8.10.20

Y a otra cosa.

 Llevaba un tiempo ilusionada con alguien. 

Yo creía que la cosa iba bien. Luego pensaba que no. Luego pensaba que sí. Otra vez pensaba que no. Y como estoy de un rancio para qué, pues lo dejé estar y resulta que oye, que sí era lo que parecía pero cuando yo ya estoy dispuesta a involucrarme más de lo que tenía pensado tras tanta insistencia... es que no le apetecía complicarse la vida ni compromiso de ningún tipo. Ah. Ahora no. Interesante.

Bueno, pues llegó una nueva concursante a nuestro programa.

Yo tengo claro que no pienso mover un dedo por absolutamente nadie que no muestre interés por mí, y yo di un paso atrás dejando espacio, aire y distancia porque yo ya estaba convencida de que la cosa no  iba nada bien.

Y así era.

Lo bueno es que, bueno, los sentimientos son los que son, y no es fácil olvidarte así como así de quien te has ilusionado. Pero bueno, la verdad es que me he ilusionado tantas veces por alguien, que otra vez más tampoco me supone un drama, ni un trauma. Sólo que esa persona tampoco era para mí. Sí, ese tipo de personas en las que parece que me fijo, que cuando aparece otra mujer con dinero o buena posición, de repente no existe nadie más para ellos y oye, con ellas sí que quieren algo estable, serio y formal.

Es bonito el sentimiento, ha sido algo agradable pero he perdido el interés por completo, como si te estuvieras divirtiendo mucho en algún sitio y de repente algo te corta el rollo. Pues por el estilo. Y menos mal que ni me he pillado por él, ni mucho menos enamorado. De todas formas, no es agradable que te hagan sentir como un pasatiempo.

Así que vuelvo a recoger esos trocitos de corazón que se me han roto pero que podré reparar sin problemas. Vuelvo a dejar la mirada perdida durante unos segundos, vuelvo a apretar los labios en un gesto de orgullo y vuelvo a suspirar detrás de un tabique de nuevo.

Pero entonces levanto la cabeza, doy dos palmadas y me digo: "venga".

A otra cosa.

Que yo tengo muchas cosas pendientes por hacer y realizar, y mi tiempo no se detiene.

4.8.20

El reflejo

A lo largo de los años en los que he escrito en este nuestro blog he escrito muchas cosas personales, pero he escrito aún más cosas completamente tergiversadas para que nadie conocido, si leyera lo que escribo, pudiera reconocer hechos, personas, lugares o sucesos. Camuflo en ciertos posts, creo que de forma bastante efectiva, lo que hace la gente para que jamás nadie se pudiera ver reflejado en mis historias en el caso de que diera con este pequeño universo paralelo.

Basado en hechos reales, pero contado de otra manera, vamos.

Bueno, pues por lo que sea, hay gente que está completamente convencida de que hago las cosas exclusiva y únicamente por ellas. Ya sea para molestarlas o para observarlas, creen que el propósito de mi vida es estar pendiente de ellas. Supongo que, no sé, quieren creer que tienen público, acosadores o fans, por lo que están seguros de que si escribo algo, hago, digo, voy o callo, lo hago por ellos. Con dos cojones.

Es fascinante las ganas de existir que tienen algunas personas. Que me dan igual, todo sea dicho. No tengo ningún interés siquiera en que me dirijan la palabra, ni que me miren. Llevo muchos años sin ellas, llevo una vida bastante placentera sin ellas, tengo muchos planes para el futuro y estas personas no están. No existen. Pero nada, que tienen ganas de estar ahí, dando por el culo, incordiando, molestando, indagando y creyendo que me levanto todos los días por las mañanas pensando en qué hacer para cabrearles, imitarles o hacerme ver. Que no tengo ningún interés en sus personas, oigan. Pues nada. Que quieren seguir a diferentes distancias, unas veces los tengo a tiro de piedra y otras noto cómo casi me están oliendo el pelo. Y lo gracioso es que soy yo la que acosa. La que imita. La que va donde ellos están. La que un día les va a mandar al peo.

PERO A VER. Si se sienten tan solos y quieren mi compañía... ¿no se dan cuenta de que yo no quiero? Que se busquen un amigo, adopten un perro, que se apunten a clases de natación, no sé. Seguro que conocerán a alguien, pero vivir pensando que yo estoy tan pendiente de ellos es... como muy narcisista. No: es que es narcisista. Egocentrismo puro.

Ay, no sé qué me ven los psicópatas para atraerlos. Porque vaya imán que tengo con esta gente. No sé qué les doy. Y, cuando por fin se van, vuelven. Argh.

Esto que he escrito no lo he tergiversado. Es real. No creo que lean blogs y, si los leen, no creo que lean el mío. Pero creo que he camuflado todo muy bien para que no se sientan reconocidos. Y, si se ven reflejados, entonces es que han visto su reflejo.


23.6.20

El retorno a la normalidad

Holabuenasquétal.

Parece que ya volvemos a la rutina rutinaria de la que nos quejábamos antes. Eso sí, ahora con mascarilla y geles que no son de placer ni de sabores (o yo, por lo menos no he querido probarlos). Y nada, que ahora estamos más desinfectados que antes porque la naturaleza nos ha llamado guarros.

Lo de la distancia social lo llevo bastante bien. A mí, que no me gusta que me toque la gente salvo quien yo quiero que me toque, me gusta el que ya no quieran darte golpecitos en el brazo al hablarte. Lo llevo estupendamente, además de que parece que hay quien cree que soy yo quien tiene la peste por la forma en que ahora mantienen las distancias. Y de puta madre, oiga. Estoy por maquillarme pústulas para que me eviten más aún.

Lo de los besos lo llevo muy bien también. Sólo a los más y muy allegados, y no a todos, pero correré el riesgo para que los míos me contagien de algo, o ser yo quien les infecte, pero me ahorro de dar muchos besos a gente que puedo prescindir de besar porque si antes lo hacía por compromiso al saludarles ahora me viene de miedo para quitarnos esa absurda costumbre de babarnos la cara con cualquiera por compromiso. La manita, como mucho, y luego una buena dosis de gel o de agua y jabón porque yo no sé qué se ha rascado antes de tocarme mi mano, que soy un poquito asquerosita y esto ha hecho que me lave las manos un millón de veces más de las que me las lavaba antes.

Lo de las visitas es un poco absurdo. Viene gente con mascarilla que no se quita en todo momento, que se ha lavado las manos al entrar, que se sienta casi al final del pasillo para que no les contagie algo y que, antes de irse, vuelve a lavarse las manos por si mi casa está también infectada de viruses varios. Y los miras pensando en qué gilipollas que son, si ellos pueden traer a mi casa sus mierdas también. Pero bueno, la estupidez humana es así de fascinante.

Y esta nueva normalidad es muy rara, extraña, absurda, pero necesaria. Ya no das besos a cualquiera, ni te tocan tampoco por si acaso, quien no se fía de ti ya no se acerca mucho y tampoco viene mucho a tu casa, así que puedo decir que me gusta esta nueva situación. Distanciamiento social con los que no eran imprescindibles en tu vida, y con los que sí, cervezas, risas, cuidado, abrazos, besos y compañía.

Que hay que tener cuidado, pero no ser unos exagerados. Por nosotros, por los demás, por los nuestros, pero no por los agonías, que esos se alejan solos.

Y nosotros salimos ganando.

Ale, a cuidarse.

13.5.20

Que nunca dejen de verlo.

Son innumerables las veces que, con tal de agradar a alguien, nos hemos arreglado, vestido, preparado, ido, vuelto... Hemos hecho mil cosas con el propósito de conseguir que esa persona, esas personas, aprueben nuestro esfuerzo y el tiempo que hemos invertido en ellas.

Y somos gilipollas.

