran aprecio. Gente que prefirió tener gente atemorizada a su cargo que tener compañeros. Hay gente que no quiere, ni quiso, ni querrá, que la gente tenga un buen recuerdo de ella, y así se preocupan en demostrarlo cada día, con cada persona, salvo con la gente que ostente un cargo superior y que pueda causarle represalias y consecuencias.

Hay gente que no deja un buen recuerdo cuando coincides con ella, ni como persona, ni como compañero, ni como jefe, ni como superior, ni como hombre ni como mujer. Es gente que con cada frase intenta demostrar que eres un vulgar ser ignorante a su servicio, que todo cuando digas es porque no eres digno ni de seguir viviendo, y que cuanto hagas o digas será siempre reprochado y menospreciado por tal persona.

A medida que conoces a otra gente en común, ves que esta persona es así con todo el mundo. Humilla, desprecia, menosprecia y desprestigia a todo cuanto pase por su lado mientras ostenta un cargo o puesto que poca gente pueda plantarle cara, salvo los semejantes, sin miedo a represalias, por lo que se rodea de gente a la que humillar, despreciar, menospreciar y desprestigiar para sentirse mejor porque los iguales ni aguantan a tal persona ni toleran sus comportamientos despóticos, totalitarios y malvados.

Pero esta clase de gente se olvida de que también son simples mortales como los demás, que sangran si se cortan y enferman igual que la chusma que le rodea. Y como son de esta manera, se han ganado tanto desprecio, tanta adversión y tanto odio, que cuando les pasa algo realmente malo hay muy poca gente que se apiade de ellas, aunque las malas personas son las que se alegran de ello. Que ellos se olvidan que también son humanos, y que como humanos, puedan pasarles cosas malas y pasarlo mal. Pero una mala persona, por muy mal que lo pase, no deja de ser mala persona. Sólo pasa a ser una mala persona que lo está pasando mal.

Y cuando mueren te das cuenta que sí hay muerto malo, que suele ser gente que ha sido mala en la vida y que hay muy poca gente que se apiade de tan temprano final. Que es muy triste y patético que cuelguen una especie de panegírico cutre en la que se trate de alabar y justificar a tal persona, sus actos y sus maneras. En donde se intenta amortiguar sus frases hirientes, sus menosprecios y sus ninguneos a sus semejantes.

Porque tiene que ser muy triste que te mueras y que no haya apenas nadie que se entristezca por ti, y que alguien, en un intento desesperado de peloteo tardío o para quedar bien ante a saber quién, acabe escribiendo un artículo en el que intente justificar su carácter cuando nadie -repito, nadie que yo conozca- sienta la más mínima compasión por su muerte.

Lo siento por su hijo, sólo por él. Pero tiene que ser muy triste que, con toda la gente con la que se ha rodeado y con la que ha  trabajado, sólo su hijo le eche realmente de menos.

19.10.16

Paquito

Paquito era amigo de sus amigos, amigo de sus amigas, el centro de la fiesta, alegre, simpático... Paquito pesaba como cien kilos con diecisiete años, pero qué más daba, porque Paco era diversión, risas, bromas... Era todo un figura, se quedaba con la gente por donde iba, hacía amigos por donde aparecía, y nadie, nadie, le podía hacer sombra.

Creo que pocas veces he conocido a alguien tan divertido como él.

Pues pasó lo que a veces pasa: que la gente da el estirón y adelgaza. Y Paquito casi se quedó sólo en la P de su nombre porque adelgazó tanto que se quedó hecho un figurín. Y no es que fuera especialmente guapo, pero desde luego su físico mejoró considerablemente, y entonces ocurrió lo que a veces también pasa cuando alguien adelgaza mucho: que se lo creyó. Y mucho.  No estaba mal, repito, pero es que él estaba seguro de que era una estrella del cine, el hombre de moda, por lo que dejó de ser ese amigo risueño y alegre para creerse caminar cada día sobre una pasarela, y pensar que todas y cada una de las féminas que pisaban la tierra suspiraban por sus huesitos. A mí ya me daba palo hasta saludarle porque alguna vez me hacía algún gesto muy americano y peliculero para saludar que me daba entre grima y sarpullido.

