27.9.16

De zanahorias, un huevo y café.

Érase una vez la hija de un viejo hortelano que se quejaba constantemente sobre su vida y sobre lo difícil que le resultaba ir avanzando. Estaba cansada de luchar y no tenía ganas de nada; cuando un problema se solucionaba otro nuevo aparecía y eso le hacía resignarse y sentirse vencida.

El hortelano le pidió a su hija que se acercara a la cocina de su cabaña y que tomara asiento. Después, llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Cuando el agua comenzó a hervir colocó en un recipiente una zanahoria, en otro un huevo y en el último vertió unos granos de café. Los dejó hervir sin decir palabra mientras su hija esperaba impacientemente sin comprender qué era lo que su padre hacía. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café.

Miró a su hija y le dijo: "¿Qué ves?”. "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Le quitó la cáscara y observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su dulce aroma. Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, papá?"

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café, sin embargo, era único; después de estar en agua hirviendo, había cambiado el agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, te has vuelto dura y rígida? Por fuera eres igual pero, ¿cómo te has transformado por dentro? ¿O eres como el café? El café cambia el agua, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. Y tú, ¿Cuál de los tres eres?

Gran historia que me ha impactado. Me ha encantado. Y, sobretodo, me ha enseñado algo.

La encontré aquí: https://lamenteesmaravillosa.com/la-zanahoria-el-huevo-y-el-cafe/

Os recomiendo esta web.

21.9.16

Sube a por el bocata.

Hace años (uf, ahora me da un perezón buscarlo...) hablé de los nombres de los niños. Recuerdo que comenté que ahora la gente está obsesionada por singularizar los nombres  de sus hijos. Y empecé a numerar nombres extraños que en Sudamérica hicieron historia. También comenté que aquí en España antes se singularizaba a sus hijos con nombres del santoral del día. Hoy, por ejemplo, es san Mateo, pero ayer fue san Eustaquio, y el día 28 será san Wenceslao. Y no conozco a ningún niño que se llame Wenceslao, pronunciando la W como una B. Y me hace ilu.

Bueno, pues tras los nombres extranjeros escritos de cualquier manera (no sabéis de cuántas formas se puede escribir Jennifer), tras los nombres de seres mitológicos, de dioses griegos, de personajes literarios, ahora llegan los nombres de personajes de series. El gusto es como el culo, todos tenemos uno, y algunos son demasiado llamativos. Y no para bien.

Se supone que los nombres te sugieren algo, o alguien. Cuántos niños se llamarán Hugo por Hugo Silva (los padres de estos niños pintan menos a la hora de elegir el nombre que Marichalar para elegir el nombre de los suyos). Cuántas niñas se llamarán María a secas tras la tradición de combinar ese nombre con otro, el oficial. Pero cuántos padres habrán elegido nombres extraños que tendrán que estar deletreando durante años y se quejarán de que la gente no sabe escribirlo. Cuántos hijos tendrán que deletrear su nombre durante años para decir que la H de su nombre no va ahí. O que esa C es una K. O que lleva H, o no la lleva. Ya ninguno se llama Agapito, como el abuelo. O Agustina, como la abuela. O Gertrudis, como la tía. Si ahora ante un grupo de niños llamas a Alejandro, Pablo, Ainhoa (o Ahinoa, o Ainoha), Andrea y Carla, vienen todos los niños. Y así no se diferencian tampoco. Inspiración, señores. Inspiración.

Ya puestos, podemos echarle un ojito a los emperadores romanos, con nombres gloriosos que han pasado a la historia por diversas cosas, pero bueno, que creo que no conozco a ningún niño que se llame así tampoco.

Empezamos...

Podemos usar nombres que reflejen el comportamiento de los niños, como Quieto, Ingenuo, Geta, Constante, Cómodo, Tácito, Alejandro Severo, Severo a secas, o Claudio el Gótico.

Podemos usar nombres que reflejen su modestia, como Constantino el Grande, Magno Máximo, Petronio Máximo, Pupieno Máximo, o simplemente decir que es el puto amo: Máximo. Sin segundo nombre ni ná, porque no le hace falta.