Dadles flores a un cerdo, que se las come, si no las ha pisado antes o hecho caca encima. Pues lo mismo. Que somos mayorines, coño, que a ciertas alturas de vida -cada uno a una altura de su vida, también es verdad- aprendemos que la miel no está hecha para la boca del asno y no todo el mundo al que le dedicamos nuestro tiempo se merece ese esfuerzo y, mucho menos, nuestro valioso tiempo.

Bueno, pues quiero hablar de la gente que sí que se lo merece.

Uf, a mí ya me da fatiguita esa gente que quiere ser el centro de atención, que se le hace poco lo que le das, o que quiere más porque lo que le das es insuficiente para su persona o no le gusta. Por eso, cuando detecto que está sucediendo -cada vez antes y en tiempo récord-, lo que hago es coger mi bolso y pirarme porque prefiero perder mi tiempo en otras cosas.

En cambio, hay gente con la que me siento el centro de atención. Todo se les hace poco, me merezco eso y más. Cuando abro la boca, y si no la abro, pues se las ingenian para tenerme presente a cada momento. Y es una sensación tan bonita el tener amigos así con los que se te hace poco todo lo que les das y notas que es recíproco... Es tan bonito compartir viajes, comidas, conciertos y experiencias... Te hacen partícipes de sus alegrías y de sus vidas en las que te involucran. Aún recuerdo cuando, no hace tanto, me convertí en la dama de honor en dos bodas diferentes, ayudando a las novias a vestirse y todo... Me hicieron sentirme querida gente a la que adoro. Y el tiempo ha pasado, la familia aumentado, y sigo siendo parte de la vida de amigos con los que siempre tendré un vínculo muy especial y que no podría agradecerles nunca el cariño que me han dado y lo querida que me siento. Y eso no lo puedo decir con mucha gente mucho más cercana.

Que estamos en una época difícil en la que, de momento, no nos vamos a ver en persona, ni reunir para cenar, ni irnos de viaje o concierto como antes, pero ahí estamos siempre, tras un mensaje, una llamada, un audio, una foto o un correo, para decirnos que pensamos unos en los otros y que estaremos bien si de nosotros depende. Una visita furtiva para encontrarnos en un supermercado o una parada de treinta segundos para dejarme algo en la puerta de casa y avisan para que baje a recoger lo que me traen. Que ya vendrán mejores días en los que nos podamos reunir de nuevo y darnos besos y abrazos, pasear, comernos un helado frente al mar, o saltar mientras gritamos a pleno pulmón una canción en un concierto, o caminar de noche junto a la orilla del mar tras cenar en la arena. Bañarnos desnudos en el mar. Hacer la estrella en la toalla por la tarde. Esperarlos en la estación. O ser ellos los que me esperen a mí. Y ver esos brazos abiertos que me reciben siempre con una gran sonrisa.

Antes pensaba que no sabía qué veían en mí. Ahora, en cambio, pienso que ven cómo soy realmente. Y que les gusta lo que hay.

Deseo, y espero, que nunca dejen de verlo.

Por los buenos amigos.

Salud.

10.4.20

"El gobierno, todo mal"

Estamos viviendo algo que ha pasado a formar parte de la historia. 

Es una época en la que el gobierno que tenemos, afortunadamente el mejor para estos tiempos, ha hecho un despliegue dentro de sus capacidades, para afrontar esta crisis de la mejor manera que saben. ¿Mejorable? Por supuesto. Pero con competencias sanitarias cedidas a las CCAA, algunas habiendo medio privatizado la sanidad, con falta de material sanitario, culpan al gobierno de sus carencias, como si en una semana, un mes, se pudiera reponer lo que se ha recortado en años. SI aciertan, son ellos. Si fallan, el gobierno. No hay nada más que ver la indignación con la que el ejército se encontraba cadáveres de ancianos en residencias y la gente culpaba al gobierno. Residencias, por si lo desconocéis, de gestión privada y/o religiosas, en las competencias cedidas a CCAA, en las que en algunas, las dulces monjitas que allí "trabajaban" con la tercera edad salieron por piernas dejando a trabajadores y residentes abandonados junto a cadáveres. Pero claro, el gobierno, todo mal. 

Aprueban ayudas a toda clase de habitantes: desempleados, afectados por erte, autónomos (que cuándo un autónomo ha recibido una ayuda en este país), hablan de una renta básica... Y todo es insuficiente. Lo que más me fascina es la cantidad de expertos en economía que se dedican a decir que el gobierno todo mal cuando ha llegado algo que sobrepasa a cualquier gobierno. Hasta Holanda, Reino Unido o EEUU, que prácticamente pensaban que con ellos no iba y España era una pringada, se están cagando encima porque han visto que, cuando entra ese puto virus en un país, es incontrolable y tiene consecuencias devastadoras a todos los niveles. Y estos expertos en economía son como el viejo que, apoyado en la valla de una obra, le dice al que trabaja que eso está desviado, que le eche más arena, o que él lo haría mejor. Pero el gobierno, todo mal.

Una de las cosas que también ha resultado afectada ha sido la educación. Los escolares, universitarios, los estudiantes en general, han visto cómo han suspendido las clases de forma definitiva este curso escolar. Pero la educación, no. Los profesores, desde casa, mandan apuntes, deberes y trabajos a escolares. Los padres tienen que ayudar a sus hijos en muchas ocasiones, con el consiguiente esfuerzo que supone. Pero no van a dejar a sus hijos perder el curso por ello, ¿no? Muchos no disponen de dispositivos electrónicos en casa y, tal vez, ni siquiera wifi en casa. Así que, en un despliegue sin precedentes, veo cómo, por lo menos en la Comunitat Valenciana, la Generalitat se ha preocupado en llamar a cada estudiante para conocer sus limitaciones de conectividad, si no disponen de wifi o de dispositivos, por lo que están dando tarjetas sim y tablets a quienes no tienen. Una gran medida social que hay que agradecer a un gobierno valenciano que apoya al gobierno español ante una pandemia sin precedentes.

Esos padres que tienen que ayudar a sus hijos se quejan de la cantidad de cosas que tienen que hacer. A ver, oiga, esas cosas las hacía su hijo en clase, y parte en casa, pero ahora tienen que compensar la ausencia de clases con otra cosa. Hay quien hace clase online, hay quien sólo se maneja con apuntes y hay quien ve vídeos educativos que la maestra les ha dicho que vean. Y tal vez el problema está en que antes dejaban la educación escolar de sus hijos en manos de los maestros y no se preocupaban de si hacían más o menos deberes, y ahora ven aterrorizados que, encima que tienen que soportar una pandemia, tienen que bregar con los deberes de sus hijos. O que tienen que compartir su tablet u ordenador entre varios, si teletrabaja y tienen deberes al mismo tiempo. Pues mire, oiga, todos estamos en plena pandemia y tenemos que llevarlo lo mejor posible. Y si no se preocupa por sus propios hijos, no creo que se preocupe mucho por mí, así que queda hasta ridículo que se quejen de que tengan que ayudar, o estar, con sus propios hijos haciendo tareas escolares. ¿Que son muchas? Sí, pero son necesarias y temporales. Esto que estamos viviendo supone una nueva adaptación que hay que afrontar. Sí, tomando una cerveza en el bar con los amigos se está de fábula, pero que estamos hablando de sus propios hijos, de los que se quejan tanto. Pero el curso está a punto de terminar, vamos, no querrán que sus hijos pierdan todo el curso por un par de meses que queda para terminar. ¿O la culpa de eso también la tendría el gobierno?

Y es cuando empiezan a atacar a los profesores, que están en sus casas. Yo no soy profesora, pero es que me fascina cuando lo dicen. ¿En sus casas? ¿Que dónde tienen que estar en plena pandemia con los colegios, institutos y universidades vacíos? Pues en sus casas, preparando todo el material del que te quejas. Preparando esos vídeos que tienen que ver, subiendo esos apuntes que tienen que estudiar o corrigiendo las cosas que vuestros hijos les envían. Pero claro, están en casa. Y ese mensaje cala hondo. "Están en casa". Y por muy bien que estemos llevando esta pandemia en nuestra casa, ninguno estamos así por gusto. Pero claro, como el gobierno todo mal pues...