Y como le pasa a la gente que no pilla cacho, cuando lo pillan se creen el centro del universo, dejando de lado amigos, ambientes y círculos, porque también creyó que... bueno, realmente no sé que creyó, pero sí que sé que se lo creyó tanto que dejó de hablarse con todo el mundo y se fue con sus nuevos amigos y amigas, más dignos de su nuevo físico. Ya no era Paquito, ni Paco, ahora era Francesc, mucho más apropiado para su entorno, su imagen y su nueva personalidad.

Pasó el tiempo y cuando nos hemos vuelto a cruzar había absoluta indiferencia por mi parte, sólo con la duda de qué le lleva a la gente ese cambio de comportamiento. Bueno, realmente sé la respuesta: que realmente no era una verdadera amistad.  Él, por supuesto, no me decía nada. Yo dejé de ser digna para él hacía años. Po fale. Creo que en estos años he demostrado que he podido superar tal trauma.

Y resulta que el tiempo sigue pasando y he vuelto a coincidir con él. Fue hace poco en un bar. Oigo que me llaman por mi nombre y me giro para ver a un Paquito de doscientos kilos que me decía casi sin respirar lo estupendísima que me veía, que no había pasado el tiempo por mí y que a ver si nos tomábamos algo. Era todo sonrisa y amabilidad. Pero yo ya no lo reconocía, estaba ante un absoluto extraño con el que no tienes ni por qué hablar. Sólo acerté a decir que estaba bien, y que ya nos veríamos en otra ocasión.

¿Para qué me saluda tantos años después? ¿Por qué lo hace cuando no sólo ha perdido la línea, sino que parece que la ha asustado?

Hay gente que se cree algo, lo que sea, y piensa que lo va a tener eternamente, y por eso saca su verdadera personalidad, cuando se creen superiores, mejores o más que los demás.

Y menudos zascas mete a veces la vida... Uf... hasta retumba y todo si andas cerca.




17.10.16

Ahá.

Recuerdo que una vez, en una cena, di con un pesao. Fue tan pesado que yo miraba suplicante a los que me rodeaban para que alguien me rescatara. El pesao seguía hablando, hablando y hablando de cosas tan infumables para mí que, agotada, me levanté y me fui de golpe, sin una disculpa siquiera, ni una excusa ni nada. Simplemente desaparecí.

Creo que nunca he sido tan explícita para demostrarle a alguien que no lo aguantaba. Bueno, sí: cuando le he dicho a alguien que me aburre siempre contando lo mismo.

Y es que a ver qué haces cuando la gente te cuenta cosas que te ha contado mil veces, o que te está molestando, o que simplemente te agobia. Ser sutil y cambiar de tema no siempre funciona, pero hay gente con la que ya no me apetece ser ni sutil ni diplomática, y a veces peco de borde. Y lo notan, pero siguen con su monólogo de sus problemas o de temas que no me importan, que me aburren y que repiten desde el principio de los tiempos.

¿Cuánto tiempo puedo estar aguantando ese monólogo? Depende del día, pero sé que suele ser poco. Ronda entre cinco segundos y cinco minutos, por lo que a veces me levanto y me voy. Las otras veces corto cambiando de tema. Pero es que cómo puedo ser más suave a la hora de cortar a esta gente.

Y pasa algo: que a esta gente yo no les cuento nada, porque como sólo importa lo que ellos cuentan y lo que les pasa a ellos, pues qué más les da lo que yo vaya a decir. Así que cuando escucho por millonésima vez lo mismo, sus dramas, sus proezas, mientras paso esos segundos decidiendo si cambio de tema o me piro, pienso en lo miserables que somos los demás mortales por no hacer las mismas heroicidades que hacen ellos, o que somos unos mindundis por no ser capaces de aguantar lo que aguantan ellos, que han tenido que luchar contra viento y marea, mientras los demás vivimos en el país de la piruleta.

No se conocen, pero son iguales, exactamente iguales. Yo no sé qué comen, pero es que hacen lo mismo: aburrirme.

Y a mí me aburre la gente que me aburre, por lo que prefiero perder mi tiempo en otras cosas tan poco productivas, pero me gusta elegir yo en qué malgastar mi tiempo.

Pero da igual. La próxima vez que los vea seguirán haciendo lo mismo.

Y por qué yo, me pregunto. Por qué. Argh.

