¿Habéis tocado fondo alguna vez? Yo sí, y fue hace poco. Y es una sensación que no se la recomiendo a nadie.
No voy a explicar lo que se siente. No voy a explicar tampoco la gota que colmó el vaso. Ni voy a explicar qué ideas pasan por la cabeza. Porque todo eso forma parte de un pasado que ha quedado atrás.
Hace años pensaba que tenía problemas. Los tenía. Y gordos. Y no los he escrito nunca en el blog ni en ningún sitio. Pero huy, amiga, pues anda que no vienen más a lo largo de la vida. Y vienen. Y de todos los colores, modelos y tallas. Y si crees que no puede ir a peor la cosa, va. Y si crees que no puede ir a peor, va. Y si crees que no puedes aguantar algo más, te viene algo peor aún.
Y claro, llega un momento en el que te ves peor que nunca hayas estado, y encima es que te das cuenta, eres consciente, de que es el peor momento de tu vida, y no te gusta estar así porque tu alrededor no ayuda, tus circunstancias tampoco y lo que hay dentro de tu cabeza no te gusta, porque va formándose algo que no quieres que coja fuerza porque te da miedo ese pensamiento. Y durante un tiempo te cuesta levantar cabeza, incapaz de reaccionar. Todo te parece demasiado grande, importante e insoportable.
Y es una sensación horrible.
Pero un día sucede algo que te golpea como cuando te dan una bofetada. Sin esperarlo, de improviso, sin querer. De repente ocurre algo que vale la pena experimentar. Algo que te hace replantearte si es eso lo que quieres, si es eso lo que vas a querer seguir viviendo. Que a lo mejor si vives algunas cosas es porque es lo que has tolerado. Que otras no tienen remedio ni solución, pero la vida es así y hay que vivir con ello. Que hay cosas que tienen la importancia que tú les des. Y si les das demasiada importancia, la tienen, aunque realmente no valgan nada. Y que no hay que dejar que tu autoestima ni tu felicidad estén en manos ajenas, porque hay gente que se entretiene haciéndote daño. Que está bien buscar ayuda entre tus amigos, porque ahí verás a quiénes les importas. Esa sensación tan reveladora de abrir los ojos y replantearte todo. Lo que vale la pena, lo que no. Lo importante, lo que no lo es. No es blanco o negro. Y yo, que soy a veces muy radical, que durante mucho tiempo me he aferrado a ideas erróneas y a gente equivocada, veo y comprendo que las cosas me han pasado porque soy una auténtica gilipollas.
He sido una gilipollas. Pero de las buenas, ¿eh?
He dado demasiada importancia a cosas inútiles y a personas vacías durante muchos años. He aguantado cosas que tendría que haber cortado desde el primer momento. Y cuando eres consciente de las cosas que no te gustan de ti y de haber dicho un hasta aquí hemos llegado, todo cambia. Se descuelga o se ofende la gente que creía que estarías siempre ahí, pero sólo cuando ellos quisieran, claro. Desaparecen prioridades absurdas para convertirse en humo. Se esfuman ideas, se forman otras. Abres los ojos. Y los he abierto tanto que me he dado cuenta de que no pasa nada por reconocer que he sido una gilipollas por cederle el mando de mi felicidad a terceras personas. He sido siempre una persona que ha intentado ayudar al que lo necesitaba, pero me he planteado que por qué esa empatía ante cualquiera. He descubierto lo ingrata y lo mala que puede ser alguna gente a quien he ayudado. ¿Por qué quise ayudarles? ¿Realmente me engañaron o fui yo la que quise dejar que se aprovecharan de mí? ¿Y esa ingratitud cuando ya no me necesitan? Y lo que es peor... ¿qué odio enfermizo me acaban teniendo por a saber qué? Pero tampoco puedo estar culpándome yo siempre, porque siempre no puedo tener yo la culpa, por muchos años que me hayan repetido que la culpa es mía por (ponga aquí el motivo).
Yo soy dueña de mis aciertos y mis errores. Yo soy quien tiene que decidir quién está a mi lado y quién no. Es como cuando se siega el trigo y se realiza el aventado. Se lanza al aire la paja con el grano para que el aire se lleve lo que menos pesa y quede el grano. Pues es lo mismo. He aventado mi vida para ver realmente qué es lo que se queda o lo que se quiere quedar. Y todo lo demás, que se lo lleve el viento, porque demuestra que no tiene tanto peso en mi vida, aunque yo pensara que sí. Y me quedé quieta viendo cómo desaparecían cosas que antes creía imprescindibles para mí, pero pesaban lo mismo que el humo de un cigarro, o que un papelillo de confetti.
Te desprendes de cosas materiales que asocias a personas, dejando de tener que asociarlas a quiénes te las regalaron cada vez que las mirara. Y dejas de tomarte tan en serio las cosas que te dicen porque no te afectan como antes. Yo no soy la que tiene que cambiar. Me cansé de tener que adaptarme, someterme, callarme. ¿Qué es eso? ¿Así iba a sentirme mejor? Pues no. Porque siempre querían más. Y yo ya les había dado todo, y les parecía poco e insuficiente.
Los que antes me tenían segura a su lado y me hacían daño ahora miran con curiosidad mi reacción. Intentan hacer que reaccione cuando ellos quieren. ¿Para qué? Observan, miran, fingen que no les importo. ¿Me echan de menos? No creo, sólo es que ya no me tienen y eso sí lo notan. Son mala gente, eso lo han dejado claro. Y no saben lo que me ahorran el que algunos hayan desaparecido de mi vida por su propia voluntad. Porque han sido muy malas personas. Y yo, gilipollas, sí, pero ellos han sido malos, crueles, sádicos y demuestran que tienen muy poca personalidad, menos de la que yo he demostrado tener, por hacer sufrir a quien les quería tanto para sentirse importantes.
Y los días pasan. Y el tiempo pasa. Y el sol sigue saliendo, no importa lo que hagas, el mundo sigue girando. Y le he dado tanta importancia a ciertas cosas y a ciertas personas que ahora me parecen ridículas, que me veo con ganas de hablar de ello. Porque me hicieron sentirme mal, muy mal, como jamás me han hecho sentir. Porque me hicieron sentirme insignificante. Impotente. Incapaz. Inútil. Ridícula. Y mi ego se resistía a ello, hasta que me di cuenta de que vale, que eso se me daba muy bien, que podía ser muchas cosas y que hacer de tonta e ignorante se me daba estupendamente, pero que yo era muchas cosas buenas que se habían quedado ocultas entre tanta mierda. He huído de situaciones, personas y cosas que, sinceramente, han hecho que quisiera morirme. Y no. Que me olvidé de quererme yo.
Así que no ha compensado el tiempo perdido con nada de esto ni con nadie. Sólo me ha servido para aprender a soltar lo que no me hace crecer o no quiere quedarse. A adaptarme a las nuevas cosas. A valorar más aún a quien sí se quedó cuando estuve tan mal. A no alimentar al bicho. A saber estar sola, a no depender de nadie, a aprender tantas cosas que me maravilla el no haberme dado cuenta antes. A que yo sigo estando en el mismo sitio, y que las cosas inútiles y las personas vacías son las que se han ido.
Y es tan bonita esta sensación...
25.7.16
12.7.16
De nada.
Hace tiempo vi convocadas unas oposiciones que me interesaron especialmente. Eran en Madrid, el temario era bastante asequible, y me apetececía presentarme a algo así, por lo que me preparé durante meses para ello. Cuando salió el plazo de presentación de instancias le comenté a un amigo que lo mismo le interesaba también a su hermana que, aunque estaba trabajando en una administración pública, no tenía plaza fija. Y se lo dijo, claro. Ella no sabía cómo podía hberme enterado yo de esa oposición, porque ella no la había visto convocada. Pues en el BOE, hija de mi vida. ¿Dónde si no?
Cuando llegó la fecha del examen nos presentamos como media Europa a esas pocas plazas. Suspendí como una campeona, por los pelos, pero suspendí. La hermana de este chico no suspendió. Es más, fue una de las que consiguió plaza. Cuando su hermano me lo contó me alegré. Oye, eso es que es buena, ya era hora, qué bien.
Meses más tarde, en una conversación entre amigos, salió el tema de la oposición. El, presumiendo de hermana, dijo que había aprobado, y eso que se enteró de la oposición de casualidad. Yo, delante de él, lo miraba atónita escuchando cómo seguía hablando de lo que son las casualidades y que se apuntó casi el último día. Acabé diciendo que yo fui la que se lo dije, y a él le sentó fatal el que lo dejara en evidencia delante de la gente. Acabó argumentando que su hermana se hubiera enterado de todas formas. Arrugué la nariz en una expresión de asco. ¿Cómo puede ser alguien tan ingrato? Yo no gano nada por hacer un favor, pensé que a su hermana le itneresaría, no espero nada a cambio, pero que me desprecien de esa manera me indigna. Qué queréis que os diga. Me puede.
