29.8.16

Mujer blanca viuda busca...

Una amiga, de esas que como ella tienes mil o dos mil, tuvo la mala suerte de quedarse viuda con un hijo pequeño. La muerte de su marido fue repentina. Y ella, en cuanto quedó viuda, hizo lo que se ve que hace cualquiera: vender la moto gorda de su difunto. No tenía problemas económicos de ningún tipo, pero le dio por ahí. Y de querer la herencia de su marido sin que se hubieran muerto sus suegros. Eso sí, sin preocuparse de ellos. Y se lió la cosa.

Mientras ella iba de viuda de España hablando de su pena a cualquiera y en cualquier sitio hizo que mucha gente se apiadara de ella, yo entre ellas. Y de repente, me quiso poner para que sustituyera a su marido en muchas cosas. Yo mantenía las distancias, pero ella insistía, insistía, e insistía. Incluso delante de la gente hacía creer lo inseparables que éramos. Y éramos lo inseparables que pueden ser dos personas que han quedado unas cuantas veces a tomar café. Pero aparecía por mi casa cada dos por tres, me llamaba por teléfono todos los días, me mandaba whatsapps a cada momento y, lo que es peor, quería quedar conmigo cuando ella dijera, a la hora que dijera y si le venía bien. Y cuando yo decía vale, era capaz de no aparecer sin avisar siquiera. Es que, pensaba yo, se le ha ido la pinza un poco por lo que había pasado.

Pero la pinza se me fue a mí. Estaba aburrida de sus quejas por el dinero, cuando tiene trabajo estable y unos buenos ahorros que se preocupa de repetirte para que lo sepas. Estaba aburrida de sus quejas a su familia política cuando la habían tratado demaisado bien para lo que se merecía. Estaba cansada de que quisiera que la acompañara a TODO, pero delante de la gente me dejaba caer excusas de por qué no podía acompañarla, como si yo lo estuviera deseando. No os tengo qué contar qué contestaciones le daba yo.

Y si le gustaba mi ropa, empezó a comprársela parecida. Y le gustaba mi pelo, y empezó a cortarse el pelo como yo (menos mal que la genética no nos pudo hacer más diferentes), a peinarse como yo, a maquillarse como yo. A mí ya me daba la risa y comentaba entre mis amigos que cómo es que, con lo que llega a odiarme cierta gente, puede haber otra que me imite de manera tan descarada.

Quedamos un par de veces para salir con otra gente, con la que empecé a hacer buenas migas y quedé muchas veces. Y ella empezó a comportarse como un novio celoso, reprochándome suavemente (pero reprochándome al fin y al cabo) que quedara con esa gente sin ella. Y también podéis haceros una idea de mi contestación. Porque quería que yo estuviera a su entera discposición, y sólo para ella. Pero claro, piensas que la pobre lo ha pasado mal, y necesita compañía, y...

Con su marido no se había ido de viaje nunca. Parece ser que es que si te vas de viaje gastas dinero, y a ellos no les gustaba gastar. Pues de repente, mis viajes y mis fines de semana fuera de Valencia se convirtieron en algo muy apetitoso para ella, y ya quiso que nos fuéramos las dos de viaje a Madrid, a Barcelona, a... Yo estaba alucinando, pero cambié de tema y no le dije nada. Pero me surgieron viajes y ella empezó a enfadarse conmigo porque no le había dicho nada. Tampoco os tengo que decir lo que le contesté, ¿no?

Cuando me dijo que estaba buscando piso por mi zona casi me da un infarto. Quería que fuéramos vecinas. Tuve suerte, los que vendían no le gustaban, aunque ella quería precisamente uno en mi edificio, pero afortunadamente para mí está completo.

Y un día dice que necesita ayuda para una cosa en la casa. Y yo, con toda la mejor intención, me ofrecí a ayudarle. Bueno, no fue ayuda realmente porque lo que hizo fue desaparecer dejándome a mí todo el fregao. Ni se acercó, mientras yo estuve todo el día empantanada en una mierda que puede hacer un profesional, pero claro, es que le costaba dinero. Y después de terminarla lo mejor que pude, acabar rota, destrozada, reventada y magullada, me cruzo con una amiga en común y me cuenta que se quejó del acabado diciendo que no le había gustado. Que no le había gustado lo que yo le había hecho.