11.10.16

Los hombres que no quieren a las mujeres

Son innumerables las parejas idílicas que  son objeto de admiración por parte de los demás. Tanto él como ella parecen perfectos, forman una unión tan sólida y tan firme que no parece que nada ni nadie pueda romperla. Ella es objeto de envidia sana por parte de las demás debido a que es agasajada por su churri con regalos, detalles, muestras de amor incondicional y público...

...hasta que el amor desaparece por parte de ellos. Por el motivo que sea.

Y hoy voy a hablar de esos hombres que no es que no quieren a estas mujeres, sino que creo que jamás las quisieron. Salvo para aparentar, utilizarlas o no estar solos.

Ya comenté hace unos posts el caso de un mierda (porque otro nombre no podría darle) que abandonó a su chica cuando es diagnosticada de cáncer, alegando que es que no sabía cómo iba a afrontar la enfermedad y necesitaba tiempo. Este ser despreciable e impresentable dejó de aparecer en la vida de la muchacha. Y mejor, porque demostró no tener sangre, ni corazón, ni empatía.

Luego están los que no sólo engañan o dejan, sino que encima que ellas tienen que aguantar insultos, calumnias y numeritos en público. Pero, ¿no fueron ellos los que dieron la relación por terminada?  ¿No fueron ellos los que las abandonaron? Pues no tienen bastante, porque parece que hay que machacar a la otra persona. Plan el perro del hortelano, no la quiero, pero nadie la va a querer tampoco, y ellos creen que se encargan de que así sea.

Pero ¿qué hacemos con los que no sólo demuestran que no las quieren, sino que no se van y se dedican a hacerles la vida imposible hasta machacarlas?

Tengo una vieja compañera de clase que me contaba resignada cómo su matrimonio se fue al garete de repente. Su marido, atento, amabilísimo y solícito, se convirtió en un ogro que no dudaba en desprestigiarla e insultarla públicamente, en poner a sus hijos en su contra, en romper la casa que tenían que compartir debido a la custodia de los niños, sino que, además, dejó de pagar la hipoteca para que fuera ella la que lo tuviera que hacer. Y ella, ante la imposibilidad de hacer frente a toda la hipoteca, veía cómo el banco buitreaba sobre su piso. Y me confirmó llorando que le iban a embargar la vivienda. Yo pregunté por qué no hablaba con el banco para una dación en pago, y ella contestó que él le había dicho que no firmaba, que quería que se jodiera, y que así iba a estar pillada de por vida. Me quedé helada. Y es que encima  se lo decía alguien que iba a estar también pillado de por vida, pero que prefería eso con tal de verla a ella metida en tal marrón. Y verla sufrir. Y no le importaban ni sus hijos. Hasta el banco intervino para que él cediera, pero ni por ésas.

Yo no sé cómo hay gente así, de verdad. Esta gente no quiere a nadie, no pueden ser más falsos antes y más malvados después.

Porque hay gente que parece que disfruta ensañándose con su ex-pareja. ¿No habías dicho que ya no la querías? Pues coño, déjala vivir tranquila.

 Vaya gentuza.

A mí tampoco me quieren, pero no me quieren de esa manera. Y casi puedo decir aliviada que menos mal.





10.10.16

Fuegos artificiales

Anoche estuve viendo de madrugada en el cauce del Río Turia, los fuegos artificiales con motivo de la celebración del día de la Comunidad Valenciana. Fueron todo un espectáculo de ruido y colores, sobre todo, colores, que iluminaron la noche entre el regocijo de los allí presentes.

Y entre todas esas personas estaba yo mirando al cielo como una niña pequeña, disfrutando de lo que estaba presenciando. Mientras todos sacaban sus móviles y sus cámaras para inmortalizarlo, yo seguí con las manos en los bolsillos, mirando hacia arriba con media sonrisa intentando disfrutar de cada petardo, de cada figura, de cada color... No quería perderme un segundo de lo que estaba viendo, no tenía por qué perder tiempo de mi vida en grabar unos momentos que me estaban resultando tan bonitos viéndolos in situ. Me recordó a cuando no hace mucho estuve en Cataluña y presencié el espectáculo de unos castellers. Todo el mundo grababa lo que hacían esos hombres, mujeres y niños, en vez de admirar el espectáculo en sí. Porque hay cosas que hay que disfrutarlas, verlas y recordarlas. Ya habrán otras cosas y otras ocasiones, o más ocasiones, para fotografiar o grabar el evento, pero en esos precisos momentos no vi la necesidad de hacerlo.