Otra vez, de un antiguo trabajo recurrieron a mí para que les localizara a alguien que quisiera trabajar con ellos. Como yo andaba ya ocupada por aquél entonces contacté con la hermana de una amiga de la infancia. Claro que aceptó, encantada. Y estuvo mucho tiempo trabajando en ello. Y pasó más tiempo, tuvo problemas con alguien cercano a mí y cuando me enteré de lo que pasaba, me había metido en un lío de tres pares de narices. Imaginad cómo estaba el ambiente, que cuando yo entraba a a trabajar pensaba "a ver de qué se me acusa ahora". Y todo por ella que, casualmente, entró en donde yo estaba y cuando terminó yo seguía en el mismo sitio. Puso a la gente en mi contra , creó mal ambiente hacia conmigo y sólo cuando se fue comprobaron que no era cierto todo lo que había dicho contra mí. Joder, ¿y os dais cuenta cuando ya no está? Y yo no comprendía cómo alguien a quien conocía de toda la vida, a quien incluso le había ofrecido un trabajo podía tratarme de esa manera. Pero sí, ocurre. Y más de lo que pensamos.
Ha pasado el tiempo y vi en un local que van a abrir un cartel de que se necesitaba personal. Al ver el nombre de la empresa, pensé en una amiga que tiene experiencia en el sector y lleva años parada. Bueno, pues he recibido una llamada suya para decirme que ha sido contratada, que muchas gracias por avisarla, y tal. Y ha dicho algo: "Si no llega a ser por ti, no me entero. Voy a trabajar gracias a ti". Suena exagerado, la verdad. Pero ha dicho algo que ninguno de los anteriores me dijo.
Hoy he hablado de trabajo, pero es aplicable a cualquier aspecto en la vida. Soy servicial con los demás. Intento ayudar en lo que puedo, y hay gente que cuando ya tiene lo que quiere, desaparece dejándome atrás sin querer darse cuenta de que yo, tal vez, fui la única persona que les pudo ayudar cuando andaban tan mal. Pero así es la vida. Y gente ingrata habrá siempre, que despreciará u olvidará lo que hiciste por ellos. Y sólo te echarán en falta cuando quieran que estés y ya no te vean a su lado.
Me quedo con una frase de Séneca.
Cuando llegó la fecha del examen nos presentamos como media Europa a esas pocas plazas. Suspendí como una campeona, por los pelos, pero suspendí. La hermana de este chico no suspendió. Es más, fue una de las que consiguió plaza. Cuando su hermano me lo contó me alegré. Oye, eso es que es buena, ya era hora, qué bien.
Meses más tarde, en una conversación entre amigos, salió el tema de la oposición. El, presumiendo de hermana, dijo que había aprobado, y eso que se enteró de la oposición de casualidad. Yo, delante de él, lo miraba atónita escuchando cómo seguía hablando de lo que son las casualidades y que se apuntó casi el último día. Acabé diciendo que yo fui la que se lo dije, y a él le sentó fatal el que lo dejara en evidencia delante de la gente. Acabó argumentando que su hermana se hubiera enterado de todas formas. Arrugué la nariz en una expresión de asco. ¿Cómo puede ser alguien tan ingrato? Yo no gano nada por hacer un favor, pensé que a su hermana le itneresaría, no espero nada a cambio, pero que me desprecien de esa manera me indigna. Qué queréis que os diga. Me puede.
Otra vez, de un antiguo trabajo recurrieron a mí para que les localizara a alguien que quisiera trabajar con ellos. Como yo andaba ya ocupada por aquél entonces contacté con la hermana de una amiga de la infancia. Claro que aceptó, encantada. Y estuvo mucho tiempo trabajando en ello. Y pasó más tiempo, tuvo problemas con alguien cercano a mí y cuando me enteré de lo que pasaba, me había metido en un lío de tres pares de narices. Imaginad cómo estaba el ambiente, que cuando yo entraba a a trabajar pensaba "a ver de qué se me acusa ahora". Y todo por ella que, casualmente, entró en donde yo estaba y cuando terminó yo seguía en el mismo sitio. Puso a la gente en mi contra , creó mal ambiente hacia conmigo y sólo cuando se fue comprobaron que no era cierto todo lo que había dicho contra mí. Joder, ¿y os dais cuenta cuando ya no está? Y yo no comprendía cómo alguien a quien conocía de toda la vida, a quien incluso le había ofrecido un trabajo podía tratarme de esa manera. Pero sí, ocurre. Y más de lo que pensamos.
Ha pasado el tiempo y vi en un local que van a abrir un cartel de que se necesitaba personal. Al ver el nombre de la empresa, pensé en una amiga que tiene experiencia en el sector y lleva años parada. Bueno, pues he recibido una llamada suya para decirme que ha sido contratada, que muchas gracias por avisarla, y tal. Y ha dicho algo: "Si no llega a ser por ti, no me entero. Voy a trabajar gracias a ti". Suena exagerado, la verdad. Pero ha dicho algo que ninguno de los anteriores me dijo.
Hoy he hablado de trabajo, pero es aplicable a cualquier aspecto en la vida. Soy servicial con los demás. Intento ayudar en lo que puedo, y hay gente que cuando ya tiene lo que quiere, desaparece dejándome atrás sin querer darse cuenta de que yo, tal vez, fui la única persona que les pudo ayudar cuando andaban tan mal. Pero así es la vida. Y gente ingrata habrá siempre, que despreciará u olvidará lo que hiciste por ellos. Y sólo te echarán en falta cuando quieran que estés y ya no te vean a su lado.
Me quedo con una frase de Séneca.
Ingrato es quien niega el beneficio recibido: ingrato es quien lo disimula, más ingrato es quien no lo devuelve, y mucho más ingrato quien se olvida de él.
11.7.16
Somos lo que tenemos.
Supongo que será por alguna especie de trauma infantil por la que hay gente, y no poca, que busca entre sus posibles parejas a alguien que sea económicamente independiente. Cuanto más, mejor. Eso de que sean guapos, simpáticos, inteligentes, buenas personas o sean el amor de su vida queda simplemente en un segundo plano si esa persona no tiene trabajo o ingresos, no sea, por lo visto, que tengan que manenerlos. Y si encima su salario va acompañado de cierto estatus social, da igual que no sean guapos, ni simpáticos, ni inteligentes, ni buenas personas o que les den asco al poco tiempo, puesto que no tendrán que mantenerlos. Y eso es MUY importante en la vida, ¿no? Si no tienen trabajo son usados simplemente como pasatiempo hasta que aparece alguien que, casualmente, sí tiene empleo. Pero sabemos que los traumas infantiles son así de arraigados y para esas cosas a esta clase de gente supuestamente adulta no les importa comportarse como el niño pequeño que se aburre de un juguete porque aparece otro más grande o más nuevo.
He conocido padres que estudiaban a los pretendientes de sus hijos para saber si estaban bien situados, he conocido chicas que discriminaban a pretendientes por no tener posibles y he conocido pretendientes que han ido a saco a por alguien bien situado y he conocido hombres que han buscado status y dinero. Y todos lo han contado de la forma más natural, como si fuese lo más normal del mundo. Así que no podemos decir que sea una actividad de un sólo género.
Pero pasa una cosa. Esta gente que busca un nivel económico más elevado no tiene en cuenta una cosa. Que tal vez a ellos los puedan querer por lo mismo. Y siempre, siempre, hay alguien mejor situado que ellos. Y esas parejas que surgen por intereses económicos y sociales no reconocidos se rompen cuando aparece otra persona con más intereses sociales y económicos. Y luego vienen los lamentos. Pero si tú has buscado a alguien por lo que tiene o por lo que es, cómo es que te quejas si te dejan por alguien que tiene o es más que tú. Pringao. Ha-ha
.
Lo que está claro es que esta gente es mejor tenerla lejos, porque si somos lo que tenemos, nosotros somos amistad, humor, malhumor, compañía, conversación, aburrimiento o un café a media tarde, y ellos, tan magníficos, tan bien situados, son unos putos interesados y unos falsos.
Y gente así, sobra en la vida.
Qué descanso cuando desaparecen de tu vida... Qué descanso.
He conocido padres que estudiaban a los pretendientes de sus hijos para saber si estaban bien situados, he conocido chicas que discriminaban a pretendientes por no tener posibles y he conocido pretendientes que han ido a saco a por alguien bien situado y he conocido hombres que han buscado status y dinero. Y todos lo han contado de la forma más natural, como si fuese lo más normal del mundo. Así que no podemos decir que sea una actividad de un sólo género.