Y con la pandemia han venido problemas de paro, problemas de sanidad saturada, aunque parece que empieza a notarse una mejoría gracias al confinamiento. Ya veremos qué sucede cuando empiecen a levantarse las restricciones. También, todo sea dicho, que la inmensa mayoría del país lleva esto bastante bien. Higiene extrema, pocas salidas a la calle salvo para compras imprescindibles, excepto los cuatro descerebrados que existen en toda sociedad que se precie y que hacen un Boris Johnson y piensa que son inmunes. O los cuatro impresentables que cogen el coche y se van su segunda residencia a pasar el confinamiento, a veces, a cientos de kilómetros de su casa.

Yo tengo claro que estamos con el mejor gobierno que podríamos tener en estos momentos, porque con los otros estaríamos en la pura mierda, tanto a nivel sanitario como educativo, como social, laboral y a tantos niveles que no quiero pensar hasta qué nivel de miseria llegaríamos a llegar estar. Pero que mucho peor que ahora, desde luego.

Así que cuidáos, tened paciencia. Y que, dentro de lo malo, no estamos viviendo refugiados en una cueva en las montañas o viviendo a la intemperie. Estamos en nuestras casas, con todo o lo poco que tengamos, pero en casa. Durmiendo en una cama, viendo o no la tele, con una ducha y un váter. Y con conexión a internet, así que incomunicados, no estamos. Y estar entretenidos también es importante.

Y hoy, viernes santo, toca ver la película que hay que ver todos los años en un día tan especial:


La vida de Brian.


Disfrutadla como lo hago yo.




9.4.20

El imán.

Dicen que la vida es un espejo y que atraes lo que eres.

Pues como esa frase me la tomé como mandamiento en mi vida, cuando se acerca algo o alguien que no me conviene o me hace sentir mal, enseguida pienso que una mierda soy eso que se planta delante de mis narices, que yo no soy eso, ni así, por lo que lo ignoro y hago todo lo posible para que se me plante delante otra cosa y que sí me guste. Porque yo ya, lo que tengo clarísimo, es lo que no quiero y lo que no soy.

Vale, ya ha pasado mi momento de hablar de mí, coño, que parece que el blog es mío. Que sí, que a unos les caeré fatal, otros me querrán mucho y para la inmensa mayoría de los siete mil millones de habitantes en el planeta no soy absolutamente nadie. Perro vamos a dar la vuelta a la tortilla... ¿Qué pasa con esa gente que deja de existir para nosotros?

Eso es una cosa en la que he pensado alguna vez. Hay amistades, relaciones, compañeros, que se desgastan, que se alejan, que sólo están con nosotros una etapa de nuestra vida, porque hay gente que sólo está de paso. Pero hay gente a la que evitamos, de la que no queremos saber absolutamente nada. Esa gente era el espejo en el que no nos gusta reflejarnos porque ni de coña somos así. Es gente que no aporta absolutamente nada bueno a nuestras vidas. Y es gente que no queremos que esté en nuestra vida. ¿Por qué? Hay muchas razones, pero la más importante es porque nos maltrataron, y es un verbo que puede tener muchas interpretaciones. Demasiadas.

Y pienso, primero, en qué clase de placer obtendrán en ser tan malas personas. No sé, tendrán algún trauma, o complejo, o alguna filia tan rara como ellos, porque no me explico el nivel de hijoputismo que pueden llegar a tener, nivel psicopatía.

También pienso en qué ganan con ello. Si la gente les da de lado, por qué insisten en ese comportamiento mezquino y falso. Ya sabemos que son mala gente, pero... ¿tanto les compensa? ¿Pierden tiempo de su vida en hacer infelices a los demás? ¿Para qué? Y eso hace volver al punto anterior. Inmadurez. Miedo. Inferioridad. Miseria.

Y luego está en por qué no quieren comprender que hace tiempo se quedaron fuera de nuestras vidas. Y no volverán a ellas. Primero, porque ya nos preocupamos nosotros de rechazar a gente así, ya tuvimos suficiente y, segundo, porque no todos intentan de nuevo acercarse. Unos por cobardía, otros por falsedad, pero los que vuelven no han cambiado su manera de ser, siguen siendo los mismos que tiempo atrás se comportaron de manera tan miserable, y tampoco nos van a devolver el precioso tiempo que les dedicamos y que podríamos haberlo gastado en contar confetti.

Tiene que ser muy lamentable y triste que no les queramos ni ver por lo bajo que han caído, por las personas tan odiosas y vomitivas que son. Y no quieren darse cuenta, pero no es nuestro problema. Y no ven que no son nada realmente. Pero saben que perdieron algo que tenían y no lo van a recuperar. Cada uno de ellos actuará de una forma diferente para justificarse, para convencerse que no han hecho nada malo. Pero es cierto que las personas que estén a su alrededor tienen que ser muy infelices.

Por que ellos reparten lo que son: mierda.



23.3.20

Contigo mismo

En estos días tan poco comunes como peligrosos, debemos confinarnos en casa y tener todo el cuidado del mundo para intentar no infectarnos ni contagiar a nadie. Ahora es cuando podría criticar a los que arrasan supermercados pensando que se acaba el mundo, los que salen por la calle como si a ellos no les afectara el estado de alarma y a los que compran guantes y mascarillas dejando a los que sí las necesitan sin existencias.

Salir a trabajar, con la que está cayendo, no tiene que ser agradable para nadie, y los que trabajan relacionándose con pacientes y con público en general corren más riesgo que los que están sólo compartiendo oficina, por muy pequeña que sea.

Y cuando estás en casa, ya sea porque vienes de trabajar, o porque estás en casa durante todo el día, piensas en qué puedes hacer para entretenerte, si no puedes salir. Y aquí está el problema para mucha gente. Que no sabe qué hacer.

Me da pena la gente que no sabe en qué ocupar su tiempo. ¿No tienen ninguna afición? ¿Sólo esperan recibir estímulos externos? ¿El mundo gira a su alrededor, en torno a ellos? ¿Culpan a la situación de que se aburren? ¿No son capaces de coger un lápiz, un libro o un destornillador y hacer algo útil y/o entretenido con ellos?

Pues hay gente que dice que no.

Y es triste.

Es triste porque vemos que no les gusta hacer nada. Nada es de su agrado, nada les interesa, no tienen curiosidad por nada. Salvo estar por internet y/o visualizando series o películas, poco o nada les atrae. Ni muestran interés en intentar llenar su tiempo, estos días que hemos pasado y los que nos esperan, de forma entretenida. Culpan a la situación de que les hace perder el tiempo, como si a los demás nos encantara no salir de casa salvo para comprar o trabajar. Se quejan a los demás de que no saben qué hacer, como si esperaran que los demás siguieran dándoles ideas o sugerencias, porque nada les parece bien ni lo suficientemente interesante. Y claro, si nadie es capaz de darte la idea adecuada, preocúpate tú de averiguarlo y deja a los demás tranquilos con tu indignación.

Nos esperan días que pueden parecer interminables, pero hay que llenar nuestro tiempo con algo que nos haga más llevadera la espera. Es una época en la que podemos encontrarnos con nosotros mismos, ver de qué estamos hechos. Si estás solo/a, mejor aún. Si no es así, no estés siempre encima de los demás, date y dales espacio. Pero esto puede ser una oportunidad para saber de qué estamos hechos, qué somos cuando no tenemos estímulos externos, cuando nos quitan la rutina de la que nos quejábamos y nos imponen una rutina peor que tenemos que respetar por el bien común.

Llenemos nuestro tiempo de cosas que nos interesen, sea lo que sea. Cuando pase el tiempo recordaremos estos días y tenemos que pensar que los aprovechamos para hacer cosas que nos dejaron buenos recuerdos y satisfacción. Dejemos de depender de los demás o de lo que hay fuera de la puerta de casa para sentirnos bien. Busquemos, en la curiosidad a veces podemos encontrar la respuesta.