Podemos sugerir en nuestro catálogo más nombres de emperadores romanos: Volusiano, Pacatiano, Trajano, Vespasiano, Numeriano, Valentiniano, Regaliano, Rómulo Augústulo (pobre, es que encima son los dos), Nepociano, Mayoriano, Leliano, Jotapiano (qué a gusto se quedarían sus padres),  Gordiano, Diocleciano, o Diadumediano. Advertimos que tuvieron que pasarlo muy mal en el cole por las rimas de sus nombres. 

Mención especial y pésame a quien se llamara Próculo. También indicaría que sus padres no lo querían, y era un niño no deseado.

Eso sí, nadie se atrevería a toser a niños llamados Nerón o Calígula. Vamos, ni sus padres.

Sería un espectáculo en el parque escuchar un Herenio Etrusco, ven a merendar. O un Julio Nepote (con risas de fondo entre otros niños), sube a por el bocata.

Claro que estar en clase, que pasen lista y escuchar un  Domicio Domiciano haría que volvieran a pensar en una rima. Y también cuando escucharan un Clodio Albino.

Así que podrían elegir nombres más normales como Víctor, Julio, César, Claudio, Augusto o Marco Aurelio.

Pero no me digáis que ante Silbanaco no os viene a la cabeza tócate el sobaco.

Para finalizar el post, encontraremos un nombre bastante común: Constantino.

Y también estáis pensando en la rima, pillines.




19.9.16

Un poquito de ketchup.

Sabéis que hay amigos más exquisitos que otros. De hecho, muy pocos son exquisitos porque sean así. Hay algunos que su exquisitura es sólo cuando va de invitado a casa ajena o cuando es otro el que paga la cena, por ejemplo. Son sibaritas por cuenta ajena. Son amantes de la buena cocina cuando es otro el que guisa. Les apetece delicatessen cuando es otro el que las paga. Pero cuando les toca ser a ellos los anfitriones... ah, amigo...

Recuerdo que una vez andaba yo tonteando con un chico. Que si jijí, que si jajá. Tonterías, ya sabéis. Un día vino a mi casa a comer y acabó eligiendo el menú que yo preparé sólo porque a veces dejo que elijan qué quieren ese día. Pero pasó una cosa que hizo que me bajara la libido de golpe. No sé si notásteis el temblor, supongo que sí, pero no sabríais el motivo. Pues fue al entrar a su casa. Resulta que habíamos quedado, que yo pasaría por su casa mientras él se cambiaba. En cuanto entré en su casa se me fue toda la atracción que sentía hacia él. La casa no es que estuviese sucia, es que no se había dignado en arreglarla un poco siquiera. No se había molestado, sabiendo que yo iba, en adecentarla un poco. Las cosas se amontonaban en cualquier rincón. Y me sentí mal. Sencillamente, porque no había perdido ni un segundo de su vida en preparar mi llegada. La cosa no llegó a nada.

Otra vez invité a una pareja amiga. A ella la conocía desde que éramos unas crías, y mi chico y yo éramos los anfitriones. ¿Qué queréis cenar? Entrecôt, dijo su marido. Joder, el colega, no pide ni ná. Pues ale, entrecôt para el nene. Una mesa más que decente, con vino, copas y tal, y se presentaron sin nada. Bueno, pensé, no todo el mundo cae en esas cosas. Pero pasó una cosa. Que fuimos nosotros los invitados. Y fuimos a su casa con el postre, para ver que íbamos a cenar en la cocina porque el comedor no lo usaban, sólo para las grandes ocasiones (sic) y veo horrorizada cómo abre una bandeja de pyrex mientras enseña unos tristes trozos de lomo y tocino más resecos que una momia y alega que es que se los ha hecho su madre, y que como están un poco secos se les pone un poquito de ketchup y listos. No volví a querer quedar a cenar con ellos porque me pareció lamentable que me sacaran carne reseca que encima habría hecho su madre para ellos, y así se ahorraban una cena. Y que por mi virgensita en la que no creo, no vuelvo a quedar con ellos.