Pero pasa una cosa. Esta gente que busca un nivel económico más elevado no tiene en cuenta una cosa. Que tal vez a ellos los puedan querer por lo mismo. Y siempre, siempre, hay alguien mejor situado que ellos. Y esas parejas que surgen por intereses económicos y sociales no reconocidos se rompen cuando aparece otra persona con más intereses sociales y económicos. Y luego vienen los lamentos. Pero si tú has buscado a alguien por lo que tiene o por lo que es, cómo es que te quejas si te dejan por alguien que tiene o es más que tú. Pringao. Ha-ha
.
Lo que está claro es que esta gente es mejor tenerla lejos, porque si somos lo que tenemos, nosotros somos amistad, humor, malhumor, compañía, conversación, aburrimiento o un café a media tarde, y ellos, tan magníficos, tan bien situados, son unos putos interesados y unos falsos.
Y gente así, sobra en la vida.
Qué descanso cuando desaparecen de tu vida... Qué descanso.
5.7.16
El guarrazo que se avecina.
Una amiga de una amiga de mi amiga nos contaba ilusionada cómo un príncipe azul salió de la nada y se metió en su whatsapp y empezó a decirle cosas bonitas. Lo conocía de vista por ser uno de los padres del cole de su hija. Divorciado, conocido en los ambientes falleros, con buena posición... En cosa de un par de de semanas ella ya hablaba maravillas de su galán, que se desvivía por ella, que le regalaba y obsequiaba por doquier, pero ella siempre hacía hincapié en lo buenísima persona que era.
Tan buena persona, que tiene que llevarte a su apartamento en la playa con su cochazo, u otro día llevarte con su moto nueva para que veas lo buena persona que es, por supuesto. O llevarte a sitios caros a cenar, o regalarte cosas caras para que veas la pureza de su alma, por supuesto. Nada que ver su poder adquisitivo. Para nada.
Y conforme escuchaba lo que él le dice, las cosas que hace, las cosas que le escribe, dónde le pone la mano al conducir, las expresiones que usa para dirigirse a ella, a mí se me revolvieron las tripas y me entraron ganas de vomitar. Porque está claro que todas esas buenas personas que aparecen en la vida de cualquiera para llevarte a la cama dicen lo mismo, actúan igual, se comportan igual. También tengo que decir que esta chica es muy poco discreta, porque contaba hasta los detalles más íntimos. Aunque será tan discreta como él, porque sus amigos ya estarán al tanto de las veces que se ven y lo que hacen. Porque esta gente hace eso.
¿Y las ex? Unas lagartas, todas, que querían aprovecharse de él. Pobrecito, qué pena. Y se consuela contigo, que eres muy buena, y lo quieres sólo por la nobleza de su persona y no te has dejado deslumbrar por todo lo que tiene. Y vuelves a hacer hincapié en lo bellísima persona que es mientras me enseñas la foto de alguien que, si no tiene lo que tiene, seguro que ni te fijarías en él, bonita. Cuando me preguntó que qué opinaba, le dije que bueno, que era el principio, que es todo muy bonito. Me llamaron aguafiestas. Luego reconocieron que sí, que tal vez todo iba muy rápido. Pero repitieron una y otra vez lo buenisísisisisisisima gente que es.
Y yo, mientras escuchaba con el estómago revuelto y viendo lo que va a pasar antes de lo que se piensa, callaba hasta que pude preguntarle a mi amiga por ese chico, porque son de la misma falla. Y me comentó que era todo un donjuán, que tenía claro lo que quería, y que no pensaba engancharse con ninguna, que jugaba con las tías y luego las dejaba de lado.
Lo que yo había pensado.
Así que espero que la decepción que se lleve no sea demasiado grande, pero estamos a principios de verano y él no tendrá a nadie más, y durará hasta que se canse o se fije en otra. Porque esta clase de gente hace eso..
Me da lástima la muchacha por lo ciega que está.
Pero quién soy yo para decirle nada.
Tan buena persona, que tiene que llevarte a su apartamento en la playa con su cochazo, u otro día llevarte con su moto nueva para que veas lo buena persona que es, por supuesto. O llevarte a sitios caros a cenar, o regalarte cosas caras para que veas la pureza de su alma, por supuesto. Nada que ver su poder adquisitivo. Para nada.
Y conforme escuchaba lo que él le dice, las cosas que hace, las cosas que le escribe, dónde le pone la mano al conducir, las expresiones que usa para dirigirse a ella, a mí se me revolvieron las tripas y me entraron ganas de vomitar. Porque está claro que todas esas buenas personas que aparecen en la vida de cualquiera para llevarte a la cama dicen lo mismo, actúan igual, se comportan igual. También tengo que decir que esta chica es muy poco discreta, porque contaba hasta los detalles más íntimos. Aunque será tan discreta como él, porque sus amigos ya estarán al tanto de las veces que se ven y lo que hacen. Porque esta gente hace eso.
¿Y las ex? Unas lagartas, todas, que querían aprovecharse de él. Pobrecito, qué pena. Y se consuela contigo, que eres muy buena, y lo quieres sólo por la nobleza de su persona y no te has dejado deslumbrar por todo lo que tiene. Y vuelves a hacer hincapié en lo bellísima persona que es mientras me enseñas la foto de alguien que, si no tiene lo que tiene, seguro que ni te fijarías en él, bonita. Cuando me preguntó que qué opinaba, le dije que bueno, que era el principio, que es todo muy bonito. Me llamaron aguafiestas. Luego reconocieron que sí, que tal vez todo iba muy rápido. Pero repitieron una y otra vez lo buenisísisisisisisima gente que es.
Y yo, mientras escuchaba con el estómago revuelto y viendo lo que va a pasar antes de lo que se piensa, callaba hasta que pude preguntarle a mi amiga por ese chico, porque son de la misma falla. Y me comentó que era todo un donjuán, que tenía claro lo que quería, y que no pensaba engancharse con ninguna, que jugaba con las tías y luego las dejaba de lado.
Lo que yo había pensado.
Así que espero que la decepción que se lleve no sea demasiado grande, pero estamos a principios de verano y él no tendrá a nadie más, y durará hasta que se canse o se fije en otra. Porque esta clase de gente hace eso..
Me da lástima la muchacha por lo ciega que está.
Pero quién soy yo para decirle nada.
27.6.16
Inspira...
Hay gente que te estresa. No se dan cuenta, pero por la forma de hablar, de comportarse, por querer controlarlo todo o estar en todo acabas pensando que no podrías estar más tiempo con ellos sin acabar con tres infartos al acabar el día. Y cuando se alejan respiras aliviada. Qué descanso. Qué paz. Qué tranquilidad...
En cambio, hay también gente que te relaja. Por sus maneras suaves de hablar o de actuar acabas siendo contagiada por esa tranquilidad. Y detrás de una cosa, otra. Y tras un mal día viene una tarde apacible. Y tu mal humor se desvanece junto a personas así.
Y cuando apareces agobiada por cualquier tema te hace sentarte a la fresca para que disfrutes de esa brisa que se lleva tus preocupaciones. Y hace que la cerveza que te tomas te sepa mejor de lo normal. Y hace que acabes yéndote a casa hecha una balsa de aceite. Y hace que, al dormir, su respiración en tu nuca sea como un bálsamo relajante. Y su sonrisa al despertar haga que pienses que vas a tener un buen día. Y que te recuerde que casi todos los problemas tienen solución, y que acabes viendo que te ayuda sin que te des cuenta. Y que un simple beso o un simple abrazo te desestrese. Un mensaje o una foto te hace saber que no hay que dar tanta importancia a todo, sino a lo que se lo merece. O que te cambie una lámpara y te descubras contemplando cómo todo parece más fácil si lo hace él. O que vayas a su casa una tarde y acabes dándote cuenta que amanece mientras sigues despierta a su lado en el sofá.
Es agradable tener a una persona así cerca. Ha sido alguien que me ha sorprendido gratamente. Me calma. Me tranquiliza. Es contagioso eso que desprende.
Y pienso que qué afortunada será la chica que acabe con él.
Espero que no lo estropeen.
En cambio, hay también gente que te relaja. Por sus maneras suaves de hablar o de actuar acabas siendo contagiada por esa tranquilidad. Y detrás de una cosa, otra. Y tras un mal día viene una tarde apacible. Y tu mal humor se desvanece junto a personas así.
