25.4.16

Tú no eres.

A lo largo de la vida me he encontrado personas que, por diferentes circunstancias, estaban en lo más profundo de un pozo, o camino a ello. Gente que se hundía en un mal momento, incapaz de reaccionar o de creer que podía superarlo, y me han dado penita, siempre me dan, y en esos momentos hago lo que siempre hago: brindarles mi compañía y apoyo hasta que se encuentran mejor.

Pero pasa una cosa con algunos de ellos. Que no lo aprecian.

No lo aprecian porque mientras están mal saben que estás ahí preocupándote por ellos, implicándote, animándoles, pero en el momento en el que están mejor olvidan que estuviste ahí cuando, tal vez, nadie más estuvo. Aguantaste desplantes, palabras duras, quejas, cuando pensaste que era por los malos momentos que pasaban, pero realmente es porque no eres tú quien quisieran que estuviera ahí. Es como si te tuvieras que esforzar más por ser merecedor de sus gratitudes y simpatías, cuando realmente lo hiciste por simple empatía.

Desprecian cuanto haces, ningunean tu persona, y luego por detrás se burlan de lo que has hecho por ellos, cuando no ganabas nada ayudándoles, sólo era pena por ellos. Y todo es porque la persona que tal vez causó la suya no estaba ahí volviendo a ellos, tal como desean y no se dan cuenta.

¿Y qué se puede hacer?

Nada. No se puede hacer absolutamente nada. Porque hay gente así de ingrata, de desagradecida, de retorcida, para querer tenerte ahí pero quejarse si no lo estás. Malas personas que por delante te lloran y por detrás te insultan o se burlan de ti.

Pero tú no tienes la culpa.

Querer ser buena persona desinteresadamente es lo que tiene, que puedes encontrarte a esta clase de gente que paga contigo lo que no se atreve con la persona que causó sus males. No se atreven a decirles a ellas lo que te dicen a ti. No son capaces de decirles sus quejas, sus lamentos y sus reproches a alguien que los ha causado, pero sí a ti.

No eres quien ha causado tanto odio ni tanta rabia, y has ayudado a gente que no se lo mereció. Pero acuérdate del karma y aléjate de ellos porque ni te merecen, ni te aprecian ni lo mereces tú.

Usando un símil, todos recogeremos lo que sembramos. Y ellos también.

Así que date media vuelta y aléjate de donde no te quieren.

14.4.16

No era sólo una fotografía.

Tengo muchas fotos tuyas de épocas divertidas y de momentos en el que el estilismo nos había abandonado por completo. Aparecemos sonrientes, relajadas, en varios sitios, a lo largo de los años. Veo nuestra evolución, nuestras pintas, nuestros amigos, que van cambiando con el tiempo. La de anécdotas que tenemos, la de sitios que visitamos, la de gente que conocimos... Y todo seguía su curso, incluso la vida, que nos separó un poco a todos, cada uno por su lado. Casualidades del destino, coincidí con ella por última vez en un autobús camino al trabajo en la gran ciudad, con la de líneas que hay... Decidimos llegar tarde para hablar un poco más, teníamos cosas qué contarnos, que hacía tiempo que no nos veíamos.

Yo no sabía que iba a ser la última vez que la vería. Bueno, la penúltima.

La última vez fue en un periódico, cuando una noticia espeluznante contaba su muerte. Al verla sentí un escalofrío. No puede ser, cómo puede haber pasado...Y allí estaba ella en la foto, con su gran sonrisa y esos ojillos tan alegres, como ella era. Y te llamé para contarte la noticia. Y te quedaste de piedra, sin comprender por qué una persona se puede ir tan pronto de este mundo y de esa manera tan absurda.

Entre las fotos que hice hay una en la que salís las dos en tu coche, posando para mí. Es una foto bonita, alegre, como ese día que inmortalicé en esa instantánea. Dos jóvenes con apenas veinte años, un fin de semana volviendo a casa tras pasar el día por ahí. Durante muchos años, todos estos, he guardado la foto siempre pensando que te la tenía que dar.

Hoy te la he dado, sabiendo que te iba a gustar tenerla. Primero, no sabías que existía esa foto, y segundo, he visto cómo te ha salido una sonrisa al verla. Te has emocionado al recordar a nuestra vieja amiga que hace tanto tiempo que se fue y nos hemos reído recordando esos tiempos, lo bien que nos lo pasábamos.