Busquemos y encontrémonos. Hablemos con los nuestros, sí, no perdamos el contacto, pero trabajemos con nuestro interior, con lo que nos guste y descubramos otras cosas que nos pueda gustar. Y que, cuando se lo contemos a nuestros nietos, quede como algo curioso, no como una  pesadilla en la que sólo se queje uno de que no podía salir o que se aburría. Lamentos que, por lo que vemos a nuestro alrededor, resultan bastante patéticos.

Así que coged un trozo de tela, un papel o un libro, lo que se os ocurra, y trabajad vuestra curiosidad con lo que os guste. Van a ser muchos días y hay que mantenerse ocupado y entretenido.

Y pobre del que no lo haga.

12.2.20

Alcanzando el horizonte

Yo creo que no hay nadie en el mundo que no desee algo.

Aunque el objeto de deseo pueda cambiar en cantidad, forma y motivo a lo largo de los años, todos, repito, todos, tenemos algo con qué soñar, qué desear, qué ambicionar, qué buscar. Siempre tiene que estar el motivo delante de nosotros, como la zanahoria frente al caballo, que nos vaya guiando, dirigiendo, que nos anime a seguir mientras avanzamos yendo al alcance de nuestro objeto de deseo, sea visible o no. Sencillamente, que nos sirva de estrella polar para tenerlo como referencia y guiarnos hasta nuestro deseo más ansiado.

Porque aunque nos cueste llegar o alcanzar lo que tanto deseamos, sí puede ser grato y placentero el camino que nos lleva a él. Vivir experiencias, probar cosas, conocer gente, descubrir, experimentar, comparar, sorprendernos, decepcionarnos, dejar, acercarnos o disfrutar, todo forma parte de ese viaje que decidimos en silencio iniciar, decidido de forma solitaria puesto que el deseo es sólo nuestro y, o no lo hemos compartido con nadie, o no lo reconocemos, o no lo sabe mucha gente, porque tampoco es cosa de ir pregonando qué es lo que tanto ansiamos o con lo que soñamos, como si el comentarlo pudiera gafarlo.

Y a veces crees que lo rozas con los dedos, y otras veces crees que está más lejos que el horizonte y que jamás lo conseguirás, pero sigues caminando hacia él, porque piensas que tal vez te espere en algún recodo del camino y camine lentamente para que lo alcances. Eso sí: para llegar a él hay que seguir adelante, no correr hacia él, puesto que sería como intentar adelantar al Sol, pero sí es conveniente fijarnos bien en todo aquello que se nos presenta en ese viaje, en ese camino de baldosas amarillas, y disfrutar, y aprender, y vivir. Porque el deseo forma parte de esa vida que estamos creando cada día y tenemos que alimentarla de motivos para darle alegría, ilusión y esperanza.

Ah, la esperanza. Es bonita. Es tan bonito tener una ilusión... Es tan bonito el brillo de nuestros ojos cuando pensamos por un momento en que podríamos conseguir por fin aquello que tanto ansiamos... Es tan bonita esa sensación que hace que el corazón lata rápido, que te emocione, que te haga palmotear y bailar aunque estés rodeada de gente. Es una sensación poderosa que olvidamos cuando comprobamos que aquello que nos daba esa fuerza se nos aleja de forma inexorable y creemos imposible de conseguir.

Puede haber gente a nuestro lado mientras seguimos en su busca, podemos conocer a muchos y otros desaparecerán por mil motivos diferentes de nuestra vida. Algunos nos ayudarán, otros nos lo pueden dificultar, y sólo unos pocos serán los que estén a nuestro lado durante todo ese proceso. Presenciarán cómo te acercas poco a poco a tu objetivo, a tu deseo, tal vez incluso ignora, qué es lo que tanto ansías. Y tú, a lo largo de todo ese tiempo, comprobarás que puedes acariciarlo a veces, puedes comprobar que no era para tanto, o puedes conseguirlo, cerrar los ojos y sonreír en silencio con el pecho henchido de júbilo. Por fin. Por fin...

Sea lo que sea que deseemos, sea el tiempo que sea que transcurra lo que queramos desde hace años como una meta a conseguir, jamás deberá hacernos olvidar de todo por lo que hemos pasado, por lo que hemos vivido, la de gente que hemos conocido, y en especial, de la buena gente de la que hemos aprendido lo bueno que tenemos dentro y que nos ha hecho ir siempre adelante, con mayor o menor rapidez.

Que cuando lo tengas, puedes compartirlo o no con los demás, que tal vez no lo consigues cuando lo deseas y como lo deseas, pero lo disfrutas. Nadie sabrá jamás el orgullo, la felicidad, que te supura por cada centímetro de tu piel. Tal vez tampoco entiendan qué es tan importante para que te alegres de esa forma. Pero pensarás, y dirás, por fin. Por fin. Y, aunque sea efímero, temporal o intermitente, sabes que es posible, que lo puedes conseguir. Que es real. Que fue real. Que fue tuyo. Que lo es. Y ríes. Y lloras. O haces las dos cosas al mismo tiempo. Qué más da. La cuestión es disfrutar de esa explosión de alegría que estalla en tu pecho que hace que no te importe nada más que dejar que te embargue ese júbilo por algo que tanto deseabas.

Así que cuando se cumple un deseo sólo hay que decidir si quieres que dure eternamente, si quieres volverlo a conseguir, y vuelves al inicio, a la casilla de salida, y vuelves a llenarte de ilusión para emprender de nuevo el viaje hacia tu deseo más valioso.

Porque los deseos se cumplen. Los míos, también.

Ahora, a por el siguiente deseo que está al final de este otro camino lleno de aventuras, anécdotas y gente maravillosa.

Porque lo conseguí. Por fin lo conseguí. Ahora sólo espero mejorarlo.

17.11.19

Por lo menos

Estaba yo consolando a alguien que acababa de dejarlo con su pareja y, oh, qué raro, me salió el sentido del humor.

Mi amiga estaba enumerando cada una de las que cosas que ya no soportaba de su ex, y yo decía las cosas que me han sacado de quicio o que no me gustaban que hicieran los hombres que tenían el honor de disfrutar de mi humilde, grata y espléndida compañía. Acabamos coincidiendo en algunas. Lo malo es que, estando con ellos, tardamos tiempo en darnos cuenta de que esas relaciones no eran ni sanas ni buenas. 

ALLÁ VOY

Que te corrijan en público. Esa es de las cosas más fascinantes que hay, el cómo quieren dejarte en evidencia delante del gran público, mostrándote lo equivocada que estás. Ellos, que son muy listos, nacieron así de inteligentes y tienen que demostrarte y demostrarles a los demás que estás completa y absolutamente equivocada. ¿Seguro que lo estamos? ¿De verdad? MIRA, CHAVAL, SI QUISIERA SALIR DE DUDAS ME COMPRABA EL PRESTIGIOSO DICCIONARIO DE MARÍA MOLINER Y NO AGUANTABA QUE UN TÍO CUALQUIERA ME CORRIGIERA. 

Que te lo expliquen todo porque se ve que acabas de salir del convento. Informática, cine, mecánica o costura. Y tiene que darte una charla de absolutamente todo porque eres tonta y no lo sabías. MIRA, CHAVAL, QUE SABRÁS MUCHO DE PROGRAMAS, DE MECÁNICA, DE COHETES O DEL UNIVERSO PERO TÚ NO HAS PUESTO UNA PUTA LAVADORA EN TU VIDA Y ME ESTÁS DICIENDO QUÉ.