Dije que era una desagradecida de mierda.

Me llama y no le cojo el teléfono. Luego le digo cualquier excusa y listo. Me manda un whatsapp y no le contesto. Siempre tengo algo. Cuando me dice que quedemos siempre tengo una excusa para no hacerlo. Y cuando me cuenta sus problemas le digo que yo también tengo y no los voy contando por ahí.  En un día podía tener hasta nueve llamadas perdidas suyas. Nueve. Ahora ya no. Juju.

Así que ante alguien tan desagradecido, codicioso, avaricioso, envidioso y malo prefiero no tener mucho que ver. Me teme, porque no insiste ya. Por detrás se queja de que no sabe qué me ha pasado con ella, cuando éramos inseparables. Y se lo comenta a los que vieron lo inseparables que éramos mientras yo huía de ella o hacía planes sin ella. Que ya no tiene con quién salir. Que nos íbamos a ir de viaje. Que íbamos a hacer muchas cosas juntas. Que teníamos muchos planes. Me toca las narices que pluralice cuando lo suyo es un monólogo siempre.

Yo ofrecí una mano y casi me arranca el brazo e intenta hacerse pasar por mi hermana gemela (repito: la genética no nos pudo hacer MÁS diferentes)

¿A que soy una gilipollas? Pues lo bueno es darse cuenta para solucionar el problema.

Y en ello estoy.

24.8.16

Historias de una vulgar y triste ignorante.

No me gusta hablar de lo que no sé, porque para qué. Y si sé de lo que hablo y me llevan la contraria prefiero callarme porque entrar en un debate con alguien que simplemente quiere quedar por encima de mí aunque no tenga razón me parece una pérdida de tiempo increíble. No me molesta que me corrijan si hay algo que corregir, por supuesto. Pero que me corrijan sin haber motivo es algo que me molesta un poquito. Pero yo sólo pido tiempo, y el tiempo me da tiempo. Y la razón.

Vamos a hablar de Charo, ese ejemplo de sabiduría hecha mujer. Ese extracto de sapiencia infinita que no sé cómo los de Mensa no la han admitido ya como presidencia vitalicia en su asociación. Esa mujer que no sé cómo no tiene ya todas las carreras del mundo, ha ganado ya veinte veces el bote de Pasapalabra y sigo sin explicarme cómo no ha aprobado una oposición y ha conseguido plaza para los restos. Supongo que es porque no quiere avergonzar a los demás con su memoria prodigiosa, con su memoria fotográfica, en la que todo se queda tatuado a fuego hasta los restos.

Estábamos en el trabajo hablado de libros. Comentábamos los libros que habíamos leído, y ella empezó a hablar de lo mucho que le había gustado Rayuela, escrita por Jovellanos. Comenté que creía que Rayuela había sido escrita por otra persona. Y en qué momento. Charo empezó a decirme delante de todo el mundo que cómo era posible que YO no supiera esas cosas, que le estaba defraudando. Sonreí. Sí, a ti, precisamente, le dije. Y ella siguió con sus frases despectivas para decir que no entendía cómo podía decepcionarla de esa manera, que me creía más inteligente.

Hasta que saqué el móvil. Busqué Jovellanos. Ni rastro de Rayuela. Busqué Rayuela. Anda, si la escribió Cortázar. Charo estaba verde.

Sigamos.

Una compañera se había ido de vacaciones a Guardamar del Segura. A mí me sonaba que era por Alicante o Murcia, y Charo empezó a decir que no, que era una localidad de Tarragona. Y a mí, que a veces me gusta hacer rabiar más que a un tonto un lápiz, le dije que no sabía exactamente de dónde, pero que no era una localidad catalana. Y Charo diciéndome que  ella estaba segura que era una localidad tarraconense, que lo sabía porque bla bla bla.

Saco móvil. Alicante. Charo había pasado de su verde habitual a un morado que no le sentaba muy bien. pero le hacía juego con su camisa blanca.

Continuemos.