Y cuando apareces agobiada por cualquier tema te hace sentarte a la fresca para que disfrutes de esa brisa que se lleva tus preocupaciones. Y hace que la cerveza que te tomas te sepa mejor de lo normal. Y hace que acabes yéndote a casa hecha una balsa de aceite. Y hace que, al dormir, su respiración en tu nuca sea como un bálsamo relajante. Y su sonrisa al despertar haga que pienses que vas a tener un buen día. Y que te recuerde que casi todos los problemas tienen solución, y que acabes viendo que te ayuda sin que te des cuenta. Y que un simple beso o un simple abrazo te desestrese. Un mensaje o una foto te hace saber que no hay que dar tanta importancia a todo, sino a lo que se lo merece. O que te cambie una lámpara y te descubras contemplando cómo todo parece más fácil si lo hace él. O que vayas a su casa una tarde y acabes dándote cuenta que amanece mientras sigues despierta a su lado en el sofá.
Es agradable tener a una persona así cerca. Ha sido alguien que me ha sorprendido gratamente. Me calma. Me tranquiliza. Es contagioso eso que desprende.
Y pienso que qué afortunada será la chica que acabe con él.
Espero que no lo estropeen.
20.6.16
Escucha.
Me gusta escuchar a la gente.
A mí, que hablo por los codos, y siempre tengo algo qué contar o algo de qué hablar; a mí, que me las dan con queso en las dos mejillas con la mano abierta, que parezco tonta a veces... a veces me da por callar y sólo observo cómo se expresa la gente, las cosas qué dice, a las que da importancia; escucho esas frases que dejan caer una intención, una queja, una indirecta, o veo cosas que nadie más ve... hasta que se ven de tan evidentes se vuelven.
Esas cosas que suelta la gente sin querer dicen mucho de ellas. A veces no se dan cuenta de lo que realmente quieren, pero desde luego, esas divagaciones, esas ganas de llenar silencios (con lo bonitos que son a veces, la verdad) nos hacen decir cosas a veces inoportunas, insolentes, ofensivas o simplemente tan transparentes que nos muestran ante nuestros interlocutores tal y como somos.
Pero yo hablo de escuchar a los demás.
Y veo que el que se quejaba del clasismo ajeno es el primero que luego lo imparte hacia los demás. El que consigue un empleo sin esfuerzo les da a los demás charlas de lo duro que conseguir un trabajo. El que no ha tenido que preocuparse más que de estudiar en la vida habla de lo duro que ha sido salir adelante. Quien no sabe lo que es pagar una hipoteca se lamenta de lo cara que es la vida. El que tiene dinero y se queja de que apenas tiene. El que no tiene preocupaciones y se encarga de meter cizaña con los demás. El que tiene salud y exagera cualquier molestia para que le presten más atención. El que se siente inferior a sus compañeros y tiene que corregir cualquier chorrada que digan los demás para demostrar lo mucho que sabe. El que está amargado y se encarga de amargar a los demás.
Yo no sé en qué grupo estoy. Lo mismo estoy en varios y no me doy cuenta, pero desde la barrera se ven muchas cosas de los demás.
Vivimos en una época egoísta, en donde hay muy poca gente empática de verdad. Puedo contaros cientos de ejemplos de personas que, aparentemente, eran generosos, pero realmente buscaban un beneficio propio, de diferente forma. Pero gente empática, hay muy poca. Pero existen. Al igual que existe gente realista. Gente que se siente afortunada, o gente que se siente tranquila con su vida. Gente que no te quiere dar quejas de algo sabiendo que tú estás pasándolo peor y puedes ofenderte. Gente que admite su fortuna, no presume de ella y tampoco la menosprecia en una falsa modestia.
Porque la falsa modestia es asquerosa, perdonad que os diga.
Me gusta observar a la gente, escuchar lo que dice y luego ver lo que hace.
Así se les conoce realmente.
A mí, que hablo por los codos, y siempre tengo algo qué contar o algo de qué hablar; a mí, que me las dan con queso en las dos mejillas con la mano abierta, que parezco tonta a veces... a veces me da por callar y sólo observo cómo se expresa la gente, las cosas qué dice, a las que da importancia; escucho esas frases que dejan caer una intención, una queja, una indirecta, o veo cosas que nadie más ve... hasta que se ven de tan evidentes se vuelven.
Esas cosas que suelta la gente sin querer dicen mucho de ellas. A veces no se dan cuenta de lo que realmente quieren, pero desde luego, esas divagaciones, esas ganas de llenar silencios (con lo bonitos que son a veces, la verdad) nos hacen decir cosas a veces inoportunas, insolentes, ofensivas o simplemente tan transparentes que nos muestran ante nuestros interlocutores tal y como somos.
Pero yo hablo de escuchar a los demás.
Y veo que el que se quejaba del clasismo ajeno es el primero que luego lo imparte hacia los demás. El que consigue un empleo sin esfuerzo les da a los demás charlas de lo duro que conseguir un trabajo. El que no ha tenido que preocuparse más que de estudiar en la vida habla de lo duro que ha sido salir adelante. Quien no sabe lo que es pagar una hipoteca se lamenta de lo cara que es la vida. El que tiene dinero y se queja de que apenas tiene. El que no tiene preocupaciones y se encarga de meter cizaña con los demás. El que tiene salud y exagera cualquier molestia para que le presten más atención. El que se siente inferior a sus compañeros y tiene que corregir cualquier chorrada que digan los demás para demostrar lo mucho que sabe. El que está amargado y se encarga de amargar a los demás.
Yo no sé en qué grupo estoy. Lo mismo estoy en varios y no me doy cuenta, pero desde la barrera se ven muchas cosas de los demás.
Vivimos en una época egoísta, en donde hay muy poca gente empática de verdad. Puedo contaros cientos de ejemplos de personas que, aparentemente, eran generosos, pero realmente buscaban un beneficio propio, de diferente forma. Pero gente empática, hay muy poca. Pero existen. Al igual que existe gente realista. Gente que se siente afortunada, o gente que se siente tranquila con su vida. Gente que no te quiere dar quejas de algo sabiendo que tú estás pasándolo peor y puedes ofenderte. Gente que admite su fortuna, no presume de ella y tampoco la menosprecia en una falsa modestia.
Porque la falsa modestia es asquerosa, perdonad que os diga.
Me gusta observar a la gente, escuchar lo que dice y luego ver lo que hace.
Así se les conoce realmente.
2.6.16
El jardín con flores
Siempre comparo la amistad con un jardín con flores.
Es un jardín lleno de plantas y flores que no dejarán de crecer si lo cuidas, lo mimas, quitas las malas hierbas que impiden la floración o que crezcan sanas y fuertes.
Y cuando no lo riegas, no te preocupas, empiezan a crecer esas malas hierbas que lo estropean, que matan cosas buenas y sanas que viven en ese jardín. Si no riegas también muere todo lo que haya. Porque la amistad, como ese jardín, necesita un mantenimiento. A veces muy poco, porque la planta es fuerte. Otras veces necesita más cuidado porque quieres que esa planta tan delicada siga adelante y le dedicas más tiempo que a las otras. Nada de flores de temporada, no tiene por qué tener una gran variedad. Nuestro jardín puede tener pocas plantas, pero hay grandes árboles con años de antigüedad, y otros brotes que quisieron plantarse solos y son capaces de regarse solos para seguir allí. En tu jardín.
Siempre le he dado mucho valor a la amistad porque los verdaderos amigos son los que están ahí en lo bueno, en lo malo y las veces que hagan falta. Con los que compartes lágrimas, risas, grandes momentos y grandes recuerdos.
Qué suerte tengo con mi jardín y con mis flores, árboles, arbustos y verde césped.
Qué suerte tengo de poder andar descalza en él tras la tormenta.
Porque mi jardín esta vez me ha cuidado a mí.
Es un jardín lleno de plantas y flores que no dejarán de crecer si lo cuidas, lo mimas, quitas las malas hierbas que impiden la floración o que crezcan sanas y fuertes.
Y cuando no lo riegas, no te preocupas, empiezan a crecer esas malas hierbas que lo estropean, que matan cosas buenas y sanas que viven en ese jardín. Si no riegas también muere todo lo que haya. Porque la amistad, como ese jardín, necesita un mantenimiento. A veces muy poco, porque la planta es fuerte. Otras veces necesita más cuidado porque quieres que esa planta tan delicada siga adelante y le dedicas más tiempo que a las otras. Nada de flores de temporada, no tiene por qué tener una gran variedad. Nuestro jardín puede tener pocas plantas, pero hay grandes árboles con años de antigüedad, y otros brotes que quisieron plantarse solos y son capaces de regarse solos para seguir allí. En tu jardín.
Siempre le he dado mucho valor a la amistad porque los verdaderos amigos son los que están ahí en lo bueno, en lo malo y las veces que hagan falta. Con los que compartes lágrimas, risas, grandes momentos y grandes recuerdos.
Qué suerte tengo con mi jardín y con mis flores, árboles, arbustos y verde césped.
Qué suerte tengo de poder andar descalza en él tras la tormenta.
Porque mi jardín esta vez me ha cuidado a mí.