Que lo que les pase a ellos sea lo peor que le puede pasar una persona. Que mira lo que me ha pasado en el Mercedes. Que es que este fin de semana no puedo ir al chalet. Que me han entretenido jugando a pádel y llego tarde porque... ¿Les dices que se te ha muerto alguien o que te ha pasado algo? Pues que te digan Chica, son cosas que pasan o Bueno, podría ser peor os aseguro que no es lo más acertado. SI QUIERES SABER LO QUE SERÍA PEOR DAME TU RAQUETA DE PÁDEL Y SI ME ACERCO A TU MERCEDES SABRÁS QUÉ PUEDE SER PEOR.

Que te comparen. Da igual con quien: que te comparen. MIRA, CHAVAL, ESTO NO ES UNA COMPETICIÓN. ME GUSTA MI CULO GORDO, MI PELO APANOCHAO, MI COCHE ABOLLAO DE SEGUNDA MANO Y YA ME GUSTARÍA TENER MEJOR TRABAJO O MEJOR SUELDO, PERO ESTOY CONTENTA CON LO QUE HAY, NO COMO TÚ. Cansino. Pesao.

Que te hablen de alguna amiga o compañera. A todo momento. Todos. Los. Días. En. Cualquier. Tema. Esa chica no hace cosas, hace PROEZAS. Y todo, TODO, tenga que ver con algo que le haya pasado a ELLA. Esto es de lo mejor. Ante la brusca pregunta: ¿Pero... a ti te gusta esa chica? que te contesten que no, que le empiecen a sacar defectos, y que acabes replicando: Pues siempre estás hablando de ella. PESAO, ADEMÁS DE CANSINO ERES UN COBARDE, VETE CON ELLA Y CÁLLATE ESA PUTA BOCA. Si habla mal de ella después de estar con su nombre en la boca delante de ti, puedes estar segura de que a ti te ha puesto a parir por detrás. Y seguramente se lo habrá dicho  A ELLA. Tachán.

Que no tengan un detalle contigo. Estás cansada, agobiada, desbordada... Consigues tener un finde juntitos, solitos Y EL TÍO, QUE TIENE MÁS TIEMPO LIBRE QUE TÚ, NO HA PASADO NI LA MOPA. Y no sólo eso, ES QUE NO HA HECHO NI LA COMPRA. Además, NI HA CAMBIADO LAS SÁBANAS. NO HA LIMPIADO EL BAÑO. Recordemos que no sabe poner una lavadora. ESTÁS POR DARLE DE COMER A LAS PELUSAS PORQUE CREES QUE SON SUS NUEVAS MASCOTAS.

Que se vaya con sus amigos cuando quiere. Estupendo. Pero hazlo tú Y VERÁS QUÉ PRONTO QUIERE SABER CON QUIÉN, DÓNDE, CÓMO, CUÁNDO, POR QUÉ y estará nervioso como un padre primerizo esperando tu regreso a casa.

Que te pregunte hasta dónde quieres llegar cuando no has visto compromiso por su parte. Sí, mira, le voy a decir qué es lo que quiero de él cuando le estoy conociendo, o cuando llevo un tiempo con él, o cuando llevamos mucho tiempo y ya si eso DECIDE SI LE INTERESO O NO. Anda ya por ahí, las relaciones fluyen, se paran, cambian de rumbo o se sean, pero NO SOMOS PITONISAS. SI QUIERES SABER, TE PREGUNTAS, QUE SEGURO QUE TIENES LAS RESPUESTAS, SO LISTO.

Que eche de menos tiempos o personas pasadas. ERES UN PUTO AMARGAO. CONOCÍ A GENTE QUE FOLLABA MEJOR QUE TÚ Y NO LOS ECHO DE MENOS NI PARA ESO. Pero en qué estaría pensando si creía que me tenía que conformar con él...

Que cuente sus hazañas sexuales con otras. Como si tú hubieras salido del convento. SEGURO QUE SI LE CUENTAS QUE LAS DISCIPLINAS DE SEXO ORAL Y COITOS VARIOS TENÍAN COMO GANADORES A DOS PERSONAS DIFERENTES QUE NO SE LLAMAN COMO ÉL SE LE QUITABA LA TONTERÍA. Fantasma. Que te calles ya, pesao. Cansino.

Que saque defectos a lo que haces. Que encuentre el fallo, la tara, el defecto, pero él no hace nada. PERO TE QUIERES CALLAR, TROZO DE VAGO, QUE NI PARA LIMPIAR TU PROPIA CASA SIRVES.

Que acepte regalos y él no haga ninguno. Y los reclame si no le sigues haciendo detallitos. Tal cual. ERES UN GORRÓN DE MIERDA, PERO QUÉ JETA QUE TIENES.

Bueno, pues ese es un resumen de las cosas que nos sacan de quicio. Hay más, muchas más, claro, pero bueno, tampoco es cosa de aburrir demasiado.

Tenemos claro qué es lo que no queremos y no toleraremos, por lo que VAMOS SUBIENDO el listón y no aceptaremos ni ese nivel, ni por debajo. Así que por lo menos lo que sí tenemos, es claro lo que no queremos.

Yeah.

4.10.19

Momentazo

Tengo una amiga-compañera que es genio y figura hasta la sepultura, pero de las de verdad. Es todo un personaje, sería la protagonista de cualquier saga literaria y, de las personas con las que jamás me aburro, ella es una.

Aunque puede llegar a ser imprudente es de las mejores personas que conozco. Es tal cual. Tiene un corazón de oro. Es cabezota. Pero dejó hace mucho de ser compañera para convertirla en una amiga con la que puedo contar, y puede contar, para siempre. Ahí está la diferencia entre gente y gente. Tras unos quince años seguimos con la camaradería y la complicidad que sólo se comparte con muy pocas personas en la vida.

Un día estábamos en el trabajo y salió el comentario de que uno de los nuevos chicos que habían entrado tenía un hermano mellizo policía que trabajaba cerca de donde estábamos. Además, nos contaron que almorzaba en el mismo sitio que nosotras. Y yo pensaba, y pensaba, quién podía ser de toda la gente con la que nos cruzábamos a esa hora, hasta que caímos en la cuenta de que tenía que ser uno que iba en un grupo de cinco chicos de mi edad que siempre se sentaban por donde lo hacíamos nosotras dos y a veces coincidíamos con ellos. Cosas de ser parroquianos diarios de los mismos sitios, que te quedas con la copla de los habituales.

Bueno, pues un día coincidimos en la cafetería a la misma hora y ellos se sentaron donde lo hacían habitualmente. Los miramos y caímos en la cuenta de quién tenía que ser el hermano de nuestro compañero, por el parecido. El muchacho, al verse observado muy poco disimuladamente por mi amiga, hinchó el pecho y alzó la barbilla girándose levemente hacia nuestra mesa para facilitarnos la visión.

-Es él, lo tengo claro- dijo mi amiga,- se parece un montón.
-Creo que se ha dado cuenta de que lo estamos mirando, está pavoneándose- le dije.
-Creo que voy a preguntarle si es el hermano de Javi.
-Pero, ¿para qué? Si ya nos hemos dado cuenta de que sí.
-Tú calla, que yo se lo pregunto.

Y mientras él estaba con la postura de modelo de dibujo, mostrando su barbilla al público, mi amiga se levantó y se dirigió hacia él directamente. Por el camino agarró una silla que fue arrastrando mientra seguía yendo en su dirección. En ese momento me fijé en la cara del chico, en cómo se le cambió el gesto, se le torció viendo que mi amiga se iba hacia él con silla y todo. 

A mí me entró la risa. Os aseguro que en mi vida me he reído tan a gusto como en ese momento sabiendo que mi amiga dejaría con el culo torcido al más valiente y viendo que él no sabía dónde meterse cuando ella puso la silla a su lado ante la mirada atónita de toda la mesa. Luego me vieron reír completamente desencajada, llorando de la risa, por los huevos que tenía mi amiga y cómo él se había hecho cacota encima.

-Tú eres el hermano de Javi-le dijo.
-Ehmmm... sí. ¿Quién eres?
-Una compañera de Javi.
-Ah, vale- empezó a reírse, nervioso.
-Tu hermano me ha dicho que venías aquí a almorzar.- Yo seguía partida de risa, doblada, llorando. -Pues sí que te pareces. Pero tu hermano es más guapo.