Trabajando con el ordenador. El programa que se usa es un poco rebuscadito, pero con un poco de práctica te haces con él enseguida. Porque todo es ponerse. Y ella no se pone. Se ve que no necesita ninguna herramienta para absorber ninguna información, pero no se pone. Y para hacer algo tarda como tres eones en terminar. Eso sí, cuando eres tú quien está haciendo algo y ella pasa por tu lado se puede tirar media hora soplándote en la oreja corrigiéndote delante de los demás. Bueno, a mí no. A los demás. Los demás se muerden la lengua y rezan para que se vaya cuanto antes. Pues yo no. En el momento que su infinita sabiduría empezaba a corregirme (siempre actúa cuando hay gente delante), me giré a ella y le solté un: Pues esta mañana no sabías hacerlo, qué pronto has aprendido cuando es otro el que lo hace. Creo que a alguien se le escapó una carcajada.

Os juro que a veces pienso que no sé por qué tengo amigos. Bueno, sí. Porque no los trato así.

La guinda fue el día que Charo y otra compañera más piadosa que yo habían quedado para tomarse algo por el centro de Valencia. Casualmente (porque os juro que existen las casualidades) pasé por allí y me vieron. Yo iba a comer con unos amigos, no teníamos sitio aún, yo llegaba tarde, y ellas estaban a punto de irse porque eran las dos. Como les pareció interesante el quedarse a comer por el centro, les pregunté si se venían. Y dijeron que sí. Llamé a mis amigos y les dije que si podían buscar algo ya, y que contaran con dos personas más. Y entonces Charo empezó con su savoir faire.
-¿Y dónde vamos?
-Ahí detrás.
-¿Y cómo es el sitio?
-Ni idea.
-¿Y qué clase de restaurante es?
-Yo qué sé.
-¿Pero es italiano, griego...?
-Pero si me has oído, que no habían buscado nada aún...
-Pero habrá reserva, ¿no?
-¿Me has oído decir que busquen algo? No. Hay. Reserva.
-¿¡CÓMO QUE NO?!

Y perdí la paciencia con ella.

-Mira, niña, ahí tienes un McDonalds. No hace falta que vengas, que seguro que donde vayamos no te gusta y se la lías al camarero, como siempre haces.

Touchée.

-No, no, sí quiero ir...-dijo en un gemido.

Hasta me pidió disculpas. Todo un logro. Pero creo que era porque quería venirse a comer.

Cuando terminó la comida mis amigos me preguntaron que de dónde había sacado a ésa. Y esa pregunta me la hago yo cada día que la veo.

Así que Charo desde entonces me pilla vuelta, intenta no denigrarme públicamente, ya no me corrige y hasta quiere volver a quedar para irnos a comer o a cenar por Valencia.

Y mi religión me dice que una porra.

Jamás podré yo, vulgar y triste ignorante, llegar a ser un ser superior como Charo, que es un ser tres escalones superior al resto en la escala evolutiva. Jamás podré llegar a estar a su altura en inteligencia, educación, compañerismo, sabiduría, humildad, modestia y diplomacia. En empatía, en intelectualidad, en su trabajo en equipo, en su saber estar, en su elegancia, en el cómo trata a los demás. Jamás.

Pero bueno. Ni falta que me hace.

Y ella lo sabe.

17.8.16

Doesn't mean I'm lonely when I'm alone

Creo que todos conocemos, o podemos llegar a ser, alguien que necesita tener pareja. Que sí, que tener churri puede ser de lo más interesante, pero que no vale cualquier persona para ocupar tal puesto.

O sí.

Porque hay gente que necesita como el aire que respira tener pareja. Esa gente que es capaz de mover cielo y tierra para conquistar a alguien, pero si sale mal la cosa, a los cinco días ya está con otra persona. O cinco días antes ya lo estaba, o cinco meses antes. Da igual. Hará lo mismo por esa segunda persona, y si sale mal, moverá lo que haya que mover para no tener nunca aire a su lado. Y si a su lado sólo están sus brazos, se quejará de que no le hacen caso, que si sólo se van con (ponga aquí un calificativo) y una larga lista de lamentos. Y en cuanto aparece un nuevo objetivo, se olvidará de su pena para dedicarse a conseguir ese nuevo proyecto de churri. Porque es gente que para sentirse bien necesita novia o novio, le encanta el juego de la seducción, vive dependiente de su pareja, y cuando termina la relación no tarda apenas tiempo en consolarse con otra relación tan superficial como la espuma del mar.