Mientras los fuegos artificiales mostraban los colores de la senyera, palmeras doradas y corazones y estrellas, me divertía viendo cómo el público gritaba un oooooh con cada cosa. Veía a la gente disfrutar, y yo me sentía a gusto contemplando el cielo y a mi alrededor.

Lo que me ha llamado la atención es que durante ese tiempo que duraron los fuegos artificiales me sentí bien, despreocupada.  Mi mente, que siempre está llena de cosas, de recuerdos, que no para ni descansa, ayer sufrió un descanso durante esos minutos. Y me sentí bien, disfruté, estuve en paz conmigo misma. Y me di cuenta de que estaba sonriendo mientras.

Hay momentos agradables que te encuentras sin esperarlos, que si los cuentas rompes la magia del momento, porque lo mismo la gente cuando te escucha no lo entiende, ni entiende qué tiene de especial. Pues yo tuve uno y quiero dejar constancia de él en el blog. No cuento todo lo que pasa, ni lo que me pasa, ni mis tristezas ni todo lo que me está ocurriendo, pero cuando releo lo que escribo me gusta encontrarme con momentos agradables que quise inmortalizar aquí, porque me sentí bien en ese momento. Y lo bueno de anoche es que me sentí bien y esos segundos de felicidad y diversión no dependían de terceras personas. Simplemente ocurrió.

Así que cuando veáis un castillo de fuegos artificiales, una falla quemándose, unos castellers, o un artista callejero, lo que sea que os llame la atención, sólo disfrutad del espectáculo y dejad vuestras preocupaciones de lado, que seguirán estando cuando terminen esos minutos. Pero si dejáis escapar esos minutos, no sabéis lo que os perdéis. Porque la belleza está en los ojos que miran.


27.9.16

De zanahorias, un huevo y café.

Érase una vez la hija de un viejo hortelano que se quejaba constantemente sobre su vida y sobre lo difícil que le resultaba ir avanzando. Estaba cansada de luchar y no tenía ganas de nada; cuando un problema se solucionaba otro nuevo aparecía y eso le hacía resignarse y sentirse vencida.

El hortelano le pidió a su hija que se acercara a la cocina de su cabaña y que tomara asiento. Después, llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Cuando el agua comenzó a hervir colocó en un recipiente una zanahoria, en otro un huevo y en el último vertió unos granos de café. Los dejó hervir sin decir palabra mientras su hija esperaba impacientemente sin comprender qué era lo que su padre hacía. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café.

Miró a su hija y le dijo: "¿Qué ves?”. "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Le quitó la cáscara y observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su dulce aroma. Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, papá?"

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café, sin embargo, era único; después de estar en agua hirviendo, había cambiado el agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, te has vuelto dura y rígida? Por fuera eres igual pero, ¿cómo te has transformado por dentro? ¿O eres como el café? El café cambia el agua, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. Y tú, ¿Cuál de los tres eres?”

Gran historia que me ha impactado. Me ha encantado. Y, sobretodo, me ha enseñado algo.

La encontré aquí: https://lamenteesmaravillosa.com/la-zanahoria-el-huevo-y-el-cafe/

Os recomiendo esta web.

21.9.16

Sube a por el bocata.

Hace años (uf, ahora me da un perezón buscarlo...) hablé de los nombres de los niños. Recuerdo que comenté que ahora la gente está obsesionada por singularizar los nombres  de sus hijos. Y empecé a numerar nombres extraños que en Sudamérica hicieron historia. También comenté que aquí en España antes se singularizaba a sus hijos con nombres del santoral del día. Hoy, por ejemplo, es san Mateo, pero ayer fue san Eustaquio, y el día 28 será san Wenceslao. Y no conozco a ningún niño que se llame Wenceslao, pronunciando la W como una B. Y me hace ilu.

Bueno, pues tras los nombres extranjeros escritos de cualquier manera (no sabéis de cuántas formas se puede escribir Jennifer), tras los nombres de seres mitológicos, de dioses griegos, de personajes literarios, ahora llegan los nombres de personajes de series. El gusto es como el culo, todos tenemos uno, y algunos son demasiado llamativos. Y no para bien.