Me has dado las gracias por la foto. Y me alegro haberte dado algo que te haya hecho sonreír.

No era sólo una foto. Era vuestra foto. Y ahora sólo es tuya.


4.4.16

A veces todo va bien

Las cosas a veces van tan mal que me da miedo preguntarle a la gente que cómo le va. Paro, muertes, enfermedades y desgracias varias salpican la vida de los demás, pero está bien preguntar para que vean que te preocupas por ellos, que hace tiempo que no hablamos y no está de más saber uno del otro.

Y entre tantas maluras y desastres, aparece alguien te dice que le va bien. Y te enumera, compartiendo contigo, los motivos de su felicidad. Buena suerte, gran futuro, gran compañía, grandes proyectos, bebés a la vista e, incluso como me dijo alguien, un premio de la lotería bastante suculento.

Y yo pienso: anda, pero si a la gente le puede ir bien, y yo con miedo a preguntarles. Qué tonta soy a veces.

Y  me alegro, qué narices. Me alegra saber que alguien es feliz en este momento, que disfruta de un momento dulce, de una ilusión, de una época divertida o de un gran momento personal. Y me alegro porque hay esperanza entre tanta amargura, entre tanta tristeza, entre tanta desolación.

Y el que se amargue por la felicidad de otro, tiene un problema, y grande.

30.3.16

No huyas

Nada como enfrentarte a tus miedos, a tus problemas, para saber de qué material estás hecho.

Nada como dar la cara y saber que a veces el miedo está en tu imaginación.

Puede ser que no reacciones de la manera más elegante pero huír o evitar las cosas no es la solución. Las cosas se hablan, se cuentan, se afrontan.

Pobre del que sólo huya. Pobre del que sólo cause problemas.

Tomo aire, suspiro, y espero a que vengan mientras los veo llegar. A veces no son nada, una nimiedad sin importancia. Otras veces son tan grandes como mi imaginación. Otras veces me superan. Y otras, que son casi todas, soy yo la que corro hacia ellos para plantarles cara y terminar con ello de una vez por todas. Pero siempre, siempre, acabo saliendo de una manera u otra.

Y esta vez tengo entrada en primera fila en varios eventos, a mi pesar.

No huiré esta vez tampoco, aunque haya cosas que haya evitado durante un tiempo. Para qué.

Lo que tenga que ser, será.





29.3.16

Mensajes en una servilleta





 ¿Leéis los mensajes que ponen en los sobres de azúcar? Yo sí. Y algunos son geniales.

Pues ahora una servilleta me muestra un mensaje. No me ha hecho recordar nada en especial, ni a nadie. Sólo me ha hecho sonreír.

Pero como consejo, es bueno. Me ha recordado un tweet, que venía a decir algo como Que sea un buen recuerdo, o que sea una buena lección.

Me gusta ver la belleza en las pequeñas cosas. Y a veces, aprendes de ellas.

23.3.16

De la cobardía y de otras historias

Soy un imán para la gente con problemas de pareja. Yo creo que no hay nadie en este mundo que no haya confiado en mí para despotricar contra su pareja, o su expareja, contando desde las tonterías más superficiales hasta las intimidades más sonrojantes. Y todos, sin excepción, no se dan cuenta de que están conviviendo con una persona que no es como ellos quieren. Ninguno quiere adaptarse al otro, nadie cede, y todos dejan pasar el tiempo en una relación que es más apariencia que otra cosa. Postureo. La soledad no quema, ni escuece.

No me quiere, no me hace caso, no sale conmigo, no le gusta lo que hago, no quiere que haga esto, he dejado de hacer esto por él/ella.

Imbéciles.

No eches la culpa a otra persona de las cosas que ya no haces  porque no le gusten o le sienten mal. No culpes a tu pareja o expareja de tus fracasos, dejando de lado de cosas antes placenteras para ti. Todos hemos pasado por esa fase, así que sé de lo que hablo. Por delante de esa persona o discutes o acabas dejando que el tiempo pase. Por detrás la pones a parir delante de quien sea.

Imbéciles.

Y luego resulta que te comparan con ellos/as. Que tú eres diferente, que le hablo de ti, que tú tal y cual y más allá. Y no se dan cuenta de que yo fui la imbécil de alguien tiempo atrás. Y, como son mis amigos, les digo lo que no quieren escuchar.