Otra cosa es lo que intentan demostrar cara a la galería, esa felicidad desbordante, ese exhibicionismo de amor incondicional, el cómo pude vivir sin esta persona, el es lo que necesito para ser feliz en esta vida, el mirad cuántas cosas hago y cuelgo en redes sociales con él/ella.

Vale, sí. Pero ¿cuánto tiempo tardan en olvidarse de esa persona cuando rompen? De esa y de las siguientes. Porque lo que les importa no es la persona, sino una persona. Y para estar a su lado vale cualquiera. Sí, cualquiera. Porque pueden ser más o menos exquisitos, pero desde luego se conforman con la primera persona que les haga caso. Y no les hacen caso la gente conocida porque ya han calado que andan desesperadas buscando a alguien.

¿A que conocéis a gente así? Vale, en un momento dado podemos echar en falta tener a alguien con quien compartir ciertas cosas, pero ese alguien a veces sólo vive en nuestra imaginación.

Pero a ver... ¿por qué es tan importante una pareja? ¿De verdad se necesita? ¿Qué es lo que no podemos hacer sin una pareja? Esa presión social de que si no tienes churri es que te pasa algo es algo que afecta especialmente a la gente que se lo cree. Y se puede vivir sin churri. Perfectamente. Vale, es divertido tenerla hasta que deja de ser divertido. Y si pasa el tiempo y tienes a alguien que te empieza a agobiar al lado, qué coño haces con esa persona. Pues eso. Que descubres lo que es estar solito en la vida.

Y es una experiencia interesante.

Primero, eso de no tener ni que molestarte en decir lo que haces o con quién es algo que me pareció muy curioso. No dar cuentas de si entras o sales. Ni informar de si vas o vienes. De estar donde y con quien quieras. De hacer o deshacer. De estar sola. De hacer cosas sola. De darte cuenta que puedes estar sola. Que estar sola es tan enriquecedor como estar con mucha gente. La diferencia, es que estando sola te acabas conociendo mucho mejor y te cuidas más, ya que antes cuidabas a otra persona y te olvidabas de ti.

Luego, está el que si te arreglas, te vistes, te compras ropa, pintas la habitación, lo haces por ti, y para ti. Que esa ropa interior tan bonita que compraste el otro día la usas también para sentirte bella por dentro y porque te apetece, no sólo porque haya un encuentro con alguien. Que también te la pones por ti. Que esas piernas tan estupendas que tienes lo son porque lo sabes, no porque te lo haya dicho tu churri. Y que si tu escote es genial, lo sabes mirándote al espejo, no porque te lo haya dicho nadie agarrándolo desde atrás cuando tiene ganas de marcha.

Usando un símil, acostumbrarte a estar sin pareja es como dejar de fumar. Puedes hacerlo por costumbre, cuesta dejarlo (ah, los hábitos), pero se puede vivir sin una cosa y sin otra. Pobre el que dependa de una pareja para sentirse completo. Es una persona superficial, se aprecia muy poco, y aprecia poco a los demás, que son sólo instrumentos para sentirse mejor, y luego olvida.

Yo, desde luego, no quiero a nadie así, aunque he estado con gente así de dependiente, en busca de pareja, aunque no te dieras cuenta en ese momento, pero descubres con el tiempo que era de esa clase de gente, que necesita tener siempre a alguien para sentirse mejor. Y ese alguien es quien sea, sencillamente. Pues mejor que me dejaran de lado si su interés por mí era sólo un escaparate cara a la galería, una necesidad superficial mezclada de control y postureo para convertirse en la demostración que no he sido realmente tan importante para ellos. Porque ellos, recordad, no quieren a la persona, sino a una persona. La que sea, o la que más a mano tengan.

Pos fale. Porque ese postureo es lo que les mola. Y lo hacen contigo, con la vecina del quinto, con el compañero de trabajo y con la amiga de la amiga, si acaban saliendo con ellos o ellas. Porque se trata de aparentar, el mirad, tengo churri. Qué felices somos. Mirad las cosas que hacemos. Oh, estoy salvado/a, tengo pareja. Qué felices somos, mirad. Miradnos. Eo. Esperad, que cuelgo fotos para que lo veáis. No son suficientes, voy a colgar más, y ponerlas de avatar. Y lo pongo en whatsapp también, para que todo el mundo se entere. Y no lo pongo en el BOE porque no me dejan.