Solté una gran carcajada, no pude contenerla. Me meaba. me dolía hasta la tripa de tanto reírme. Los de la mesa se empezaron a reír, el hermano de Javi el primero. Mi amiga se despidió y se sentó de nuevo a mi lado. Yo seguía sobre mis brazos, ocultando mi cara para que no me vieran llorar de la risa. Y las lágrimas no paraban de salir, no podía hablar de las carcajadas.

-Madre mía, si hubieras vito la cara que ha puesto cuando te has acercado cogiendo la silla al mismo tiempo...-balbuceé. Ella empezó a tener remordimientos.
-Tal vez no me hubiera tenido que acercar, por si se han sentido incómodos.

Otra carcajada. Parecía que yo no podía seguir riéndome así de esa manera, pero yo seguía, partiéndome la caja, completamente deshecha de la risa. Era la primera vez que la veía avergonzada por algo. Y ya es decir.

Cuando volvimos al trabajo, Javi nos llamó.
-Que me ha dicho mi hermano que QUIÉN ES ESA FIGURA.

Yo seguía llorando de la risa. No podía ser posible que me siguiera riendo de esa manera, pero lo estaba haciendo. Ella empezó a ponerse colorada.

Durante todo el resto del día nos cruzábamos las miradas y se me escapaba la risa floja. Ella estaba completamente roja, la veía cortada, como rumiando lo que había hecho. Yo hacía un esfuerzo titánico para seguir haciendo mi trabajo sin que se me escapara ninguna otra carcajada delante de nadie. Pero tenía que irme al baño a reírme porque yo no podía dejar de hacerlo.

A la hora de la salida íbamos en silencio hacia casa.

-Creo que por mi culpa van a dejar de ir a la cafetería-dijo.

Jamás en la vida me he reído tan a gusto como ese día.

Y no sólo volvieron, sino que empezaron a saludar.

Y no sólo saludaban, sino que me han reconocido por la calle cuando ya no coincido con ellos desde hace años.

Y yo me acuerdo del momentazo en una cafetería porque nunca me he vuelto a reír con tantas ganas ni tanto tiempo gracias a mi amiga y de cómo afrontó a unos pobres policías vestidos de paisano.

29.9.19

Ese pensamiento

Llevo un tiempo con un pensamiento en la cabeza y no sé por qué ha vuelto.

Es algo que tenía ya olvidado y que no pinta absolutamente nada en mi vida. Nada lo recuerda, nadie lo recuerda y, sencillamente, ese pensamiento no existía para mí, por lo que no sé por qué ha vuelto ni qué ha podido provocar su regreso. Y yo, que a veces soy de ideas obsesivas, me sorprendo al no saber qué ha tenido que pasar para que ese pensamiento haya ocupado otra vez un sitio en mi cabeza y campe a sus anchas entre los demás, como si fuese habitual de la casa.

Ese pensamiento tuvo un hueco importante durante mucho tiempo, pero lo eché a patadas. Hice cuanto pude para olvidar, para que no me importara, no era nada, sólo me molestaba, no me beneficiaba, pero lo conseguí. Olé. Fuera de aquí, y no vuelvas. Y no volvió durante años. Yo he seguido desde entonces con mi vida, mucho mejor sin ese pensamiento, y he disfrutado mucho más de ella sin él.

Pero ha vuelto. ¿Por qué? Ni idea. Y aunque no me molesta que haya vuelto, sí que me molesta porque vuelve a aparecer de forma obsesiva, haciendo que a veces quiera flaquear cuando me ronda. Pero no. Es una tontería, no es ni útil, ni práctico y sólo me perjudica. No es real, no lo ha sido nunca, y algo así puede incomodarte, pero sólo si le dejamos que lo haga.

Así que ahora no le prestaré atención. He vivido años sin ese come-come interior, puedo seguir viviendo igual ahora sin hacerle caso. Cállate, anda. Madre mía, la de chorradas que me haces pensar.  Lo incómoda que me puedes hacer sentir. Y no pienso sentirme culpable.

Porque a veces hay ideas que han estado con nosotros tanto tiempo que cuesta expulsarlas del todo o para siempre.

Pero que lo conseguiré, lo tengo claro. Porque vaya chorrada es, pero hay que ver lo que fastidia.

7.8.19

De cosas y personas.

Acumulamos trastos como si nuestra vida dependiera de ello. 

Compramos cosas que no necesitamos, sólo porque nos gustan, pero no tienen ninguna utilidad realmente en nuestra vida y, si se rompen o las olvidamos, no las echaremos de menos salvo porque eran agradables de ver.

Acumulamos cosas en los cajones, en los armarios, sólo porque parece que tenemos miedo al horror vacui, a encontrárnoslos vacíos. Preferimos el desorden, los montones, las mezclas de productos y objetos en nuestras posesiones sólo porque nos pareció bonitas, útiles, necesarias o a saber qué. 

Y cuando miramos las cosas nos acordamos por qué nos atrajo, por qué nos gustó tanto, pero no sabemos qué utilidad tiene. Y, si la tiene, es para un futuro no inmediato. Simplemente queremos encontrarle un uso que no tiene, la verdad. Y como no lo tiene, molesta, ocupa sitio, estorba...

Con las personas pasa lo mismo.

Hay personas que no necesitamos que se amontonan en nuestras vidas como trastos. Son personas que, si dejamos de permitirles que se acerquen tanto, podemos notar cómo corre la brisa a nuestro lado. Esas personas son las que evitan que conozcamos a nuevas amistades que, seguramente, serán mucho más sanas, o más efímeras, pero mejores, que ellas. 

Por eso hay que vaciar cajones, o amistades. Crear el orden en nuestras vidas. Hay cosas que no necesitamos, por mucho que nos gusten. Y amistades que no son las mejores, por mucho que nos gusten. Objetos y personas que no hacen más que estorbar o no permitirnos movernos bien por nuestro camino.

Tener los cajones vacíos o tener pocos amigos no te hace ser peor persona, sino que prefieres la calidad a la cantidad.

Vamos, que tengo que hacer con los cajones y los armarios lo mismo que he hecho con mis amistades.

10.7.19

Algo normal.

Tengo que reconocer que no todo el mundo que me conoce, o me haya conocido,  ha tenido el placer de hacer conmigo algo realmente cotidiano y normal.

No hablo de beber hasta caer borrachos, ni de viajar, ni de ir de concierto, ni de ver una película en el cine, ni de ir a comer a 400 kilómetros de casa, ni de quedarnos dormidos viendo la tele, ni de pintar una habitación, ni de ayudar en una mudanza... Nada de eso. Hablo de ir a la playa.

Ir a la playa y lucir mis bikinis cada vez más coloridos me supone cero esfuerzo. Sigo odiando la arena, sigo odiando quemarme, pero no sé, como que le he pillado el gustillo a notar la brisa en la espalda desnuda, enterrar los pies en la arena húmeda y fresca y de hacer el muerto o el pino en el agua, a merced de las olas.

Tampoco me importa, aunque lo prefiero, ir en horas vespertinas a la costa y meterme en el agua. No tomo tanto el sol, no me quemo, pero me resulta agradable tener el sol a mi espalda mientras miro hacia el mar. La arena, repito, no me gusta, pero la tolero mejor cuando no quema.

Pero por la noche... Ah... Esa arena fría, esa orilla oscura... De noche no me gusta el sonido del mar, me parece inquietante, pero meter los pies en la arena fría, caminar por la orilla, es un placer del que no puedo , ni quiero, prescindir. Y meterme en el agua por la noche supone una delicia que comparto con muy poca gente porque, reconozcámoslo, muy pocos pueden llegar a comprender. Y se hace o no se hace, pero sólo se dice una vez. Tiene que ser dicho y hecho. Quien quiere, lo hace ipso facto, aun sin bañador. 