Cobardes. El primer paso es el más difícil, sobretodo cuando hay convivencia. Pero el miedo a la soledad es tan fuerte que la gente acepta situaciones lamentables, indiferencias, renuncias y amenazas de enfado con tal de no perder a su churri.

La próxima vez invéntante otra excusa de por qué ya no haces lo que te gusta, porque a medida que avanza la conversación acaba saliendo. Imbécil.

Y no le eches la culpa a tu pareja.

Cobarde.

21.3.16

Capítulo 21.

–Buenos días –dijo el zorro.
–Buenos días –respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta, pero no vio nada.

Estoy acá, –dijo la voz –bajo el manzano...
–¿Quién eres? –dijo el Principito–. Eres muy lindo...

–Soy un zorro –dijo el zorro.

–Ven a jugar conmigo –le propuso el Principito–. ¡Estoy tan triste!...

–No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado.

–¡Ah! Perdón – dijo el Principito.

Pero después de reflexionar agregó:

–¿Qué significa “domesticar”?

–No eres de aquí –dijo el zorro–. ¿qué buscas?

–Busco a los hombres –dijo el Principito–.
¿Qué significa “domesticar”? 
–Los hombres –dijo el zorro– tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interes. ¿Buscas gallinas?
–No –díjo el Principito–. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? –volvió a preguntar el Principito–.

–Es una cosa ya olvidada –dijo el zorro–, significa “crear lazos”.

–¿Crear lazos?
–Si –dijo el zorro–. Para mi no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.

–Empiezo a comprender –dijo el Principito–. Hay una flor... Creo que me ha domesticado...

–Es posible –dijo el zorro–. ¡En la tierra se ve toda clase de cosas...!

¡Oh! No es en la tierra –dijo el Principito–.
El zorro pareció intrigado: –¿En otro planeta?

–Sí.
–¿Hay cazadores en ese planeta?

–No –¡Es interesante eso! ¿Y gallinas?

–No

–No hay nada perfecto –suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

–Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente a todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil.

Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro calló y miró largo rato al Principito:

–¡Por favor... domestícame! –dijo.

–Bien lo quisiera –respondió el Principito–, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

–Sólo se conocen las cosas que se domestican –dijo el zorro–. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos, ¡domestícame!

–¿Qué hay que hacer? –dijo el Principito–. Hay que ser muy paciente –respondió el zorro–. Te sentarás al principió un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca.

–Hubiese sido mejor venir a la misma hora –dijo el zorro–. Si vienes, por ejemplo a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avancé la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué horas preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.

–¿Qué es un rito? –dijo el Principito–.

–Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–. Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días: una hora, de las otras horas. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. El jueves bailan con las muchachas del pueblo. El jueves es, pues, un día maravilloso. Voy a pasearme por la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.


Así el Principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida: –¡Ah!... –dijo el zorro–. Voy a llorar.

–Tuya es la culpa –dijo el Principito–. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara.

–Sí –dijo el zorro–.

–¡Pero vas a llorar! –dijo el Principito–. –Sí –dijo el zorro.

–Entonces, no ganas nada.

–Gano –dijo el zorro –, por el color del trigo.

Luego agregó:

–Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

El Principito se fue a ver nuevamente las rosas:

–No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún –les dijo–. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Y las rosas se sintieron bien molestas.

–Sois bellas, pero estáis vacías –les dijo–. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa que abrigue con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté. Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces callarse. Puesto que ella es mi rosa.

Y volvió hacia el zorro:
–Adiós –dijo.

–Adiós –dijo el zorro–. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

–Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el Principito, a fin de acordarse.

–El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.

–El tiempo que perdí por mi rosa... –dijo el Principito, a fin de acordarse.

–Los hombres han olvidado esta verdad –dijo el zorro–. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.

–Soy responsable de mi rosa... –repitió el Principito, a fin de acordarse.



(El Principito, Antoine de Saint-Exupéry)

17.3.16

A mi vera.

Llevo una temporada bastante mala. Mala no, lo siguiente. Y aunque por aquí descargue algo de mis penitas (no lo voy a hacer porque nunca sé quién está leyendo) en la vida real intento ponerme mi sonrisa y seguir adelante. Y bromeo, y juego, y me río, pero a veces me satura todo porque hay temporadas, y todos las tenemos, que son muy difíciles.