Y luego llega la ruptura, pero ya sabemos que al poco tiempo ya hay otra persona al lado de su brazo por quien hace exactamente lo mismo que por todas las anteriores.

También está la presión social de familiares. Que cómo es que no tienes churri. Que se te pasa el arroz. Pues tu primo tal ya tiene novia. Hijos. Hipoteca. Y tú no. Que te vas a quedar sola. Joder, JÚRAMELO, porque si es para aguantar a cierta gente, lo prefiero.

Así que dices que no tienes novio porque no lo necesitas... eso lo dices porque no tienes novio, porque si lo tuvieras no dirías eso. Pues mira, a lo mejor diría lo mismo, o no. A saber. Pero esta época de soledad autoimpuesta, sin involucrarme sentimentalmente con nadie, ha sido más fructífera y productiva de lo que yo pensaba. Porque para querer a alguien me tengo que querer yo primero. Y si no me quiero yo, no me va a querer nadie tanto. Si necesito tener pareja, el problema lo tengo yo, y grande, y he descubierto que puedo vivir sin nadie a mi lado. Vale, sí, a veces aparece alguien que te deshace la cama y te despeina el pelo, y te estruja las nalgas en ciertos momentos íntimos, pero son momentos puntuales que puedo compartir con cualquiera que me guste. Pero... ¿necesitar? Y lo que es peor... ¿necesitar a alguien? ¿Quien sea? Joder, es que me parece enfermizo.

Así que bueno, yo cuando me aburro hago manualidades, me voy a correr o salgo de casa a dar una vuelta, no me entretengo buscando pareja para sentirme menos sola. Porque sola me he encontrado estando acompañada de cierta gente que se supone que eran tu pareja, y eso sí que es triste, tanto como buscar a alguien para que todo el mundo vea que no estás solo.

Tengo que deciros una cosa: yo, estando sola, ya no me siento sola.

Y cuando la presión por tener a alguien a tu lado desaparece se abre un panorama lleno de oportunidades, personas y lugares dignos de recordar.

Porque yo no busco. No tengo prisa ni ansia por encontrar a ese alguien especial que por primera vez en mi vida me complemente y me quiera tal y como soy, no por lo que pudiera conseguir de mí, como hicieron todos los demás.

Y si no aparece, seguiré conociendo gente. Jiji.

Edito: Un día os contaré la de cosas que puede llegar a hacer una persona que necesita tener pareja para hacerte creer que está interesado única, sólo y exclusivamente en ti. Y vais a flipar. A f l i p a r.

6.8.16

Ver la paja en el ojo ajeno.

Ya os hablé de esto.

Bueno, pues duró.semana y media más.

Vaya elementos hay por el mundo para las edades que tienen...


25.7.16

Insight

¿Habéis tocado fondo alguna vez? Yo sí, y fue hace poco. Y es una sensación que no se la recomiendo a nadie.

No voy a explicar lo que se siente. No voy a explicar tampoco la gota que colmó el vaso. Ni voy a explicar qué ideas pasan por la cabeza. Porque todo eso forma parte de un pasado que ha quedado atrás.

Hace años pensaba que tenía problemas. Los tenía. Y gordos. Y no los he escrito nunca en el blog ni en ningún sitio. Pero huy, amiga, pues anda que no vienen más a lo largo de la vida. Y vienen. Y de todos los colores, modelos y tallas. Y si crees que no puede ir a peor la cosa, va. Y si crees que no puede ir a peor, va. Y si crees que no puedes aguantar algo más, te viene algo peor aún.

Y claro, llega un momento en el que te ves peor que nunca hayas estado, y encima es que te das cuenta, eres consciente, de que es el peor momento de tu vida, y no te gusta estar así porque tu alrededor no ayuda, tus circunstancias tampoco y lo que hay dentro de tu cabeza no te gusta, porque va formándose algo que no quieres que coja fuerza porque te da miedo ese pensamiento. Y durante un tiempo te cuesta levantar cabeza, incapaz de reaccionar. Todo te parece demasiado grande, importante e insoportable.