26.5.16
Lo hiciste por amor.
Has odiado el fútbol con todas tus fuerzas. Has despreciado lo que mueve, sus hinchas, sus clubs, sus colores, y ahora porque sales con alguien que AMA hasta el escudo de su equipo te conviertes en más futbolero que nadie, más hincha de su club que el socio nº1, más que la mascota, la bandera y el presidente. Porque lo haces por amor.
Siempre has sido un desapegao (o desapegada) de la política. Pero ahora como tu churri es una persona más que comprometida con un partido o una ideología ahora te afilias a él o asistes a todo evento que se organiza, porque has descubierto que tu vida no tenía sentido antes de conocer a tu churri, que ese partido o esa ideología es lo que te llena realmente, y lo hará hasta que cambies de persona con la que salgas. Porque lo haces por amor.
Siempre te ha gustado una determinada música. Y gracias a tu churri ahora dejas de lado tus gustos y te empapas de música que antes ignorabas o despreciabas porque esa persona con la que estás ha conseguido abrirte los ojos en materia musical, que tus tristes oídos antes no disfrutaban. Porque por amor has descubierto nuevos horizontes melódicos.
Has despreciado cierto deporte, siempre has dicho que lo odiabas, que como tu churri sí practica ahora resulta que compites como si te fuera la vida en ello, porque también descubres que no podías vivir sin él, oye. Por amor, ya tú sabeh.
Hay que ver lo que haces por amor.
Ser servil. Sin personalidad.
Allá tú.
Porque eso, en mi pueblo, no es amor, es otra cosa ;)
Siempre has sido un desapegao (o desapegada) de la política. Pero ahora como tu churri es una persona más que comprometida con un partido o una ideología ahora te afilias a él o asistes a todo evento que se organiza, porque has descubierto que tu vida no tenía sentido antes de conocer a tu churri, que ese partido o esa ideología es lo que te llena realmente, y lo hará hasta que cambies de persona con la que salgas. Porque lo haces por amor.
Siempre te ha gustado una determinada música. Y gracias a tu churri ahora dejas de lado tus gustos y te empapas de música que antes ignorabas o despreciabas porque esa persona con la que estás ha conseguido abrirte los ojos en materia musical, que tus tristes oídos antes no disfrutaban. Porque por amor has descubierto nuevos horizontes melódicos.
Has despreciado cierto deporte, siempre has dicho que lo odiabas, que como tu churri sí practica ahora resulta que compites como si te fuera la vida en ello, porque también descubres que no podías vivir sin él, oye. Por amor, ya tú sabeh.
Hay que ver lo que haces por amor.
Ser servil. Sin personalidad.
Allá tú.
Porque eso, en mi pueblo, no es amor, es otra cosa ;)
9.5.16
:-)
No sé qué he hecho, ni qué he dicho, ni qué hice, o qué dije.
No sé en qué se ha fijado en mí, ni qué tengo de especial para sus ojos.
No sé qué encanto le ha fascinado, ni qué momento fue el que me hizo tan diferente.
No sé por qué soy tan apreciada y tan distinguida.
Pero sea lo que sea lo que haya visto en mí espero que nunca deje de verlo.
No sé en qué se ha fijado en mí, ni qué tengo de especial para sus ojos.
No sé qué encanto le ha fascinado, ni qué momento fue el que me hizo tan diferente.
No sé por qué soy tan apreciada y tan distinguida.
Pero sea lo que sea lo que haya visto en mí espero que nunca deje de verlo.
3.5.16
Un mundo mágico, amigo.
Calvin es un niño que aparece en una tira cómica creada por Bill Watterson. Calvin tiene un tigre de peluche, al que trata como si fuese real. Calvin tiene una imaginación tan grande como el sarcasmo de Hobbes. Pero se quieren, y juntos estuvieron entreteniendo a los lectores durante años, hasta que Watterson, el autor, decidió que el rumbo que tomaría con sus personajes no iba a ser el mismo que los que se enriquecieron y quemaron los suyos.
Así que decidió dejar de dibujarlos, y sus historias, que nunca continuaron, quedan en nuestra retina y en nuestro recuerdo.
Persona con principios y con palabra donde las haya, ¿eh?
Deberíamos aprender de él.
Calvin y Hobbes tenían razón, hay un mundo mágico que explorar...
26.4.16
Nada es verdad...
¿Os han dicho alguna vez algo contradictorio el mismo día? ¿Os han felicitado por vuestro trabajo y al rato alguien os ha dicho todo lo contrario? Pues eso me ha pasado a mí, con mi aspecto. Y siempre, siempre, recordad, depende de los ojos con los que te miran.
No sé qué pasa, si es por el corte, por la humedad adecuada en el ambiente o por la longitud, pero me están diciendo que tengo un pelo muy bonito, que si mi rizo es muy bonito, que si me hago algo, pues no, la verdad, pues chica, qué bonito tu rizo. Ni que yo fuese la hermana morena de Shirley Temple, pero bueno. Gracias. Y otro día, chica, qué pelo tan bonito tienes, huy, gracias, pues sí, la verdad, muy bonito, te queda muy bien, no te lo dejes más largo. Y llega otra persona que alaba mi cabello digno de un anuncio pantene. Pero llega otra y me dice que vaya pelos llevo, que si no podía hacerme algo, cortármelo de otra manera o tal y cual. Menos mal que sé que mi pelo está estupendo, pero también sé que no llevo el pelo como le gustaría, por eso me da quejas.
Al darme el sol más de lo normal en mí, luzco un moreno bastante bonito e inusual. Salen pecas, ya empiezan a salir ciertas manchas, pero oye, que me veo con buena cara. Y llega alguien que me dice: oye, tú estás muy guapa, ¿no? Huy, gracias. Y llega otra persona. No sé qué te pasa, pero te veo muy guapa últimamente. Ay, gracias, es agradable que te digan eso. Y llega otra persona diferente. Nena, qué bien te veo, estás estupenda. Ay, gracias. Mi ego llega a las dos partes de la calle y yo sin moverme del sitio, toma ya. Y en esto llega otra persona, la misma que he comentado antes y me dice que tengo cara pedo, que debería maquillarme un poco, que si estoy pálida... Pero yo hace tiempo que no hago caso porque paqué.
Y he adelgazado. Ahora uso tallas antes impensables para mí después de los 20 años, por lo que me puedo poner lo que quiera y me queda bien encima. Y es una suerte poder comprarte lo que sea y podértelo poner (snif, os juro que eso me emociona). Y al cambiar de talla, cambias de vestuario, por lo que tu ropa es más ajustada, y ya que estamos, de colores más alegres. Y te dicen lo bienísimamente que te ven, los estupendísimamente que estás y lo megahiperbien que te queda todo. Huy, gracias, dices. Si todo el mundo dice que me ven muy bien, será porque lo estoy, y no sólo porque yo me vea bien. Y llega quien ya sabemos y me dice que vaya ropa llevo más fea/ancha/estrecha/etc y que debería ponerme (ponga aquí lo que quiere que me ponga). Ha ha ha ha.
Y así, con TODO.
Bueno, creo que he dejado claro que todo depende de los ojos con los que te miran.
Así que, amiguitos, pensad que Ramón de Campoamor ya nos lo advirtió en sus versos:
No sé qué pasa, si es por el corte, por la humedad adecuada en el ambiente o por la longitud, pero me están diciendo que tengo un pelo muy bonito, que si mi rizo es muy bonito, que si me hago algo, pues no, la verdad, pues chica, qué bonito tu rizo. Ni que yo fuese la hermana morena de Shirley Temple, pero bueno. Gracias. Y otro día, chica, qué pelo tan bonito tienes, huy, gracias, pues sí, la verdad, muy bonito, te queda muy bien, no te lo dejes más largo. Y llega otra persona que alaba mi cabello digno de un anuncio pantene. Pero llega otra y me dice que vaya pelos llevo, que si no podía hacerme algo, cortármelo de otra manera o tal y cual. Menos mal que sé que mi pelo está estupendo, pero también sé que no llevo el pelo como le gustaría, por eso me da quejas.
Al darme el sol más de lo normal en mí, luzco un moreno bastante bonito e inusual. Salen pecas, ya empiezan a salir ciertas manchas, pero oye, que me veo con buena cara. Y llega alguien que me dice: oye, tú estás muy guapa, ¿no? Huy, gracias. Y llega otra persona. No sé qué te pasa, pero te veo muy guapa últimamente. Ay, gracias, es agradable que te digan eso. Y llega otra persona diferente. Nena, qué bien te veo, estás estupenda. Ay, gracias. Mi ego llega a las dos partes de la calle y yo sin moverme del sitio, toma ya. Y en esto llega otra persona, la misma que he comentado antes y me dice que tengo cara pedo, que debería maquillarme un poco, que si estoy pálida... Pero yo hace tiempo que no hago caso porque paqué.