Y he recurrido a la gente que me importa. Y su comportamiento ha sido de lo más variado.

Unos han sido indiferentes. Otros han sido puntualmente atentos. Otros se han desbordado hacia mí. Y todos ellos me han hecho ver lo que les importo. Porque han hecho más los que han querido que los que han podido. Porque los he necesitado y algunos no han estado. Ni se han preocupado por mí, he tenido que ser yo la que he preguntado cómo estaban. Y otros, aunque también he preguntado yo, han estado más cerca de lo que han estado otros físicamente. Y algunos han estado ahí, siempre, y yo no me daba cuenta. Y, lo más gracioso, es que los que no han estado ni se han molestado por mí se ofenden si no acudo cuando son ellos los que llaman para, por ejemplo, tomar una puta cerveza.

Es una mierda estar mal y ves que todo va mal, y que la cosa puede empeorar hasta límites insospechados, y sabes que esto puede ir a peor -a mucho peor-, y sólo piensas en aguantar el chaparrón, que ya vendrán tiempos mejores y en que puedes confiar en cierta gente que está ahí, pase lo que pase. Espero haber estado a la altura de las circunstancias cuando me necesitaron. Porque otros me tuvieron cuando estaban mal y ahora no los he visto cerca. Y esos no son amigos, ni lo fueron.

Mientras los días pasan, unos tras otros, voy con mi sonrisilla para que vean que estoy bien, aunque por detrás recurra a algunas personas y pida algo de ayuda o atención. Porque nadie quiere personas tristes, pero tus verdaderos amigos son los que están a tu vera cuando lo pasas mal.

Volverán mejores tiempos. Porque la vida es una montaña rusa en la que por mucho que subas un día bajas de golpe. Y aunque estés bajando, sabes que acabarás subiendo, o parando.

Y yo he visto quién quiere estar conmigo en esa montaña rusa. Y me siento afortunada por tenerlos porque estos amigos no los tiene todo el mundo.

11.3.16

Mi regalo.

Todo gran viaje comienza con un solo paso.

Allá voy.




7.3.16

El diferente.

La vida está llena de personas. Algunas son fijas a lo largo del tiempo, están ahí. Otras son intermitentes, aparecen y desaparecen, como el Guadiana. Otras están de paso. Y todas, en algún momento, son nuevas para ti. Y unas cuantas, en un momento dado, pueden atraerte. Más, menos o un poco. A veces hay una tensión sexual no resuelta. Y otras son consumadas y piensas que no era pa´tanto. Y otras las saboreas mientras duren. Y otras terminan, afortunadamente.

Y esos besos que te dan, que te roban, que te regalan, hacen que una calle deje de ser sólo una calle para formar parte de un recuerdo. O un puente, o una ciudad, o un pueblo perdido en la provincia de Cuenca. Y mientras, hunden sus manos en tu pelo, besan tu cuello, saborean tu piel, buscan tu intimidad, te muestran el amanecer o te preparan el desayuno. Y todos forman parte de tus recuerdos porque todos hacen lo mismo. Susurrar tu nombre al oído, decirte lo maravillosa o lo preciosa que eres, lo bien que se está contigo, las ganas que tienen de verte...

¿Cuál es el que se diferencia?

Todos quieren entrar en tu intimidad, ser los receptores de tus caricias, reírse entre abrazos, notar tu piel y acabar despertando a tu lado para darte los buenos días. Enlazan sus dedos en tu mano y sus piernas con las tuyas, acarician tu rostro con su nariz y la hunden en cualquier parte de tu cuerpo. Te saborean, te lamen, te besan o te muerden. Pero todos hacen exactamente lo mismo.

¿Y quién es el que se distingue de los demás?

Abrazas sus cuerpos con tus piernas y humedeces su piel por el esfuerzo del momento. Ríes entre caricias y besos, mezclas tu saliva con la de él, y tu sudor con el suyo. Te irritan la piel por tanto beso y encuentras señales en tu cuerpo después del encuentro. Te hacen jadear, suspirar, sonreír. Usan los mensajes de móvil para decirte que piensan en ti o que quieren volverte a ver, pero todos escriben lo mismo.