Se supone que los nombres te sugieren algo, o alguien. Cuántos niños se llamarán Hugo por Hugo Silva (los padres de estos niños pintan menos a la hora de elegir el nombre que Marichalar para elegir el nombre de los suyos). Cuántas niñas se llamarán María a secas tras la tradición de combinar ese nombre con otro, el oficial. Pero cuántos padres habrán elegido nombres extraños que tendrán que estar deletreando durante años y se quejarán de que la gente no sabe escribirlo. Cuántos hijos tendrán que deletrear su nombre durante años para decir que la H de su nombre no va ahí. O que esa C es una K. O que lleva H, o no la lleva. Ya ninguno se llama Agapito, como el abuelo. O Agustina, como la abuela. O Gertrudis, como la tía. Si ahora ante un grupo de niños llamas a Alejandro, Pablo, Ainhoa (o Ahinoa, o Ainoha), Andrea y Carla, vienen todos los niños. Y así no se diferencian tampoco. Inspiración, señores. Inspiración.

Ya puestos, podemos echarle un ojito a los emperadores romanos, con nombres gloriosos que han pasado a la historia por diversas cosas, pero bueno, que creo que no conozco a ningún niño que se llame así tampoco.

Empezamos...

Podemos usar nombres que reflejen el comportamiento de los niños, como Quieto, Ingenuo, Geta, Constante, Cómodo, Tácito, Alejandro Severo, Severo a secas, o Claudio el Gótico.

Podemos usar nombres que reflejen su modestia, como Constantino el Grande, Magno Máximo, Petronio Máximo, Pupieno Máximo, o simplemente decir que es el puto amo: Máximo. Sin segundo nombre ni ná, porque no le hace falta.

Podemos sugerir en nuestro catálogo más nombres de emperadores romanos: Volusiano, Pacatiano, Trajano, Vespasiano, Numeriano, Valentiniano, Regaliano, Rómulo Augústulo (pobre, es que encima son los dos), Nepociano, Mayoriano, Leliano, Jotapiano (qué a gusto se quedarían sus padres),  Gordiano, Diocleciano, o Diadumediano. Advertimos que tuvieron que pasarlo muy mal en el cole por las rimas de sus nombres. 

Mención especial y pésame a quien se llamara Próculo. También indicaría que sus padres no lo querían, y era un niño no deseado.

Eso sí, nadie se atrevería a toser a niños llamados Nerón o Calígula. Vamos, ni sus padres.

Sería un espectáculo en el parque escuchar un Herenio Etrusco, ven a merendar. O un Julio Nepote (con risas de fondo entre otros niños), sube a por el bocata.

Claro que estar en clase, que pasen lista y escuchar un  Domicio Domiciano haría que volvieran a pensar en una rima. Y también cuando escucharan un Clodio Albino.

Así que podrían elegir nombres más normales como Víctor, Julio, César, Claudio, Augusto o Marco Aurelio.

Pero no me digáis que ante Silbanaco no os viene a la cabeza tócate el sobaco.

Para finalizar el post, encontraremos un nombre bastante común: Constantino.

Y también estáis pensando en la rima, pillines.




19.9.16

Un poquito de ketchup.

Sabéis que hay amigos más exquisitos que otros. De hecho, muy pocos son exquisitos porque sean así. Hay algunos que su exquisitura es sólo cuando va de invitado a casa ajena o cuando es otro el que paga la cena, por ejemplo. Son sibaritas por cuenta ajena. Son amantes de la buena cocina cuando es otro el que guisa. Les apetece delicatessen cuando es otro el que las paga. Pero cuando les toca ser a ellos los anfitriones... ah, amigo...

Recuerdo que una vez andaba yo tonteando con un chico. Que si jijí, que si jajá. Tonterías, ya sabéis. Un día vino a mi casa a comer y acabó eligiendo el menú que yo preparé sólo porque a veces dejo que elijan qué quieren ese día. Pero pasó una cosa que hizo que me bajara la libido de golpe. No sé si notásteis el temblor, supongo que sí, pero no sabríais el motivo. Pues fue al entrar a su casa. Resulta que habíamos quedado, que yo pasaría por su casa mientras él se cambiaba. En cuanto entré en su casa se me fue toda la atracción que sentía hacia él. La casa no es que estuviese sucia, es que no se había dignado en arreglarla un poco siquiera. No se había molestado, sabiendo que yo iba, en adecentarla un poco. Las cosas se amontonaban en cualquier rincón. Y me sentí mal. Sencillamente, porque no había perdido ni un segundo de su vida en preparar mi llegada. La cosa no llegó a nada.