¿Y qué pasa cuando tienes invitados en casa? Sabéis que lo normal es preguntar qué quieren comer, desayunar, qué les gusta y tal... Pues el día que fui de invitada a casa de alguien por una vez me veo que era otro que tampoco se había molestado en perder tiempo de su vida en comprar nada para desayunar porque total, si vamos a desayunar fuera. ¿Seguro? Tienes poderes y lo sabes ya. Lo mismo tendríamos horarios diferentes a cuando viene a mi casa, o no comes lo mismo. Porque en mi casa te pones como un cerdo y veo que en la tuya no desayunas tan bien. Pues bueno. Ya dejó claro muchas cosas. Una de ellas era que era otra persona que tampoco se había molestado en  preparar mi llegada.

¿Y cuando vas de comida familiar? Ah, eso es divertido. Casualmente siempre hay alguien que le apetece una zarzuela, un arroz con bogavante o una mariscada cuando son los padres o suegros los que pagan. Pero cuando vas a con ellos de cena y hay que pagar a escote se piden paella o un plato combinado. Mierdosos, eso es lo que sois.

Mi amiga la viuda de España, por ejemplo, era de las que te llamaban y te decían Oye, que voy a comer a tu casa porque sí, porque quería, porque lo que sea. Bueno, pues a veces yo ya tenía la comida hecha, otras  tenía las cosas preparadas para hacer la comida, y otras veces le preguntaba si le apetecía algo. Pero... ¿y qué pasó cuando iba a su casa? No había día que no me sacara tuppers con restos y sobras de comida. No había día que no comiera algo que ya llevaba días hecho o congelado. Me pareció tan mísero que no quise volver a ir a comer a su casa porque era otra persona que le gustaba mucho ser invitada. Y mucho. Y por lo visto, si no tratas bien a tus invitados pues no querrán volver. Y vaya, que lo consiguen. Pero tiene cierto efecto secundario, y es que tampoco quieres tenerlos de invitados.

Cuando me dicen que podríamos quedar a cenar siempre digo un sí, claro. Creo que me han calado, pero insisten por si cuela. Y va a ser que no. Jiji.

¿Y cuando te vas de cañas? Tengo que comprarme un cronómetro para ver el tiempo que tardan algunos en sacar la cartera. Es más, algunos tardan tanto que podría sacarme la carrera aeroespacial mientras. Y yo, que si no puedo no quiero irme de cañas, pero si puedo no me pierdo una, me doy cuenta de que hay gente que tiene más morro que sed de cerveza, puesto que siempre acaban escaqueándose de pagar. Los que nos dimos cuenta acordamos poner un fondo e ir tirando de él, así no hay nadie que ratonee. No alimento cirrosis ajenas igual que tampoco me gustaba alimentar cánceres ajenos regalando tabaco.

Pues eso.

Con lo bonito que es compartir una buena cena entre amigos, tanto hecha en casa como si es fuera. O compartir un desayuno variado. O tomarte unas cañas y acabar diciendo que ya vas pedo y que ya no te cabe otra. Pero hay gente que prefiere gorronear e ir de jeta en vez de disfrutar de esos momentos con los amigos. Pues será que realmente no los considera amigos, porque a los amigos se les trata lo mejor posible y te tratan de la mejor forma posible.

¿Sabéis una cosa? Pues que no saben lo que se pierden.

16.9.16

Elige tu propia avent... digooo... excusa.

Llevamos unos amigos y yo un tiempo recopilando las diversas excusas que nos ponen para no hacer algo con nosotros. Desde salir, a viajar, a ir a comer, o ir a comprar. Algunas son tan vergonzosas que me pregunto si realmente se dan cuenta de lo infantil de sus palabras, de lo ridículas que son. Hay una frase que me gusta mucho, y es que si quieres conocer a una persona, no hay nada mejor que escuchar lo que dice.

Y algunos dicen lo siguiente:

Alguien quiere organizar una cena con varios amigos.
-Huy, yo es que estoy muy liado, tendría que mirar cuándo me vendría bien...
Tú eres un flipao y un fantasma, y además vamos a quedar sin tenerte en cuenta.

Alguien quiere quedar con otro alguien que no para de decirle en mensajes de fb que a ver cuándo quedan.
-Ay, es que resulta que tengo que acompañar a mi madre/hermano/suegra a [ponga aquí un sitio]
A este alguien le gusta el postureo y anda que no se le nota...