Y es una sensación horrible.

Pero un día sucede algo que te golpea como cuando te dan una bofetada. Sin esperarlo, de improviso, sin querer. De repente ocurre algo que vale la pena experimentar. Algo que te hace replantearte si es eso lo que quieres, si es eso lo que vas a querer seguir viviendo. Que a lo mejor si vives algunas cosas es porque es lo que has tolerado. Que otras no tienen remedio ni solución, pero la vida es así y hay que vivir con ello. Que hay cosas que tienen la importancia que tú les des. Y si les das demasiada importancia, la tienen, aunque realmente no valgan nada. Y que no hay que dejar que tu autoestima ni tu felicidad estén en manos ajenas, porque hay gente que se entretiene haciéndote daño. Que está bien buscar ayuda entre tus amigos, porque ahí verás a quiénes les importas. Esa sensación tan reveladora de abrir los ojos y replantearte todo. Lo que vale la pena, lo que no. Lo importante, lo que no lo es. No es blanco o negro. Y yo, que soy a veces muy radical, que durante mucho tiempo me he aferrado a ideas erróneas y a gente equivocada, veo y comprendo que las cosas me han pasado porque soy una auténtica gilipollas.

He sido una gilipollas. Pero de las buenas, ¿eh?

He dado demasiada importancia a cosas inútiles y a personas vacías durante muchos años. He aguantado cosas que tendría que haber cortado desde el primer momento. Y cuando eres consciente de las cosas que no te gustan de ti y de haber dicho un hasta aquí hemos llegado, todo cambia. Se descuelga o se ofende la gente que creía que estarías siempre ahí, pero sólo cuando ellos quisieran, claro. Desaparecen prioridades absurdas para convertirse en humo. Se esfuman ideas, se forman otras. Abres los ojos. Y los he abierto tanto que me he dado cuenta de que no pasa nada por reconocer que he sido una gilipollas por cederle el mando de mi felicidad a terceras personas. He sido siempre una persona que ha intentado ayudar al que lo necesitaba, pero me he planteado que por qué esa empatía ante cualquiera. He descubierto lo ingrata y lo mala que puede ser alguna gente a quien he ayudado. ¿Por qué quise ayudarles? ¿Realmente me engañaron o fui yo la que quise dejar que se aprovecharan de mí? ¿Y esa ingratitud cuando ya no me necesitan? Y lo que es peor... ¿qué odio enfermizo me acaban teniendo por a saber qué? Pero tampoco puedo estar culpándome yo siempre, porque siempre no puedo tener yo la culpa, por muchos años que me hayan repetido que la culpa es mía por (ponga aquí el motivo).

Yo soy dueña de mis aciertos y mis errores. Yo soy quien tiene que decidir quién está a mi lado y quién no. Es como cuando se siega el trigo y se realiza el aventado. Se lanza al aire la paja con el grano para que el aire se lleve lo que menos pesa y quede el grano. Pues es lo mismo. He aventado mi vida para ver realmente qué es lo que se queda o lo que se quiere quedar. Y todo lo demás, que se lo lleve el viento, porque demuestra que no tiene tanto peso en mi vida, aunque yo pensara que sí. Y me quedé quieta viendo cómo desaparecían cosas que antes creía imprescindibles para mí, pero pesaban lo mismo que el humo de un cigarro, o que un papelillo de confetti.

Te desprendes de cosas materiales que asocias a personas, dejando de tener que asociarlas a quiénes te las regalaron cada vez que las mirara. Y dejas de tomarte tan en serio las cosas que te dicen porque no te afectan como antes. Yo no soy la que tiene que cambiar. Me cansé de tener que adaptarme, someterme, callarme. ¿Qué es eso? ¿Así iba a sentirme mejor? Pues no. Porque siempre querían más. Y yo ya les había dado todo, y les parecía poco e insuficiente.