Otra vez invité a una pareja amiga. A ella la conocía desde que éramos unas crías, y mi chico y yo éramos los anfitriones. ¿Qué queréis cenar? Entrecôt, dijo su marido. Joder, el colega, no pide ni ná. Pues ale, entrecôt para el nene. Una mesa más que decente, con vino, copas y tal, y se presentaron sin nada. Bueno, pensé, no todo el mundo cae en esas cosas. Pero pasó una cosa. Que fuimos nosotros los invitados. Y fuimos a su casa con el postre, para ver que íbamos a cenar en la cocina porque el comedor no lo usaban, sólo para las grandes ocasiones (sic) y veo horrorizada cómo abre una bandeja de pyrex mientras enseña unos tristes trozos de lomo y tocino más resecos que una momia y alega que es que se los ha hecho su madre, y que como están un poco secos se les pone un poquito de ketchup y listos. No volví a querer quedar a cenar con ellos porque me pareció lamentable que me sacaran carne reseca que encima habría hecho su madre para ellos, y así se ahorraban una cena. Y que por mi virgensita en la que no creo, no vuelvo a quedar con ellos.

¿Y qué pasa cuando tienes invitados en casa? Sabéis que lo normal es preguntar qué quieren comer, desayunar, qué les gusta y tal... Pues el día que fui de invitada a casa de alguien por una vez me veo que era otro que tampoco se había molestado en perder tiempo de su vida en comprar nada para desayunar porque total, si vamos a desayunar fuera. ¿Seguro? Tienes poderes y lo sabes ya. Lo mismo tendríamos horarios diferentes a cuando viene a mi casa, o no comes lo mismo. Porque en mi casa te pones como un cerdo y veo que en la tuya no desayunas tan bien. Pues bueno. Ya dejó claro muchas cosas. Una de ellas era que era otra persona que tampoco se había molestado en  preparar mi llegada.

¿Y cuando vas de comida familiar? Ah, eso es divertido. Casualmente siempre hay alguien que le apetece una zarzuela, un arroz con bogavante o una mariscada cuando son los padres o suegros los que pagan. Pero cuando vas a con ellos de cena y hay que pagar a escote se piden paella o un plato combinado. Mierdosos, eso es lo que sois.

Mi amiga la viuda de España, por ejemplo, era de las que te llamaban y te decían Oye, que voy a comer a tu casa porque sí, porque quería, porque lo que sea. Bueno, pues a veces yo ya tenía la comida hecha, otras  tenía las cosas preparadas para hacer la comida, y otras veces le preguntaba si le apetecía algo. Pero... ¿y qué pasó cuando iba a su casa? No había día que no me sacara tuppers con restos y sobras de comida. No había día que no comiera algo que ya llevaba días hecho o congelado. Me pareció tan mísero que no quise volver a ir a comer a su casa porque era otra persona que le gustaba mucho ser invitada. Y mucho. Y por lo visto, si no tratas bien a tus invitados pues no querrán volver. Y vaya, que lo consiguen. Pero tiene cierto efecto secundario, y es que tampoco quieres tenerlos de invitados.

Cuando me dicen que podríamos quedar a cenar siempre digo un sí, claro. Creo que me han calado, pero insisten por si cuela. Y va a ser que no. Jiji.

¿Y cuando te vas de cañas? Tengo que comprarme un cronómetro para ver el tiempo que tardan algunos en sacar la cartera. Es más, algunos tardan tanto que podría sacarme la carrera aeroespacial mientras. Y yo, que si no puedo no quiero irme de cañas, pero si puedo no me pierdo una, me doy cuenta de que hay gente que tiene más morro que sed de cerveza, puesto que siempre acaban escaqueándose de pagar. Los que nos dimos cuenta acordamos poner un fondo e ir tirando de él, así no hay nadie que ratonee. No alimento cirrosis ajenas igual que tampoco me gustaba alimentar cánceres ajenos regalando tabaco.

Pues eso.