Gente a la que le dices que si le hace una cervecita.
-Huy, es que me pillas muy cansado.
-Es que es muy tarde.
-Es que no me he duchado.
-Es que ir allá ahora...

Gente que te pide que le eches una mano en algo y al final se decide por la ayuda de otra persona.
-Es que tiene una mano... Vamos, lo ha dejado perfecto.
O sea, que cuando ha visto que cree que alguien puede hacer algo mejor que tú, adiocito.

Cuando se descuelgan de una cena (por ejemplo)
-Es que se me hinchan las piernas.
Es un aviso de que estamos entrando en la vejez, sólo que con unos treinta años de antelación.

Cuando rompen una relación.
-He conocido a otra persona (cruel, pero sincero, aunque normalmente lo dicen cuando ya han puesto los cuernos) (ya he hablado de los que necesitan tener siempre a alguien)
-Yo no iba en serio (cruel y sinvergüenza)
-Ah, ¿pero salíamos juntos? (gilipollas e impresentable)

Cuando rompen algo que es tuyo.
-Pero si estaba muy viejo
-Mira, cuando lo vi ya estaba así
Falta la excusa del perro.

Cuando se descuelgan de un viaje.
-Es que no me gusta la gente que va.
No es por nada, pero yo iba. Gracias por la parte que me toca.

Cuando alguien no ha querido venir a mi casa.
-Es que está muy lejos.
No, perdona. Lejos está el estrecho de Bering. Pero pasa una cosa: el que no viene, no se tiene que ir :->

Cuando pillas a alguien en una mentira.
-Que me muera ahora mismo si miento.
Pero es que la gente no se muere si lo dice, y lo sabe.

Cuando no contestan una llamada o un mensaje en todo un día.
-Es que no tenía batería.
Ya. Ni guitarra eléctrica.

Cuando pillan a alguien siendo infiel.
-Esto no es lo que parece (un clásico)
-Es que se me echó encima (y te arrancó la ropa)
-Ha sido una debilidad (y no la de Antonio Machín)
-Ha sido la primera vez (que te han pillado, querrás decir)

 Cuando llegan más tarde de lo que deben del trabajo y es porque te están engañando
-Uf, qué día, es que no he parado, todo el día pam-pam-pam-pam... (mucha onomatopeya para contar nada)
-El jefe, que me ha metido un marrón a última hora... (¿seguro que era un marrón?)
-Mira, que me he tenido que ir con un cliente de cena, y luego de copas... (claro que sí)
-Me he quedado sin batería y no podía llamarte (excusa repetitiva)

Por último, una mención especial. Una pareja que salen juntos desde hace tiempo, y a ella le diagnostican cáncer.
-Mira, es que cáncer es una palabra muy seria. Necesito tiempo para pensar cómo afrontar la enfermedad, porque me va a resultar muy duro. Te llamaré.
De eso hace tres años, y ella aún no ha sabido nada de él.

Así que realmente una excusa es una falta de interés.

Pues no hagáis perder el tiempo de la gente, que seguro que tiene cosas mejores que hacer que estar pendientes de quienes no tienen interés ninguno en mantener su amistad o su relación.

Pero ¿sabéis? Que esas mismas excusas las pueden utilizar contra vosotros.

Y entonces, pica, ¿eh?



12.9.16

Comedia en tres actos

Acto I

Dos chicas, no las conocéis, a las que llamaremos Eufrasia (por ejemplo) y Chica2, están en una cena en casa de Chica2 a la que van unos amigos que Eufrasia no tiene el gusto de conocer. Uno de los amigos, un apuesto, alto y guapísimo varón es el encargado de amenizar el lado derecho de la cena de Eufrasia, que sonríe atontada ante tal visión.

Comentario sotto voce en los postres entre Eufrasia y Chica2:
-Válgame, cómo está tu amigo.
-Es gay.
-Aham...

Se cierra el telón.

Acto II

Dos amigos, no los conocéis tampoco. A la muchacha la llamaremos Eufrasia, y al chico Chico1. Son amigos desde hace tiempo, y él vive fuera. Cuando vuelve por Valencia quedan a comer, a cenar o a lo que surja, por lo que esta vez quedan para cenar. A falta de tiempo, Chico1 comenta que ha quedado también con Chico2, porque no le daría tiempo a ver a sus amigos. A ella le parece bien. En cuando Chico2 hace acto de presencia en el restaurante en donde cenaron quedó prendada por tal belleza masculina, por ese dios griego de barba morena. En el café, Eufrasia y Chico1 se quedaron solos mientras el otro iba al baño.
-Chico2 está buscando piso, porque se va a vivir con su novio.
-Aham...