Tanta excusa de cosas no hechas y tantos planes de algo que no se hace nunca...

Y el amanecer... ah... ese hilillo de luz que recorre el agua hasta mis pies es algo que siempre me gusta ver. La arena congelada y la playa desierta. Todo un lujo.

Bueno, que eso. Que no todo el mundo ha podido venir conmigo a la playa a una de esas horas, y mirad que es algo realmente normal.

Espero seguir sin quemarme este verano. Estoy en racha :D

4.6.19

No te gusta.

No lo reconocerás nunca, pero no te gusta lo que hago, lo que digo, cuanto hago o lo que diga. No te gusta cómo visto ni cómo me expreso.

No te gusta que cuente nada, ni que recuerde algo que me haya pasado. No te gusta que me meta en conversaciones ajenas ni tampoco que me calle cuando quieres tú que participe.

No te gusta que esté callada ni te gusta que siempre tenga algo en qué entretenerme. No te gusta que tenga iniciativa, y menos aún que sea tan observadora como para encontrar defectos o que se me ocurran cosas que mejoraría nuestra vida, porque siempre, siempre, cuando abro la boca, la respuesta es no. Un no rotundo que siempre, siempre, me dices sin mirar y con indignación, como si te estuviera diciendo o pidiendo que me dejes desollar a tu gato mientras me como a tus hijos.

No te gusta que no esté cuando quieres y comentas que dónde me meto, como si tuviera que estar 24x7 a tu disposición, absoluta, plena y servil. No te gusta que te consulte nada, no te gusta que te pida consejo, no te gusta que me vea en algún problema porque das por hecho que yo lo he provocado por mucho que haya gente que te advierta de lo contrario.

No te gusta mi presencia, no te gusta que calle, que hable, que ría o que llore. No te gusta absolutamente nada de cuanto pueda hacer. Y te molesta también que, ante una de tus quejas, te diga que si también te molesta eso. Sea lo que sea.

No sé. Lo mismo no es que te moleste cuanto haga o diga, o lo que me ocurra o me hagan. 

Yo lo tengo claro. Lo que no soportas es a mí.

No lo siento por ti, pero sólo puedo decir que tienes un problema, y tu problema no soy yo.

9.5.19

Derecho de admisión.

Hay un trocito de mí que comparto con mucha gente. Tiene nombre y se llama empatía.

Tal vez durante una época lo consideré como un defecto, porque me involucraba en problemas ajenos que nada tenían que ver conmigo y ayudaba cuanto podía a la persona que los tenía. O escuchaba cuanto dijera, contara, y me daba pena o comprendía lo que me contara, porque pensaba que esa persona necesitaba desahogarse y yo dejaba hablar para que su pena saliera de alguna forma.

Tiempo después vi que mucha de esa genete acababa desapareciendo porque ya no tenía ni problemas ni necesitaba desahogarse conmigo. Fui una herramienta para ellos, eso lo tengo claro. Yo di comprensión, apoyo, ánimos, y me devolvieron silencios y vacíos. Recordemos que cada uno da lo que tiene.

Y como los meses, los años, pasan de forma constante, por muy rápido o muy lento que se nos pase a veces, veo a gente que aparece de nuevo en mi vida, no sé muy bien para qué. Tengo claro que no es para ofrecerme su amistad incondicional porque tiempo han tenido para hacerlo. Pero esta gente aparece de nuevo y yo ya sospecho que es porque quieren algo de mí, y yo hace tiempo que puse derecho de admisión y no me fío ni un pelo de qué quieren ahora o para qué me quieren, porque si digo la verdad, me importa de cero a nada.

Esas alegrías al verte cuando la última vez que nos encontramos fue bastante desagradable porque ya no me necesitaba, o esa falsa euforia para quedar cuando hace meses que no sé nada de estas personas. Que vale, que puede ser que se alegren de verme, ¿por qué no?, pero yo no siento nada por esta gente. Si acaso sentí algo más que empatía el tiempo y el viento hicieron que desapareciera, y no tengo el más mínimo interés de saber de o hablar con ellos. Porque no hay dos sin tres, por supuesto.

¿Dónde estaban en mi mala época? Pues a saber. Pensándolo fríamente es que me da igual. Yo no los necesitaba, a ninguno. Ellos a mí, sí. Todos. Ahí está la diferencia.

Y aquí estoy, rodeada de esa gente que sí estuvo en las buenas y en las malas. Los que me conocen mejor que nadie y ahí siguen. Y son libres de entrar en o salir de mi vida porque tienen patente de corso. Gente con la que con una mirada ya sabes lo que están pensando. Los que saben qué significa que apriete los labios o me aparezca la sonrisa ladeada. Porque ellos sí me importan, y les dejo elegir si estar a mi lado o no. A ellos sí. Sólo a ellos.

Siempre recuerdo la frase de "Si alguna vez quieres a alguien, déjalo marchar. Si regresa, es tuyo. Si no, nunca lo fue". Y la aplico a rajatabla.

Menos a estos que vuelven a por a saber qué. A esos no. Que los aguante su madre.

Ps: En todo este tiempo he visto que realmente no necesito a nadie para sentirme bien y los métodos que utilizan algunos para dar penita o que les hagan casito. Hay un patrón que se repite en todos ellos. Y a mí, que me gusta fijarme en el comportamiento humano, igual que he visto mis defectos, también he visto los de los demás, sacando conclusiones con mis estudios científicos caseros.

Con todo ello no soy más desagradable, todo lo contrario. Y esa despreocupación es la que molesta tanto.

Fuera gente interesada, fuera gente tóxica y fuera gente falsa. Sólo eso. Que los que no aparté ya se fueron solos y no volvieron. Afortunadamente.

8.5.19

Mía, la culpa ha sido mía...

Esta primavera está siendo especialmente dura para cierto entorno mío.

No tienen problemas de salud, ni económicos, ni muertes, tienen familias perfectas, una vida social intensa pero están amargados por a saber qué. Supongo que esa felicidad les sabe a poco.

Lo primero que hacen es andar por la vida con cejas, ojos, nariz y boca en la misma parte de la cara, en un gesto de malhumor eterno. No disfrutan con nada, se agobian enseguida y como no tienen nada mejor que hacer en la vida (recordemos que no tienen problemas) se dedican al deporte nacional: a dar por culo.

Si vas, si vienes, si haces, o con quién. Si estás, si no, si ríes o cantas. Si llevas, si traes, si puedes o no. Si comentas, o si callas, si tú lo sabes y ellos no, o porque no lo sepas. Da igual. El problema eres tú. Su problema eres tú. Y miran con lupa cuanto haces, dices, con quién hablas, dónde vas, si te llevas bien con alguien que les ignora, y hacen cuanto pueden para quedar por encima de ti, como aceite en el mar.

Pues vale.

Ni les hace gracia tus bromas ni les gusta que vayas (por fin) con tranquilidad por la vida, porque ahora se dedicarán ellos a borrarte esa sonrisa de gilipollas que se te pone porque pasó la tormenta y ahora disfrutas de la calma chicha. No comprenden cómo puedes estar tranquila aunque vengan nubarrones, porque siempre se ponen en lo peor que no les ha llegado nunca. Que no puedes tener una vida que no tienen, sólo porque lo deciden, y no les haces caso porque pa qué. Y mantienes la calma que intentan romper y eso hace que se esfuercen más en hacerte sentir mal.

Y no.

Tienen que estar haciendo cuanto saben y pueden para incomodarte, enfrentarte con otras personas, para quedar mejor que tú. Y te da igual. Pero el tiempo no pone a la gente en su sitio, sino ellos mismos se ponen. Y el público ante quien te querían linchar ha visto y comprobado la verdad, en la que lanzaron flechas que no dieron en su objetivo sólo porque con la misma boca con la que pedían favores ahora hablan mal de ti.