Los que antes me tenían segura a su lado y me hacían daño ahora miran con curiosidad mi reacción. Intentan hacer que reaccione cuando ellos quieren. ¿Para qué? Observan, miran, fingen que no les importo. ¿Me echan de menos? No creo, sólo es que ya no me tienen y eso sí lo notan. Son mala gente, eso lo han dejado claro. Y no saben lo que me ahorran el que algunos hayan desaparecido de mi vida por su propia voluntad. Porque han sido muy malas personas. Y yo, gilipollas, sí, pero ellos han sido malos, crueles, sádicos y demuestran que tienen muy poca personalidad, menos de la que yo he demostrado tener, por hacer sufrir a quien les quería tanto para sentirse importantes.

Y los días pasan. Y el tiempo pasa. Y el sol sigue saliendo, no importa lo que hagas, el mundo sigue girando. Y le he dado tanta importancia a ciertas cosas y a ciertas personas que ahora me parecen ridículas, que me veo con ganas de hablar de ello. Porque me hicieron sentirme mal, muy mal, como jamás me han hecho sentir. Porque me hicieron sentirme insignificante. Impotente. Incapaz. Inútil. Ridícula. Y mi ego se resistía a ello, hasta que me di cuenta de que vale, que eso se me daba muy bien, que podía ser muchas cosas y que hacer de tonta e ignorante se me daba estupendamente, pero que yo era muchas cosas buenas que se habían quedado ocultas entre tanta mierda. He huído de situaciones, personas y cosas que, sinceramente, han hecho que quisiera morirme. Y no. Que me olvidé de quererme yo.


Así que no ha compensado el tiempo perdido con nada de esto ni con nadie. Sólo me ha servido para aprender a soltar lo que no me hace crecer o no quiere quedarse. A adaptarme a las nuevas cosas. A valorar más aún a quien sí se quedó cuando estuve tan mal. A no alimentar al bicho. A saber estar sola, a no depender de nadie, a aprender tantas cosas que me maravilla el no haberme dado cuenta antes. A que yo sigo estando en el mismo sitio, y que las cosas inútiles y las personas vacías son las que se han ido.

Y es tan bonita esta sensación...

12.7.16

De nada.

Hace tiempo vi convocadas unas oposiciones que me interesaron especialmente. Eran en Madrid, el temario era bastante asequible, y me apetececía presentarme a algo así, por lo que me preparé durante meses para ello. Cuando salió el plazo de presentación de instancias le comenté a un amigo que lo mismo le interesaba también a su hermana que, aunque estaba trabajando en una administración pública, no tenía plaza fija. Y se lo dijo, claro. Ella no sabía cómo podía hberme enterado yo de esa oposición, porque ella no la había visto convocada. Pues en el BOE, hija de mi vida. ¿Dónde si no?

Cuando llegó la fecha del examen nos presentamos como media Europa a esas pocas plazas. Suspendí como una campeona, por los pelos, pero suspendí. La hermana de este chico no suspendió. Es más, fue una de las que consiguió plaza. Cuando su hermano me lo contó me alegré. Oye, eso es que es buena, ya era hora, qué bien.

Meses más tarde, en una conversación entre amigos, salió el tema de la oposición. El, presumiendo de hermana, dijo que había aprobado, y eso que se enteró de la oposición de casualidad. Yo, delante de él, lo miraba atónita escuchando cómo seguía hablando de lo que son las casualidades y que se apuntó casi el último día. Acabé diciendo que yo fui la que se lo dije, y a él le sentó fatal el que lo dejara en evidencia delante de la gente. Acabó argumentando que su hermana se hubiera enterado de todas formas. Arrugué la nariz en una expresión de asco. ¿Cómo puede ser alguien tan ingrato? Yo no gano nada por hacer un favor, pensé que a su hermana le itneresaría, no espero nada a cambio, pero que me desprecien de esa manera me indigna. Qué queréis que os diga. Me puede.

Otra vez, de un antiguo trabajo recurrieron a mí para que les localizara a alguien que quisiera trabajar con ellos. Como yo andaba ya ocupada por aquél entonces contacté con la hermana de una amiga de la infancia. Claro que aceptó, encantada. Y estuvo mucho tiempo trabajando en ello. Y pasó más tiempo, tuvo problemas con alguien cercano a mí y cuando me enteré de lo que pasaba, me había metido en un lío de tres pares de narices. Imaginad cómo estaba el ambiente, que cuando yo entraba a a trabajar pensaba "a ver de qué se me acusa ahora". Y todo por ella que, casualmente, entró en donde yo estaba y cuando terminó yo seguía en el mismo sitio. Puso a la gente en mi contra , creó mal ambiente hacia conmigo y sólo cuando se fue comprobaron que no era cierto todo lo que había dicho contra mí. Joder, ¿y os dais cuenta cuando ya no está? Y yo no comprendía cómo alguien a quien conocía de toda la vida, a quien incluso le había ofrecido un trabajo podía tratarme de esa manera. Pero sí, ocurre. Y más de lo que pensamos.