Se cierra el telón.

Acto III

Tren, hora de ir a trabajar. A la misma hora siempre son los mismos, las mismas caras de sueño, los mismos buenos días. Hay un buenos días diferente, el de un hombretón alto y guapetón que hasta sonríe a nuestra protagonista a la que llamaremos, por ejemplo, Eufrasia. Y ella piensa en que es un hombretón alto y guapetón al que no le importaría darle los buenos días de otra manera.

Una tarde estaban Eufrasia y una amiga, a la que llamaremos Amiga1, en un bar en el que son habituales. Y, de repente, como aparición divina, entra ese dios griego, ese hombretón alto y guapetón. Eufrasia, disimuladamente, le comenta a su amiga que le parece interesante. Amiga1 comenta que el muchacho le está mirando, pero Eufrasia comenta que es como siempre, y ahí se queda. Chin-chin.
-Tía, estás cañón, ¿y no te entra? ¡A ver si es gay!
-Pues no me extrañaría...

Bueno, pues no lo es. NO LO ES. Duda resuelta.

Se cierra el telón.


Epílogo: Hay que saber reírse de una misma. Es de lo más liberador. Y a veces se dan circunstancias de lo más divertidas.

7.9.16

Sobre depredadores emocionales

¿Quiénes son los más apetitosos para un depredador humano? Curiosamente son personas bondadosas, generosas, optimistas, vitalistas, con fuerza espiritual... ¿Por qué? Porque son características que el depredador humano no ha tenido, y que anhela y envidia. Pero en lugar de manifestarse claramente lo hace de un modo represivo.

(...)Ellos lo buscan, no como compensación a sus vidas, sino para aspirarles aquello que envidian.





Como he estado buscando respuestas a muchas cosas de mi vida, a veces encuentro joyas como esta, que descubrí anoche. Me siento TAN identificada con lo que dicen, que ahora me siento hasta importante.

Era envidia. Lo hacen por envidia. Qué triste, ¿no?

Pues lo consiguieron, me hundieron, porque he dado con cada uno de ellos. Bravo, pueden ir a contarlo entre risas a sus amigos, o a sus compañeros de trabajo. Pero ahora me siento importante, porque me envidian. Y me envidiarán siempre. Por eso se fijaron en mí, porque yo soy algo que ellos no son. Y soy algo bueno.

Porque tengo, y seguiré teniendo, muchas cosas buenas que ellos jamás tendrán.

:)

29.8.16

Mujer blanca viuda busca...

Una amiga, de esas que como ella tienes mil o dos mil, tuvo la mala suerte de quedarse viuda con un hijo pequeño. La muerte de su marido fue repentina. Y ella, en cuanto quedó viuda, hizo lo que se ve que hace cualquiera: vender la moto gorda de su difunto. No tenía problemas económicos de ningún tipo, pero le dio por ahí. Y de querer la herencia de su marido sin que se hubieran muerto sus suegros. Eso sí, sin preocuparse de ellos. Y se lió la cosa.

Mientras ella iba de viuda de España hablando de su pena a cualquiera y en cualquier sitio hizo que mucha gente se apiadara de ella, yo entre ellas. Y de repente, me quiso poner para que sustituyera a su marido en muchas cosas. Yo mantenía las distancias, pero ella insistía, insistía, e insistía. Incluso delante de la gente hacía creer lo inseparables que éramos. Y éramos lo inseparables que pueden ser dos personas que han quedado unas cuantas veces a tomar café. Pero aparecía por mi casa cada dos por tres, me llamaba por teléfono todos los días, me mandaba whatsapps a cada momento y, lo que es peor, quería quedar conmigo cuando ella dijera, a la hora que dijera y si le venía bien. Y cuando yo decía vale, era capaz de no aparecer sin avisar siquiera. Es que, pensaba yo, se le ha ido la pinza un poco por lo que había pasado.