Con lo bonito que es compartir una buena cena entre amigos, tanto hecha en casa como si es fuera. O compartir un desayuno variado. O tomarte unas cañas y acabar diciendo que ya vas pedo y que ya no te cabe otra. Pero hay gente que prefiere gorronear e ir de jeta en vez de disfrutar de esos momentos con los amigos. Pues será que realmente no los considera amigos, porque a los amigos se les trata lo mejor posible y te tratan de la mejor forma posible.

¿Sabéis una cosa? Pues que no saben lo que se pierden.

16.9.16

Elige tu propia avent... digooo... excusa.

Llevamos unos amigos y yo un tiempo recopilando las diversas excusas que nos ponen para no hacer algo con nosotros. Desde salir, a viajar, a ir a comer, o ir a comprar. Algunas son tan vergonzosas que me pregunto si realmente se dan cuenta de lo infantil de sus palabras, de lo ridículas que son. Hay una frase que me gusta mucho, y es que si quieres conocer a una persona, no hay nada mejor que escuchar lo que dice.

Y algunos dicen lo siguiente:

Alguien quiere organizar una cena con varios amigos.
-Huy, yo es que estoy muy liado, tendría que mirar cuándo me vendría bien...
Tú eres un flipao y un fantasma, y además vamos a quedar sin tenerte en cuenta.

Alguien quiere quedar con otro alguien que no para de decirle en mensajes de fb que a ver cuándo quedan.
-Ay, es que resulta que tengo que acompañar a mi madre/hermano/suegra a [ponga aquí un sitio]
A este alguien le gusta el postureo y anda que no se le nota...

Gente a la que le dices que si le hace una cervecita.
-Huy, es que me pillas muy cansado.
-Es que es muy tarde.
-Es que no me he duchado.
-Es que ir allá ahora...

Gente que te pide que le eches una mano en algo y al final se decide por la ayuda de otra persona.
-Es que tiene una mano... Vamos, lo ha dejado perfecto.
O sea, que cuando ha visto que cree que alguien puede hacer algo mejor que tú, adiocito.

Cuando se descuelgan de una cena (por ejemplo)
-Es que se me hinchan las piernas.
Es un aviso de que estamos entrando en la vejez, sólo que con unos treinta años de antelación.

Cuando rompen una relación.
-He conocido a otra persona (cruel, pero sincero, aunque normalmente lo dicen cuando ya han puesto los cuernos) (ya he hablado de los que necesitan tener siempre a alguien)
-Yo no iba en serio (cruel y sinvergüenza)
-Ah, ¿pero salíamos juntos? (gilipollas e impresentable)

Cuando rompen algo que es tuyo.
-Pero si estaba muy viejo
-Mira, cuando lo vi ya estaba así
Falta la excusa del perro.

Cuando se descuelgan de un viaje.
-Es que no me gusta la gente que va.
No es por nada, pero yo iba. Gracias por la parte que me toca.

Cuando alguien no ha querido venir a mi casa.
-Es que está muy lejos.
No, perdona. Lejos está el estrecho de Bering. Pero pasa una cosa: el que no viene, no se tiene que ir :->

Cuando pillas a alguien en una mentira.
-Que me muera ahora mismo si miento.
Pero es que la gente no se muere si lo dice, y lo sabe.

Cuando no contestan una llamada o un mensaje en todo un día.
-Es que no tenía batería.
Ya. Ni guitarra eléctrica.

Cuando pillan a alguien siendo infiel.
-Esto no es lo que parece (un clásico)
-Es que se me echó encima (y te arrancó la ropa)
-Ha sido una debilidad (y no la de Antonio Machín)
-Ha sido la primera vez (que te han pillado, querrás decir)

 Cuando llegan más tarde de lo que deben del trabajo y es porque te están engañando
-Uf, qué día, es que no he parado, todo el día pam-pam-pam-pam... (mucha onomatopeya para contar nada)
-El jefe, que me ha metido un marrón a última hora... (¿seguro que era un marrón?)
-Mira, que me he tenido que ir con un cliente de cena, y luego de copas... (claro que sí)
-Me he quedado sin batería y no podía llamarte (excusa repetitiva)

Por último, una mención especial. Una pareja que salen juntos desde hace tiempo, y a ella le diagnostican cáncer.
-Mira, es que cáncer es una palabra muy seria. Necesito tiempo para pensar cómo afrontar la enfermedad, porque me va a resultar muy duro. Te llamaré.
De eso hace tres años, y ella aún no ha sabido nada de él.