Ha pasado el tiempo y vi en un local que van a abrir un cartel de que se necesitaba personal. Al ver el nombre de la empresa, pensé en una amiga que tiene experiencia en el sector y lleva años parada. Bueno, pues he recibido una llamada suya para decirme que ha sido contratada, que muchas gracias por avisarla, y tal. Y ha dicho algo: "Si no llega a ser por ti, no me entero. Voy a trabajar gracias a ti". Suena exagerado, la verdad. Pero ha dicho algo que ninguno de los anteriores me dijo.

Hoy he hablado de trabajo, pero es aplicable a cualquier aspecto en la vida. Soy servicial con los demás. Intento ayudar en lo que puedo, y hay gente que cuando ya tiene lo que quiere, desaparece dejándome atrás sin querer darse cuenta de que yo, tal vez, fui la única persona que les pudo ayudar cuando andaban tan mal. Pero así es la vida. Y gente ingrata habrá siempre, que despreciará u olvidará lo que hiciste por ellos. Y sólo te echarán en falta cuando quieran que estés y ya no te vean a su lado.

Me quedo con una frase de Séneca.

Ingrato es quien niega el beneficio recibido: ingrato es quien lo disimula, más ingrato es quien no lo devuelve, y mucho más ingrato quien se olvida de él.

11.7.16

Somos lo que tenemos.

Supongo que será por alguna especie de trauma infantil por la que hay gente, y no poca, que busca entre sus posibles parejas a alguien que sea económicamente independiente. Cuanto más, mejor.  Eso de que sean guapos, simpáticos, inteligentes, buenas personas o sean el amor de su vida queda simplemente en un segundo plano si esa persona no tiene trabajo o ingresos, no sea, por lo visto, que tengan que manenerlos. Y si encima su salario va acompañado de cierto estatus social, da igual que no sean guapos, ni simpáticos, ni inteligentes, ni buenas personas o que les den asco al poco tiempo, puesto que no tendrán que mantenerlos. Y eso es MUY importante en la vida, ¿no? Si no tienen trabajo son usados simplemente como pasatiempo hasta que aparece alguien que, casualmente, sí tiene empleo. Pero sabemos que los traumas infantiles son así de arraigados y para esas cosas a esta clase de gente supuestamente adulta no les importa comportarse como el niño pequeño que se aburre de un juguete porque aparece otro más grande o más nuevo.

He conocido padres que estudiaban a los pretendientes de sus hijos para saber si estaban bien situados, he conocido chicas que discriminaban a pretendientes por no tener posibles y he conocido pretendientes que han ido a saco a por alguien bien situado y he conocido hombres que han buscado status y dinero. Y todos lo han contado de la forma más natural, como si fuese lo más normal del mundo. Así que no podemos  decir que sea una actividad de un sólo género.

Pero pasa una cosa. Esta gente que busca un nivel económico más elevado no tiene en cuenta una cosa. Que tal vez a ellos los puedan querer por lo mismo. Y siempre, siempre, hay alguien mejor situado que ellos. Y esas parejas que surgen por intereses económicos y sociales no reconocidos se rompen cuando aparece otra persona con más intereses sociales y económicos. Y luego vienen los lamentos. Pero si tú has buscado a alguien por lo que tiene o por lo que es, cómo es que te quejas si te dejan por alguien que tiene o es más que tú. Pringao. Ha-ha
.
Lo que está claro es que esta gente es mejor tenerla lejos, porque si somos lo que tenemos, nosotros somos amistad, humor, malhumor, compañía, conversación, aburrimiento o un café a media tarde, y ellos, tan magníficos, tan bien situados, son unos putos interesados y unos falsos.

Y gente así, sobra en la vida.

Qué descanso cuando desaparecen de tu vida... Qué descanso.