Y qué culpa tenemos de ser, de saber, de conocer, de estar, de respirar, de reír, de vivir, de disfrutar, de ocupar un lugar en el mundo que ofrece millones de cosas nuevas por descubrir, de gente interesante conocida y por conocer. Y qué culpa tenemos de que no disfruten de lo que tienen y de lo que podrían conseguir.

Pues la culpa ha sido mía, cantaba Camilo Sesto.

Si soy su problema es porque no tienen problemas, en realidad. Porque considerarme a mí un problema... bueno, a mí se me da muy bien dar por culo cuando quiero, la verdad. Pero es que yo no había hecho absolutamente nada para verme en esto. Y el problema ha sido eso, que yo no quería hacer absolutamente nada con esta gente.

Y siguiendo así han conseguido que yo sea por fin un problema. Su problema.

Y no hay nada en esta vida como hacer algo que moleste a quien le caes mal, a quien ha intentado destrozarte, porque si sin hacer nada ya les molestaba, a partir de ahor, por poco que hagas, le sentará peor de lo que realmente es esa ofensa.

Así que cualquier chorrada es como una afrenta que se tiene que solucionar en un duelo con pistolas.

Y como disparen balas igual que las flechas...

Que eso. Que la culpa es mía.

Y sin mover un dedo, oiga.

22.4.19

Just me, myself and I

Cuando hemos estado compartiendo la vida con otra persona nos acostumbramos a tener siempre a alguien con quien hablar, salir, discutir, viajar... Se nos hace tan cotidiano que es imposible pensar o decidir nada que no incluya a esa persona. Incluso cuando hacemos algo que sólo nos afecta a nosotros (comprar unas simples bragas, cortarte el pelo o aceptar una invitación de boda por parte de un familiar cercano tuyo) pensamos en esa otra persona con la que compartes la vida.

No sé si conocéis la experiencia única que es la de vivir sin nadie más en casa.

Yo creo que debería ser obligatorio por lo menos una vez en la vida.

Sin hijos y sin padres. Sin pareja. Sin nadie más que contigo mismo. Tú decides, eliges, quieres, piensas y haces. No tener que decirle a nadie dónde vas, con quién ni cuándo volverás. Que te surja algo y que aparezcas por casa dos días después sin tener que avisar a nadie de que no volverás o que tardarás en llegar. No pasa nada por tener que bajar la basura tú sola. Tampoco que tengas que ir tú, y sólo tú, a comprar víveres para subsistir. Que puedas prescindir de cocinar y alimentarte de mierdas varias. Que puedas llevar a casa a quien quieras y sin repetir. Y sin dar explicaciones. Ser la dueña del mando de la tele. La reina de la casa.

Elegir con quién irte de vacaciones o con quién pasar un fin de semana. Encontrarte con la libertad de no encontrarte con un mensaje preguntándote dónde estás ni a nadie ocupando la otra parte de la cama cada día. Abrirte a nuevas oportunidades, a otras personas, que con pareja o en compañía ni te lo plantearías.

Conocerte mejor. Ver de lo que eres capaz. Decidir por ti misma. Quererte en vez de repartir el cariño que antes le dabas a alguien que, seguramente, no apreció. Mimarte. Vaguear. Cuidarte. Cocinarte. Experimentar. Descubrirte. Proponerte. Arriesgarte. Ganar. Perder. Explorar. Ser. Disfrutar.

Vivir sola es maravilloso. M A R A V I L L O S O

Me pregunto si me acostumbraré a vivir otra vez con alguien...

11.4.19

28.3.19

De quejas y quejas.

Sé por qué he estado toda la vida escuchando a los demás sus penas. Sé perfectamente por qué he estado acompañándoles en sus tristezas, animando, consolando y dándoles esperanza. Sé también por qué  me preocupaba por ellos, por todos y cada uno.

Un día pensé: pues creo que tengo un problema. Y, al analizar mi situación, vi horrorizada que ese problema era consecuencia de otro más grande. Y que realmente tenía muchos problemas que, si seguía por ese camino, no iba a resolverlos nunca. Reconocer que se tiene un problema es el primer paso. Lo complicado es dar el segundo.

Mientras seguía escuchando las penas ajenas yo balbuceé alguno de los míos.

Ahí empecé a ver que no había casi nadie que me escuchara, ni que me acompañara, ni que me animara o me diera esperanza. Por lo general, escuché un bueno, estás exagerando, o poniéndome en duda, culpándome de lo que me pasaba... En un principio pensé que menos mal que sólo había contado algo  y no tenían ni idea de todo lo que había más.

Pero no. No era así. Había hecho el esfuerzo de confiarme en unas pocas de esas personas y muy pocas me escucharon realmente. Esas personas, todas, habían visto cómo yo había estado a su lado en sus malos momentos. ¿Y cómo se comportaban cuando era yo la que necesitaba que me escucharan, por lo menos?

Que si exageraba. Que si no era nada. Que era muy raro lo que me pasaba. Que...

Pues no. Yo tenía una inmensa bola de nieve que, si no me apartaba, me iba a aplastar. Y algunas de esas personas intentaban por todos los medios que siguiera en la trayectoria de esa bola, compuesta de muchos problemas. En un principio pensé en afrontarla, creyendo que podría. Luego me acobardé. Luego me hundí por completo.  Y luego pensé: ¿qué es lo peor que me puede pasar ya?

Tengo que dar las gracias a esas personas que sí estuvieron conmigo. No me juzgaron, me escucharon y no buscaron nada a cambio. Tengo que agradecerles hasta que me muera que me acompañaran, que me aconsejaran, que aguantaran mis lágrimas y mis silencios. Porque yo, esa persona fuerte que escuchaba y acompañaba a los demás, tenía mis propios problemas que muy poca gente quiso ver o reconocer.

Así que sí, llegó un día en el que los que no me apoyaron ni estuvieron cuando yo estuve tan mal, los mismos que solucionaban mis cosas con una frase, me seguían contando sus penas y yo les cortaba porque no me interesaba ya escucharles, me aburrían con problema cotidianos que yo, además, también tenía, y así se lo decía.

Yo sé por qué escuchaba a la gente y por qué no suelo escuchar ahora. Sé cuál ha sido la diferencia entre una época y otra, y sé en quién confiarme y quienes pueden confiar en mí lo saben perfectamente también.

Si alguien que nunca se queja empieza a hablar, deja que lo haga. No sabes por lo que puede estar pasando esa persona.

7.3.19

Cruces.

A veces hay caminos que vuelven a cruzarse.

Se cruzan, y se vuelven a cruzar, y se cruzan tantas veces que acaban yendo en paralelo hacia cualquier sitio, no importa dónde porque la compañía era grata y no había prisa para nada. 

Y de repente, se separan, porque sí, porque hay cosas que no duran mucho, pero sí lo suficiente para dejar un bonito recuerdo y desear lo mejor a esa persona que compartió algo muy especial contigo sacando lo bueno que había en ti y yéndose sin llevarse nada, dejándote feliz, tanto como lo eras cuando lo conociste.

Y caminas por cualquier otro sitio conociendo lugares nuevos, cruzándote con otra gente, a veces una vez y otras, varias veces, pero el camino sigue y sigues sin ninguna prisa.

Entonces esa persona tan especial que se cruzó contigo y que procuró ir en paralelo, aparece de nuevo en tu vida y ves que hace lo posible para caminar a tu lado, allanando camino, cortando malezas y refrescándote si hace calor. Procura cobijarte en el frío, saber de ti y hacerte partícipe de su vida. Y mientras camináis sin prisa, porque seguís sin tener prisa para nada, dejas que te quiera otra vez, pero esta vez de forma distinta. Vela tu sueño, abraza tu cuerpo, besa tu sien, te mete en su vida, te mira con sus ojos azules, te regala su gente, te saca la más grande de tus sonrisas y te da paz. Y amor. Y lujuria. Y su vida.

Así que sólo recomiendo que siempre se disfrute del camino, independientemente de su duración, y sin importar lo que pueda durar.

Nunca sabes con quién te vas a cruzar.