Pero la pinza se me fue a mí. Estaba aburrida de sus quejas por el dinero, cuando tiene trabajo estable y unos buenos ahorros que se preocupa de repetirte para que lo sepas. Estaba aburrida de sus quejas a su familia política cuando la habían tratado demaisado bien para lo que se merecía. Estaba cansada de que quisiera que la acompañara a TODO, pero delante de la gente me dejaba caer excusas de por qué no podía acompañarla, como si yo lo estuviera deseando. No os tengo qué contar qué contestaciones le daba yo.

Y si le gustaba mi ropa, empezó a comprársela parecida. Y le gustaba mi pelo, y empezó a cortarse el pelo como yo (menos mal que la genética no nos pudo hacer más diferentes), a peinarse como yo, a maquillarse como yo. A mí ya me daba la risa y comentaba entre mis amigos que cómo es que, con lo que llega a odiarme cierta gente, puede haber otra que me imite de manera tan descarada.

Quedamos un par de veces para salir con otra gente, con la que empecé a hacer buenas migas y quedé muchas veces. Y ella empezó a comportarse como un novio celoso, reprochándome suavemente (pero reprochándome al fin y al cabo) que quedara con esa gente sin ella. Y también podéis haceros una idea de mi contestación. Porque quería que yo estuviera a su entera discposición, y sólo para ella. Pero claro, piensas que la pobre lo ha pasado mal, y necesita compañía, y...

Con su marido no se había ido de viaje nunca. Parece ser que es que si te vas de viaje gastas dinero, y a ellos no les gustaba gastar. Pues de repente, mis viajes y mis fines de semana fuera de Valencia se convirtieron en algo muy apetitoso para ella, y ya quiso que nos fuéramos las dos de viaje a Madrid, a Barcelona, a... Yo estaba alucinando, pero cambié de tema y no le dije nada. Pero me surgieron viajes y ella empezó a enfadarse conmigo porque no le había dicho nada. Tampoco os tengo que decir lo que le contesté, ¿no?

Cuando me dijo que estaba buscando piso por mi zona casi me da un infarto. Quería que fuéramos vecinas. Tuve suerte, los que vendían no le gustaban, aunque ella quería precisamente uno en mi edificio, pero afortunadamente para mí está completo.

Y un día dice que necesita ayuda para una cosa en la casa. Y yo, con toda la mejor intención, me ofrecí a ayudarle. Bueno, no fue ayuda realmente porque lo que hizo fue desaparecer dejándome a mí todo el fregao. Ni se acercó, mientras yo estuve todo el día empantanada en una mierda que puede hacer un profesional, pero claro, es que le costaba dinero. Y después de terminarla lo mejor que pude, acabar rota, destrozada, reventada y magullada, me cruzo con una amiga en común y me cuenta que se quejó del acabado diciendo que no le había gustado. Que no le había gustado lo que yo le había hecho.

Dije que era una desagradecida de mierda.

Me llama y no le cojo el teléfono. Luego le digo cualquier excusa y listo. Me manda un whatsapp y no le contesto. Siempre tengo algo. Cuando me dice que quedemos siempre tengo una excusa para no hacerlo. Y cuando me cuenta sus problemas le digo que yo también tengo y no los voy contando por ahí.  En un día podía tener hasta nueve llamadas perdidas suyas. Nueve. Ahora ya no. Juju.

Así que ante alguien tan desagradecido, codicioso, avaricioso, envidioso y malo prefiero no tener mucho que ver. Me teme, porque no insiste ya. Por detrás se queja de que no sabe qué me ha pasado con ella, cuando éramos inseparables. Y se lo comenta a los que vieron lo inseparables que éramos mientras yo huía de ella o hacía planes sin ella. Que ya no tiene con quién salir. Que nos íbamos a ir de viaje. Que íbamos a hacer muchas cosas juntas. Que teníamos muchos planes. Me toca las narices que pluralice cuando lo suyo es un monólogo siempre.

Yo ofrecí una mano y casi me arranca el brazo e intenta hacerse pasar por mi hermana gemela (repito: la genética no nos pudo hacer MÁS diferentes)

¿A que soy una gilipollas? Pues lo bueno es darse cuenta para solucionar el problema.

Y en ello estoy.