¿Y cómo diferenciar a ese ser diferente?

La vida está llena de hombres y de oportunidades.

Y algunos son muy interesantes que sólo quieren conocerte, sin historias, ni cuentos, sin artificios, sin ostentaciones. Simplemente, surge, y todo termina sin dramas, sin lágrimas ni celos. Y los ves de nuevo por algún sitio y con alguno cruzas aún una sonrisa cómplice.

Pocos vuelven, pero todos son exactamente iguales aunque su físico varíe tanto.

¿Y quién es?

Esa persona se hace notar, se hace distinguir, no te trata como te tratan los demás que, al fin y al cabo, sólo son iguales al resto. Pueden besar mejor, o ser buenos amantes, pero esa persona te hará sentir especial y verás que él también lo es.

Y si termina, que te quite lo bailao, porque jamás te hará sentir que te ha utilizado.

Ese es el diferente a los demás. El que te trata como a una diosa, no como a otra persona más.

1.3.16

Tras la tempestad...

...llega la calma.

Y cómo me gusta saborearla...



28.2.16

Personas que son regalos.

A lo largo de la vida conocemos a muchos tipos de personas. Desgraciadamente muchos son egoístas y te quieren por algo o para algo, decepcionándote porque la amistad es algo más que un quid pro quo. Simplemente, la amistad es afinidad, igual que el amor. Es querer a alguien incondicionalmente sin más que ver feliz a la otra persona sea cual sea su situación, en especial en los malos momentos, a través del tiempo. Reírse de cualquier cosa, disfrutar del silencio en su compañía y de tener ganas que compartir cosas.

Hace unos años conocí a alguien que me demostró tener el corazón más generoso de los que haya conocido en muchos años. Esa persona me ofreció su amistad, su casa, su tiempo y su apoyo desde que la conocí. A pesar de las diferencias hemos seguido nuestra amistad incondicionalmente. A pesar de la distancia, hemos hecho cuanto hemos podido para vernos. Para que os hagáis una idea por ella he sido capaz de hacer 800 kms en un día sólo para disfrutar de una comida juntas, por ejemplo. Y me ha hecho partícipe de su felicidad y de sus grandes momentos.

Y me ha apoyado en mis malos momentos. Y me ha regañado cuando lo ha considerado necesario, y me ha animado, aconsejado y ha hecho lo posible para que viera que estaba a mi lado, a pesar de la distancia. Y me ha hecho el regalo más grande y original que jamás nadie me haya hecho. Y cambié lágrimas de tristeza por lágrimas de emoción al recibir un correo con mi regalo. Y me doy cuenta de que el mejor regalo que me han hecho en la vida ha sido conocerla.

Pronto podré disfrutar de este regalo que me ha hecho alguien a quien no podré agradecer en ocho vidas todo lo que ha hecho por mí. Su amistad ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en la vida porque ha sido sana, incondicional y, sobre todo, sincera.

Y esto jamás podré olvidarlo, pase lo que pase. Porque yo no olvido estas cosas.

Y como sé que me leerá, lo dejo aquí escrito otra vez.

Mil gracias.


24.2.16

Más gente como tú.

Ya había escrito hoy un post, pero es que esto merece otro. Que no todo van a ser cosas malas, y eso que no cuento apenas nada.

Hoy me han dicho una cosa muy bonita, que me ha hecho reflexionar.

Me gusta tu carácter. Afrontas tus problemas, les plantas cara, sabes lo que quieres y vas a por ello aunque te la pegues. Eres directa, sincera y, lo mejor de todo, es que aunque el mundo se te esté hundiendo nunca pierdes tu sonrisa, y ahora no la has perdido. Debería haber más gente como tú.

Sí la pierdo, y me inflo a llorar, y me tengo que poner las gafas para que no se noten mis ojos hinchados. Pero lo hago a solas.

Pero ha sido bonito y esto se merecía un post para recordarme que nunca debo perder mi sonrisa. Pase lo que pase.

:)

La sierva.

Todos tenemos problemas, tarde o temprano. A veces, esos problemas nos superan, y no vemos salida, o no sabemos cómo hacerles frente. Si tienen solución, acabamos viendo un resquicio de luz por donde afrontarlos. Si no tienen solución, acabamos aprendiendo a vivir con ello.

Porque la vida es así.