Y he adelgazado. Ahora uso tallas antes impensables para mí después de los 20 años, por lo que me puedo poner lo que quiera y me queda bien encima. Y es una suerte poder comprarte lo que sea y podértelo poner (snif, os juro que eso me emociona). Y al cambiar de talla, cambias de vestuario, por lo que tu ropa es más ajustada, y ya que estamos, de colores más alegres. Y te dicen lo bienísimamente que te ven, los estupendísimamente que estás y lo megahiperbien que te queda todo. Huy, gracias, dices. Si todo el mundo dice que me ven muy bien, será porque lo estoy, y no sólo porque yo me vea bien. Y llega quien ya sabemos y me dice que vaya ropa llevo más fea/ancha/estrecha/etc y que debería ponerme (ponga aquí lo que quiere que me ponga). Ha ha ha ha.
Y así, con TODO.
Bueno, creo que he dejado claro que todo depende de los ojos con los que te miran.
Así que, amiguitos, pensad que Ramón de Campoamor ya nos lo advirtió en sus versos:
Y es que en el mundo traidor
nada es verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira
25.4.16
Tú no eres.
A lo largo de la vida me he encontrado personas que, por diferentes circunstancias, estaban en lo más profundo de un pozo, o camino a ello. Gente que se hundía en un mal momento, incapaz de reaccionar o de creer que podía superarlo, y me han dado penita, siempre me dan, y en esos momentos hago lo que siempre hago: brindarles mi compañía y apoyo hasta que se encuentran mejor.
Pero pasa una cosa con algunos de ellos. Que no lo aprecian.
No lo aprecian porque mientras están mal saben que estás ahí preocupándote por ellos, implicándote, animándoles, pero en el momento en el que están mejor olvidan que estuviste ahí cuando, tal vez, nadie más estuvo. Aguantaste desplantes, palabras duras, quejas, cuando pensaste que era por los malos momentos que pasaban, pero realmente es porque no eres tú quien quisieran que estuviera ahí. Es como si te tuvieras que esforzar más por ser merecedor de sus gratitudes y simpatías, cuando realmente lo hiciste por simple empatía.
Desprecian cuanto haces, ningunean tu persona, y luego por detrás se burlan de lo que has hecho por ellos, cuando no ganabas nada ayudándoles, sólo era pena por ellos. Y todo es porque la persona que tal vez causó la suya no estaba ahí volviendo a ellos, tal como desean y no se dan cuenta.
¿Y qué se puede hacer?
Nada. No se puede hacer absolutamente nada. Porque hay gente así de ingrata, de desagradecida, de retorcida, para querer tenerte ahí pero quejarse si no lo estás. Malas personas que por delante te lloran y por detrás te insultan o se burlan de ti.
Pero tú no tienes la culpa.
Querer ser buena persona desinteresadamente es lo que tiene, que puedes encontrarte a esta clase de gente que paga contigo lo que no se atreve con la persona que causó sus males. No se atreven a decirles a ellas lo que te dicen a ti. No son capaces de decirles sus quejas, sus lamentos y sus reproches a alguien que los ha causado, pero sí a ti.
No eres quien ha causado tanto odio ni tanta rabia, y has ayudado a gente que no se lo mereció. Pero acuérdate del karma y aléjate de ellos porque ni te merecen, ni te aprecian ni lo mereces tú.
Usando un símil, todos recogeremos lo que sembramos. Y ellos también.
Así que date media vuelta y aléjate de donde no te quieren.
Pero pasa una cosa con algunos de ellos. Que no lo aprecian.
No lo aprecian porque mientras están mal saben que estás ahí preocupándote por ellos, implicándote, animándoles, pero en el momento en el que están mejor olvidan que estuviste ahí cuando, tal vez, nadie más estuvo. Aguantaste desplantes, palabras duras, quejas, cuando pensaste que era por los malos momentos que pasaban, pero realmente es porque no eres tú quien quisieran que estuviera ahí. Es como si te tuvieras que esforzar más por ser merecedor de sus gratitudes y simpatías, cuando realmente lo hiciste por simple empatía.
Desprecian cuanto haces, ningunean tu persona, y luego por detrás se burlan de lo que has hecho por ellos, cuando no ganabas nada ayudándoles, sólo era pena por ellos. Y todo es porque la persona que tal vez causó la suya no estaba ahí volviendo a ellos, tal como desean y no se dan cuenta.
¿Y qué se puede hacer?
Nada. No se puede hacer absolutamente nada. Porque hay gente así de ingrata, de desagradecida, de retorcida, para querer tenerte ahí pero quejarse si no lo estás. Malas personas que por delante te lloran y por detrás te insultan o se burlan de ti.
Pero tú no tienes la culpa.
Querer ser buena persona desinteresadamente es lo que tiene, que puedes encontrarte a esta clase de gente que paga contigo lo que no se atreve con la persona que causó sus males. No se atreven a decirles a ellas lo que te dicen a ti. No son capaces de decirles sus quejas, sus lamentos y sus reproches a alguien que los ha causado, pero sí a ti.
No eres quien ha causado tanto odio ni tanta rabia, y has ayudado a gente que no se lo mereció. Pero acuérdate del karma y aléjate de ellos porque ni te merecen, ni te aprecian ni lo mereces tú.
Usando un símil, todos recogeremos lo que sembramos. Y ellos también.
Así que date media vuelta y aléjate de donde no te quieren.
14.4.16
No era sólo una fotografía.
Tengo muchas fotos tuyas de épocas divertidas y de momentos en el que el estilismo nos había abandonado por completo. Aparecemos sonrientes, relajadas, en varios sitios, a lo largo de los años. Veo nuestra evolución, nuestras pintas, nuestros amigos, que van cambiando con el tiempo. La de anécdotas que tenemos, la de sitios que visitamos, la de gente que conocimos... Y todo seguía su curso, incluso la vida, que nos separó un poco a todos, cada uno por su lado. Casualidades del destino, coincidí con ella por última vez en un autobús camino al trabajo en la gran ciudad, con la de líneas que hay... Decidimos llegar tarde para hablar un poco más, teníamos cosas qué contarnos, que hacía tiempo que no nos veíamos.
Yo no sabía que iba a ser la última vez que la vería. Bueno, la penúltima.
La última vez fue en un periódico, cuando una noticia espeluznante contaba su muerte. Al verla sentí un escalofrío. No puede ser, cómo puede haber pasado...Y allí estaba ella en la foto, con su gran sonrisa y esos ojillos tan alegres, como ella era. Y te llamé para contarte la noticia. Y te quedaste de piedra, sin comprender por qué una persona se puede ir tan pronto de este mundo y de esa manera tan absurda.
Entre las fotos que hice hay una en la que salís las dos en tu coche, posando para mí. Es una foto bonita, alegre, como ese día que inmortalicé en esa instantánea. Dos jóvenes con apenas veinte años, un fin de semana volviendo a casa tras pasar el día por ahí. Durante muchos años, todos estos, he guardado la foto siempre pensando que te la tenía que dar.
Hoy te la he dado, sabiendo que te iba a gustar tenerla. Primero, no sabías que existía esa foto, y segundo, he visto cómo te ha salido una sonrisa al verla. Te has emocionado al recordar a nuestra vieja amiga que hace tanto tiempo que se fue y nos hemos reído recordando esos tiempos, lo bien que nos lo pasábamos.
Me has dado las gracias por la foto. Y me alegro haberte dado algo que te haya hecho sonreír.
No era sólo una foto. Era vuestra foto. Y ahora sólo es tuya.
Yo no sabía que iba a ser la última vez que la vería. Bueno, la penúltima.
La última vez fue en un periódico, cuando una noticia espeluznante contaba su muerte. Al verla sentí un escalofrío. No puede ser, cómo puede haber pasado...Y allí estaba ella en la foto, con su gran sonrisa y esos ojillos tan alegres, como ella era. Y te llamé para contarte la noticia. Y te quedaste de piedra, sin comprender por qué una persona se puede ir tan pronto de este mundo y de esa manera tan absurda.
Entre las fotos que hice hay una en la que salís las dos en tu coche, posando para mí. Es una foto bonita, alegre, como ese día que inmortalicé en esa instantánea. Dos jóvenes con apenas veinte años, un fin de semana volviendo a casa tras pasar el día por ahí. Durante muchos años, todos estos, he guardado la foto siempre pensando que te la tenía que dar.
Hoy te la he dado, sabiendo que te iba a gustar tenerla. Primero, no sabías que existía esa foto, y segundo, he visto cómo te ha salido una sonrisa al verla. Te has emocionado al recordar a nuestra vieja amiga que hace tanto tiempo que se fue y nos hemos reído recordando esos tiempos, lo bien que nos lo pasábamos.