Así que realmente una excusa es una falta de interés.

Pues no hagáis perder el tiempo de la gente, que seguro que tiene cosas mejores que hacer que estar pendientes de quienes no tienen interés ninguno en mantener su amistad o su relación.

Pero ¿sabéis? Que esas mismas excusas las pueden utilizar contra vosotros.

Y entonces, pica, ¿eh?



12.9.16

Comedia en tres actos

Acto I

Dos chicas, no las conocéis, a las que llamaremos Eufrasia (por ejemplo) y Chica2, están en una cena en casa de Chica2 a la que van unos amigos que Eufrasia no tiene el gusto de conocer. Uno de los amigos, un apuesto, alto y guapísimo varón es el encargado de amenizar el lado derecho de la cena de Eufrasia, que sonríe atontada ante tal visión.

Comentario sotto voce en los postres entre Eufrasia y Chica2:
-Válgame, cómo está tu amigo.
-Es gay.
-Aham...

Se cierra el telón.

Acto II

Dos amigos, no los conocéis tampoco. A la muchacha la llamaremos Eufrasia, y al chico Chico1. Son amigos desde hace tiempo, y él vive fuera. Cuando vuelve por Valencia quedan a comer, a cenar o a lo que surja, por lo que esta vez quedan para cenar. A falta de tiempo, Chico1 comenta que ha quedado también con Chico2, porque no le daría tiempo a ver a sus amigos. A ella le parece bien. En cuando Chico2 hace acto de presencia en el restaurante en donde cenaron quedó prendada por tal belleza masculina, por ese dios griego de barba morena. En el café, Eufrasia y Chico1 se quedaron solos mientras el otro iba al baño.
-Chico2 está buscando piso, porque se va a vivir con su novio.
-Aham...

Se cierra el telón.

Acto III

Tren, hora de ir a trabajar. A la misma hora siempre son los mismos, las mismas caras de sueño, los mismos buenos días. Hay un buenos días diferente, el de un hombretón alto y guapetón que hasta sonríe a nuestra protagonista a la que llamaremos, por ejemplo, Eufrasia. Y ella piensa en que es un hombretón alto y guapetón al que no le importaría darle los buenos días de otra manera.

Una tarde estaban Eufrasia y una amiga, a la que llamaremos Amiga1, en un bar en el que son habituales. Y, de repente, como aparición divina, entra ese dios griego, ese hombretón alto y guapetón. Eufrasia, disimuladamente, le comenta a su amiga que le parece interesante. Amiga1 comenta que el muchacho le está mirando, pero Eufrasia comenta que es como siempre, y ahí se queda. Chin-chin.
-Tía, estás cañón, ¿y no te entra? ¡A ver si es gay!
-Pues no me extrañaría...

Bueno, pues no lo es. NO LO ES. Duda resuelta.

Se cierra el telón.


Epílogo: Hay que saber reírse de una misma. Es de lo más liberador. Y a veces se dan circunstancias de lo más divertidas.

7.9.16

Sobre depredadores emocionales

¿Quiénes son los más apetitosos para un depredador humano? Curiosamente son personas bondadosas, generosas, optimistas, vitalistas, con fuerza espiritual... ¿Por qué? Porque son características que el depredador humano no ha tenido, y que anhela y envidia. Pero en lugar de manifestarse claramente lo hace de un modo represivo.

(...)Ellos lo buscan, no como compensación a sus vidas, sino para aspirarles aquello que envidian.





Como he estado buscando respuestas a muchas cosas de mi vida, a veces encuentro joyas como esta, que descubrí anoche. Me siento TAN identificada con lo que dicen, que ahora me siento hasta importante.

Era envidia. Lo hacen por envidia. Qué triste, ¿no?

Pues lo consiguieron, me hundieron, porque he dado con cada uno de ellos. Bravo, pueden ir a contarlo entre risas a sus amigos, o a sus compañeros de trabajo. Pero ahora me siento importante, porque me envidian. Y me envidiarán siempre. Por eso se fijaron en mí, porque yo soy algo que ellos no son. Y soy algo bueno.

Porque tengo, y seguiré teniendo, muchas cosas buenas que ellos jamás tendrán.

:)