Hay unas personas que son importantes para mí. Siempre he estado ahí, porque las he querido. Siempre he ofrecido mi ayuda cuando la necesitaban, siempre he hecho cuanto podía para que estuvieran mejor, siempre han podido contar conmigo. Los he visto vencidos, superados... Me ha apenado verlos mal, me he preocupado por ellos, he callado muchas cosas porque pensaba que estaban así por estar pasando una mala racha. O porque cambiarían.

Pues no. Es que eran así.

Se han aprovechado de mí, me han utilizado. No he sido más que un felpudo, una herramienta, un objeto, un siervo. Ellos merecían mis atenciones y mis preocupaciones. Yo estaba allí para servirles. No me merezco nada, ni el aire que respiro. Yo no era nada. No soy nada. No era nadie ni lo soy. Ni lo seré. Mis problemas no son nada, ni importantes. No soy nada, ni nadie pero me reprochan el que no esté cuando ellos quieren.
Yo no quería pensar que iba a ser así siempre. Pero es que siempre lo es.

Lo es. Y no se puede hacer cambiar a cierta gente.

Recojo lo poco que queda de mi dignidad y de amor propio y corto la cadena invisible que me unía a ellos. ¿Qué necesidad tengo de aguantar esto por más tiempo? Es humillante querer al que ni siquiera te aprecia, pero llega un momento en el que decides que se acabó.

Prefiero hundirme sola a que me hundan.

Y no pienso hundirme.

Prefiero navegar a la deriva, aprender a vivir sin ellos.

Porque a veces lo más cerca que hay de estar feliz es no tener al lado a cierta gente. Y no nos damos cuenta de que hay veces que tenemos que soltar la cuerda que nos sujeta, porque nos duele mientras permanezcamos agarrados. Cuanto más tiempo estés sujeto a ella más duele. En cambio, soltarla asegura un dolor más fuerte, aunque mucho más corto, y evita estar viviendo una agonía a saber cuánto tiempo. O con el temor de qué es lo que les ofende ahora. O el desilusionarte porque te han vuelto a fallar de nuevo.

Y yo quiero ser feliz.

Por lo menos estar tranquila.

23.2.16

Revelaciones

Cuando te encuentres ante dos opciones y tengas que elegir, simplemente lanza una moneda al aire. Es un truco que siempre funciona, y no sólo porque por fuerza te saca de dudas, sino porque en ese breve momento en que la moneda está en el aire...

de repente sabes qué cara quieres que salga.


No sé de quién es, pero se merece un aplauso, porque es grande, muy grande.

Y yo tengo una moneda en la mano.

17.2.16

El final de la incertidumbre.

No hace mucho tiempo hablé de lo mala que es la incertidumbre.

Ahora ya no la tenemos.

https://www.youtube.com/watch?v=PvvDj2fnKoQ


8.2.16

Hace más el que quiere...

Érase una vez una chica que conoció a un chico. Ella era una chica más y él era uno de tantos, y empezaron a salir. Con el tiempo, la relación se hizo más seria y ellos se dieron cuenta de que estaban enamorados. Y todo iba muy bien hasta que una de las familias empezó a meter las narices y a crear mal rollo entre ellos. Que si habían intereses ocultos. Que si no eran buena gente. Que si iban por el interés. Pero ellos siguieron juntos.

Con el tiempo, las presiones hicieron efecto y rompieron. Durante un tiempo dejaron de verse, y durante ese tiempo comprendieron que seguían queriéndose y no podían vivir uno sin el otro. Y los dos empezaron a verse a escondidas, en pleno siglo XXI, como dos adolescentes que no querían que nadie se enterara de su secreto.

Mientras los creyeron separados, hubo quien intentó que ella fuera rondada por el hijo de una familia adecuada, aunque ella sólo seguía teniendo ojos para él, y comentaba divertida que la quisieran emparejar como antaño se hacía.

Siguieron en secreto hasta que un día se dieron cuenta de que no podían estar así para siempre. No habían hecho nada malo ni lo estaban haciendo, así que como personas adultas decidieron salir a la luz y decir que se casaban.

Llovieron cuchillos y problemas. Pero ellos siguieron adelante con sus planes de boda.

Y se casaron. Y fueron ninguneados por algunos familiares, despreciados, amenazados y vejados. Pero a ellos no les importó.