Me has dado las gracias por la foto. Y me alegro haberte dado algo que te haya hecho sonreír.
No era sólo una foto. Era vuestra foto. Y ahora sólo es tuya.
4.4.16
A veces todo va bien
Las cosas a veces van tan mal que me da miedo preguntarle a la gente que cómo le va. Paro, muertes, enfermedades y desgracias varias salpican la vida de los demás, pero está bien preguntar para que vean que te preocupas por ellos, que hace tiempo que no hablamos y no está de más saber uno del otro.
Y entre tantas maluras y desastres, aparece alguien te dice que le va bien. Y te enumera, compartiendo contigo, los motivos de su felicidad. Buena suerte, gran futuro, gran compañía, grandes proyectos, bebés a la vista e, incluso como me dijo alguien, un premio de la lotería bastante suculento.
Y yo pienso: anda, pero si a la gente le puede ir bien, y yo con miedo a preguntarles. Qué tonta soy a veces.
Y me alegro, qué narices. Me alegra saber que alguien es feliz en este momento, que disfruta de un momento dulce, de una ilusión, de una época divertida o de un gran momento personal. Y me alegro porque hay esperanza entre tanta amargura, entre tanta tristeza, entre tanta desolación.
Y el que se amargue por la felicidad de otro, tiene un problema, y grande.
Y entre tantas maluras y desastres, aparece alguien te dice que le va bien. Y te enumera, compartiendo contigo, los motivos de su felicidad. Buena suerte, gran futuro, gran compañía, grandes proyectos, bebés a la vista e, incluso como me dijo alguien, un premio de la lotería bastante suculento.
Y yo pienso: anda, pero si a la gente le puede ir bien, y yo con miedo a preguntarles. Qué tonta soy a veces.
Y me alegro, qué narices. Me alegra saber que alguien es feliz en este momento, que disfruta de un momento dulce, de una ilusión, de una época divertida o de un gran momento personal. Y me alegro porque hay esperanza entre tanta amargura, entre tanta tristeza, entre tanta desolación.
Y el que se amargue por la felicidad de otro, tiene un problema, y grande.
30.3.16
No huyas
Nada como enfrentarte a tus miedos, a tus problemas, para saber de qué material estás hecho.
Nada como dar la cara y saber que a veces el miedo está en tu imaginación.
Puede ser que no reacciones de la manera más elegante pero huír o evitar las cosas no es la solución. Las cosas se hablan, se cuentan, se afrontan.
Pobre del que sólo huya. Pobre del que sólo cause problemas.
Tomo aire, suspiro, y espero a que vengan mientras los veo llegar. A veces no son nada, una nimiedad sin importancia. Otras veces son tan grandes como mi imaginación. Otras veces me superan. Y otras, que son casi todas, soy yo la que corro hacia ellos para plantarles cara y terminar con ello de una vez por todas. Pero siempre, siempre, acabo saliendo de una manera u otra.
Y esta vez tengo entrada en primera fila en varios eventos, a mi pesar.
No huiré esta vez tampoco, aunque haya cosas que haya evitado durante un tiempo. Para qué.
Lo que tenga que ser, será.
Nada como dar la cara y saber que a veces el miedo está en tu imaginación.
Puede ser que no reacciones de la manera más elegante pero huír o evitar las cosas no es la solución. Las cosas se hablan, se cuentan, se afrontan.
Pobre del que sólo huya. Pobre del que sólo cause problemas.
Tomo aire, suspiro, y espero a que vengan mientras los veo llegar. A veces no son nada, una nimiedad sin importancia. Otras veces son tan grandes como mi imaginación. Otras veces me superan. Y otras, que son casi todas, soy yo la que corro hacia ellos para plantarles cara y terminar con ello de una vez por todas. Pero siempre, siempre, acabo saliendo de una manera u otra.
Y esta vez tengo entrada en primera fila en varios eventos, a mi pesar.
No huiré esta vez tampoco, aunque haya cosas que haya evitado durante un tiempo. Para qué.
Lo que tenga que ser, será.
29.3.16
Mensajes en una servilleta
¿Leéis los mensajes que ponen en los sobres de azúcar? Yo sí. Y algunos son geniales.
Pues ahora una servilleta me muestra un mensaje. No me ha hecho recordar nada en especial, ni a nadie. Sólo me ha hecho sonreír.
Pero como consejo, es bueno. Me ha recordado un tweet, que venía a decir algo como Que sea un buen recuerdo, o que sea una buena lección.
Me gusta ver la belleza en las pequeñas cosas. Y a veces, aprendes de ellas.
23.3.16
De la cobardía y de otras historias
Soy un imán para la gente con problemas de pareja. Yo creo que no hay nadie en este mundo que no haya confiado en mí para despotricar contra su pareja, o su expareja, contando desde las tonterías más superficiales hasta las intimidades más sonrojantes. Y todos, sin excepción, no se dan cuenta de que están conviviendo con una persona que no es como ellos quieren. Ninguno quiere adaptarse al otro, nadie cede, y todos dejan pasar el tiempo en una relación que es más apariencia que otra cosa. Postureo. La soledad no quema, ni escuece.
No me quiere, no me hace caso, no sale conmigo, no le gusta lo que hago, no quiere que haga esto, he dejado de hacer esto por él/ella.
Imbéciles.
No eches la culpa a otra persona de las cosas que ya no haces porque no le gusten o le sienten mal. No culpes a tu pareja o expareja de tus fracasos, dejando de lado de cosas antes placenteras para ti. Todos hemos pasado por esa fase, así que sé de lo que hablo. Por delante de esa persona o discutes o acabas dejando que el tiempo pase. Por detrás la pones a parir delante de quien sea.
Imbéciles.
Y luego resulta que te comparan con ellos/as. Que tú eres diferente, que le hablo de ti, que tú tal y cual y más allá. Y no se dan cuenta de que yo fui la imbécil de alguien tiempo atrás. Y, como son mis amigos, les digo lo que no quieren escuchar.
Cobardes. El primer paso es el más difícil, sobretodo cuando hay convivencia. Pero el miedo a la soledad es tan fuerte que la gente acepta situaciones lamentables, indiferencias, renuncias y amenazas de enfado con tal de no perder a su churri.
La próxima vez invéntante otra excusa de por qué ya no haces lo que te gusta, porque a medida que avanza la conversación acaba saliendo. Imbécil.
Y no le eches la culpa a tu pareja.
Cobarde.
No me quiere, no me hace caso, no sale conmigo, no le gusta lo que hago, no quiere que haga esto, he dejado de hacer esto por él/ella.
Imbéciles.
No eches la culpa a otra persona de las cosas que ya no haces porque no le gusten o le sienten mal. No culpes a tu pareja o expareja de tus fracasos, dejando de lado de cosas antes placenteras para ti. Todos hemos pasado por esa fase, así que sé de lo que hablo. Por delante de esa persona o discutes o acabas dejando que el tiempo pase. Por detrás la pones a parir delante de quien sea.
Imbéciles.
Y luego resulta que te comparan con ellos/as. Que tú eres diferente, que le hablo de ti, que tú tal y cual y más allá. Y no se dan cuenta de que yo fui la imbécil de alguien tiempo atrás. Y, como son mis amigos, les digo lo que no quieren escuchar.
Cobardes. El primer paso es el más difícil, sobretodo cuando hay convivencia. Pero el miedo a la soledad es tan fuerte que la gente acepta situaciones lamentables, indiferencias, renuncias y amenazas de enfado con tal de no perder a su churri.
La próxima vez invéntante otra excusa de por qué ya no haces lo que te gusta, porque a medida que avanza la conversación acaba saliendo. Imbécil.
Y no le eches la culpa a tu pareja.
Cobarde.
21.3.16
Capítulo 21.
–Buenos días –dijo el zorro.
–Buenos días –respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
–Estoy acá, –dijo la voz –bajo el manzano...
–¿Quién eres? –dijo el Principito–. Eres muy lindo...
–Soy un zorro –dijo el zorro.
–Ven a jugar conmigo –le propuso el Principito–. ¡Estoy tan triste!...
–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado.
–¡Ah! Perdón – dijo el Principito.
Pero después de reflexionar agregó:
–¿Qué significa “domesticar”?
–No eres de aquí –dijo el zorro–. ¿qué buscas?
–Busco a los hombres –dijo el Principito–. ¿Qué significa “domesticar”?
–Los hombres –dijo el zorro– tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interes. ¿Buscas gallinas?
–No –díjo el Principito–. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? –volvió a preguntar el Principito–.
–Es una cosa ya olvidada –dijo el zorro–, significa “crear lazos”.
–¿Crear lazos?
–Si –dijo el zorro–. Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.