Ella reconoce que lo pasaron muy mal, que estuvieron demasiado tiempo escondiéndose, que no sabía cómo pudieron seguir juntos sin que alguien perdiera la paciencia y que ahora es cuando se siente feliz. Él la mira embelesado.

Van a ser padres y están que no se lo creen.

Hay historias que tienen un final feliz a pesar de las adversidades. Sólo hay que querer. Y quererse. Porque hay gente que no "quiere" si no lo tiene fácil. Y eso no es querer.

Así que hace más el que quiere que el que puede, ¿a que sí? :)

30.1.16

Totó...

...creo que esto tampoco es Kansas.



28.1.16

Esa parte de mí (II)

Hay una cosa de mí que no suelo contar. De hecho, muy poca gente la sabe, y ha sido ahora, a razón de tomar una decisión, cuando lo he dicho.

Algo que siempre quise hacer y tuve miedo. Algo que siempre me estuvo rondando y nunca me atreví. Algo que me apetece, algo que me gustaría, algo que ahora es cuando pienso ese "¿y por qué no?".

Fuera miedos, fuera temores, lo que tenga que ser, será. Y como al cuerpo le doy desde hace tiempo lo que le apetece, pues ahora le doy esto, y esto me ha venido muy bien.

Esa parte de mí que no suelo contar me ha hecho más feliz de lo que pensaba.

Y lo que tenga que ser, será.

Pero mientras, estoy con la sonrisilla como una adolescente ilusionada.

Y si sale mal, por mí no será, porque nunca podré pensar que no lo intenté.

Y lo hice. Y lo hago.

:)

18.1.16

Di patata.

Vivimos en la época del postureo. Antes sería la época del fantasmeo, de la apariencia, del fingir ante los demás, y de varios sinónimos más. Pero sólo ahora se ha definido tal cosa con una única palabra que sirve para definir al fantasma, al que finge, al que aparenta.

Veamos qué pasa en facebook... Sonrisas, más sonrisas, un amanecer... Alguien parece que vive en el país de la piruleta. No hay evento, suceso o anécdota que no cuelgue. Y esos comentarios de Piluca, te quiero muchooooo, escrito en varios idiomas o de varias formas no reconocidas por la RAE, a saber, para que la gente sepa que la tal Piluca es lo más mejor del mundo.

Sigamos. Viajes. ¿Quién no se ha ido de viaje? Pero no es necesario que todo el mundo sepa en dónde estás, ¿verdad? Pero no, hay que poner dónde estás, dónde has ido, que lo vean todos. Y todas.

¿Y en instagram? Es mucho más divertido aún. Si facebook es algo como para los más allegados, porque no ponen nada o casi nada en público, en instagram es verles el jeto, dónde, cómo y con quién hacen cosas. Colgar un selfie que te ha hecho alguien a tu lado porque no puedes tener el brazo tan largo y decir que es un selfie. Casualmente, el selfie muestra tu lado bueno, poniendo carita de interesante, siempre con una iluminación correcta... Y tienes los santos huevos de escribir "al natural". Y yo me lo paso teta, porque al natural es cuando te levantas por la mañana bostezando, con el pelo enredado y con la pernera del pantalón subida por la mitad de la pantorrilla, no lo que se cuelga en instagram.

¿Y las parejas? Ah... Eso es genial, de lo más divertido. Hay parejas que publican su amor por instagram, por facebook... Envidiadnos, parece que dicen. Qué postureo enfermizo cuando se la has pegado a tu churri. Y te crees que no lo sabe nadie.

Los amaneceres se merecen apartado especial. Es bonito verlos, desde luego, pero hay quien parece que quiere competir en conseguir la portada de un catecismo. Pero son bonitos, desde luego.

¿Y cuando alguien se fotografía con un libro entre las piernas? De paso se le ve el canalillo, o que está en bañador, o marcando paquete, o sacando músculo... ¿De verdad leéis así? Pero no será el libro que aparece en la foto, ¿no?

Y llegamos al final del post con una pregunta: ¿Para quién postureáis? No hace falta que la gente sepa en todo momento lo que hacéis, ni lo divinos que sois, ni lo mucho que os movéis, ni con quién. Guardáos algo de privacidad.

Pero mientras cambiáis de idea... seguiremos viendo vuestro postureo.