–Empiezo a comprender –dijo el Principito–. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
–Es posible –dijo el zorro–. ¡En la tierra se ve toda clase de cosas...!
–¡Oh! No es en la tierra –dijo el Principito–.
El zorro pareció intrigado: –¿En otro planeta?
–Sí.
–¿Hay cazadores en ese planeta?
–No –¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
–No
–No hay nada perfecto –suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
–Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil.
Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro calló y miró largo rato al Principito:
–¡Por favor... domestícame! –dijo.
–Bien lo quisiera –respondió el Principito–, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
–Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro–. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos, ¡domestícame!
–¿Qué hay que hacer? –dijo el Principito–. Hay que ser muy paciente –respondió el zorro–. Te sentarás al principió un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca.
–Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro–. Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avancé la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué horas preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
–¿Qué es un rito? –dijo el Principito–.
–Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días: una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme por la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el Principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida: –¡Ah!... –dijo el zorro–. Voy a llorar.
–Tuya es la culpa –dijo el Principito–. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara.
–Sí –dijo el zorro–.
–¡Pero vas a llorar! –dijo el Principito–. –Sí –dijo el zorro.
–Entonces, no ganas nada.
–Gano –dijo el zorro –, por el color del trigo.
Luego agregó:
–Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El Principito se fue a ver nuevamente las rosas:
–No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún –les dijo–. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
–Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo–. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa que abrigue con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté. Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces callarse. Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
–Adiós –dijo.
–Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
–Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el Principito, a fin de acordarse.
–El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
–El tiempo que perdí por mi rosa... –dijo el Principito, a fin de acordarse.
–Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.
–Soy responsable de mi rosa... –repitió el Principito, a fin de acordarse.
–Buenos días –respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.
–Estoy acá, –dijo la voz –bajo el manzano...
–¿Quién eres? –dijo el Principito–. Eres muy lindo...
–Soy un zorro –dijo el zorro.
–Ven a jugar conmigo –le propuso el Principito–. ¡Estoy tan triste!...
–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado.
–¡Ah! Perdón – dijo el Principito.
Pero después de reflexionar agregó:
–¿Qué significa “domesticar”?
–No eres de aquí –dijo el zorro–. ¿qué buscas?
–Busco a los hombres –dijo el Principito–. ¿Qué significa “domesticar”?
–Los hombres –dijo el zorro– tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interes. ¿Buscas gallinas?
–No –díjo el Principito–. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? –volvió a preguntar el Principito–.
–Es una cosa ya olvidada –dijo el zorro–, significa “crear lazos”.
–¿Crear lazos?
–Si –dijo el zorro–. Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.
–Empiezo a comprender –dijo el Principito–. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...
–Es posible –dijo el zorro–. ¡En la tierra se ve toda clase de cosas...!
–¡Oh! No es en la tierra –dijo el Principito–.
El zorro pareció intrigado: –¿En otro planeta?
–Sí.
–¿Hay cazadores en ese planeta?
–No –¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?
–No
–No hay nada perfecto –suspiró el zorro.
Pero el zorro volvió a su idea:
–Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil.
Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro calló y miró largo rato al Principito:
–¡Por favor... domestícame! –dijo.
–Bien lo quisiera –respondió el Principito–, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
–Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro–. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos, ¡domestícame!
–¿Qué hay que hacer? –dijo el Principito–. Hay que ser muy paciente –respondió el zorro–. Te sentarás al principió un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca.
–Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro–. Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avancé la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué horas preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
–¿Qué es un rito? –dijo el Principito–.
–Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días: una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme por la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el Principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida: –¡Ah!... –dijo el zorro–. Voy a llorar.
–Tuya es la culpa –dijo el Principito–. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara.
–Sí –dijo el zorro–.
–¡Pero vas a llorar! –dijo el Principito–. –Sí –dijo el zorro.
–Entonces, no ganas nada.
–Gano –dijo el zorro –, por el color del trigo.
Luego agregó:
–Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.
El Principito se fue a ver nuevamente las rosas:
–No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún –les dijo–. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Y las rosas se sintieron bien molestas.
–Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo–. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa que abrigue con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté. Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces callarse. Puesto que ella es mi rosa.
Y volvió hacia el zorro:
–Adiós –dijo.
–Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
–Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el Principito, a fin de acordarse.
–El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
–El tiempo que perdí por mi rosa... –dijo el Principito, a fin de acordarse.
–Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.
–Soy responsable de mi rosa... –repitió el Principito, a fin de acordarse.
(El Principito, Antoine de Saint-Exupéry)
17.3.16
A mi vera.
Llevo una temporada bastante mala. Mala no, lo siguiente. Y aunque por aquí descargue algo de mis penitas (no lo voy a hacer porque nunca sé quién está leyendo) en la vida real intento ponerme mi sonrisa y seguir adelante. Y bromeo, y juego, y me río, pero a veces me satura todo porque hay temporadas, y todos las tenemos, que son muy difíciles.
Y he recurrido a la gente que me importa. Y su comportamiento ha sido de lo más variado.
Unos han sido indiferentes. Otros han sido puntualmente atentos. Otros se han desbordado hacia mí. Y todos ellos me han hecho ver lo que les importo. Porque han hecho más los que han querido que los que han podido. Porque los he necesitado y algunos no han estado. Ni se han preocupado por mí, he tenido que ser yo la que he preguntado cómo estaban. Y otros, aunque también he preguntado yo, han estado más cerca de lo que han estado otros físicamente. Y algunos han estado ahí, siempre, y yo no me daba cuenta. Y, lo más gracioso, es que los que no han estado ni se han molestado por mí se ofenden si no acudo cuando son ellos los que llaman para, por ejemplo, tomar una puta cerveza.
Es una mierda estar mal y ves que todo va mal, y que la cosa puede empeorar hasta límites insospechados, y sabes que esto puede ir a peor -a mucho peor-, y sólo piensas en aguantar el chaparrón, que ya vendrán tiempos mejores y en que puedes confiar en cierta gente que está ahí, pase lo que pase. Espero haber estado a la altura de las circunstancias cuando me necesitaron. Porque otros me tuvieron cuando estaban mal y ahora no los he visto cerca. Y esos no son amigos, ni lo fueron.
Mientras los días pasan, unos tras otros, voy con mi sonrisilla para que vean que estoy bien, aunque por detrás recurra a algunas personas y pida algo de ayuda o atención. Porque nadie quiere personas tristes, pero tus verdaderos amigos son los que están a tu vera cuando lo pasas mal.
Volverán mejores tiempos. Porque la vida es una montaña rusa en la que por mucho que subas un día bajas de golpe. Y aunque estés bajando, sabes que acabarás subiendo, o parando.
Y yo he visto quién quiere estar conmigo en esa montaña rusa. Y me siento afortunada por tenerlos porque estos amigos no los tiene todo el mundo.
Y he recurrido a la gente que me importa. Y su comportamiento ha sido de lo más variado.
Unos han sido indiferentes. Otros han sido puntualmente atentos. Otros se han desbordado hacia mí. Y todos ellos me han hecho ver lo que les importo. Porque han hecho más los que han querido que los que han podido. Porque los he necesitado y algunos no han estado. Ni se han preocupado por mí, he tenido que ser yo la que he preguntado cómo estaban. Y otros, aunque también he preguntado yo, han estado más cerca de lo que han estado otros físicamente. Y algunos han estado ahí, siempre, y yo no me daba cuenta. Y, lo más gracioso, es que los que no han estado ni se han molestado por mí se ofenden si no acudo cuando son ellos los que llaman para, por ejemplo, tomar una puta cerveza.
Es una mierda estar mal y ves que todo va mal, y que la cosa puede empeorar hasta límites insospechados, y sabes que esto puede ir a peor -a mucho peor-, y sólo piensas en aguantar el chaparrón, que ya vendrán tiempos mejores y en que puedes confiar en cierta gente que está ahí, pase lo que pase. Espero haber estado a la altura de las circunstancias cuando me necesitaron. Porque otros me tuvieron cuando estaban mal y ahora no los he visto cerca. Y esos no son amigos, ni lo fueron.
Mientras los días pasan, unos tras otros, voy con mi sonrisilla para que vean que estoy bien, aunque por detrás recurra a algunas personas y pida algo de ayuda o atención. Porque nadie quiere personas tristes, pero tus verdaderos amigos son los que están a tu vera cuando lo pasas mal.
Volverán mejores tiempos. Porque la vida es una montaña rusa en la que por mucho que subas un día bajas de golpe. Y aunque estés bajando, sabes que acabarás subiendo, o parando.
Y yo he visto quién quiere estar conmigo en esa montaña rusa. Y me siento afortunada por tenerlos porque estos amigos no los tiene todo el mundo.
11.3.16
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