9.8.17

Dani Rovira tiene razón.

De su Twitter:

La de cosas que quedan por sentir, probar, leer, crear, amar, reír, andar, abrazar, saltar, aprender, hacer y deshacer...y solo una vida.

:)

7.8.17

El exorcismo

No sé si en la ley de Murphy hay algún capítulo que hable de la profundidad existente de los cajones en casa, pero debería haberlo, porque telita la de mierda que se puede hallar en ellos. Y la culpa es MÍA. Vuestra, en vuestras casas, so guarros.

Podemos hacer un tratado de arqueología mirando lo que podemos encontrar en ellos, desde facturas del año del Pleistoceno, hasta una invitación de boda en la que el niño ya ha hecho la comunión, pasando por un móvil que iba a cuerda por aquél entonces. Claro, si ese cajón no se usa, cómo iba a saber yo que estaban esas reliquias ahí.

Pues igual que encontramos cosas curiosas también encuentro cosas que no necesito, no quiero y no me apetece tener, así que ale, a la basura, aire, atomarporsaco. Y la sorpresa viene cuando de un cajoncito de nada llenas una bolsa de guarradas que no sabía que tuvieras ni que acumularas en todo este tiempo y mucho menos que ocuparan tanto espacio. Pero bueno, qué Diógenes estoy hecha, po favó, dentro de nada no puedo entrar en casa, igual que esos programas que salen en la tele que no se ve ni el suelo de la mierda que tienen.

Pero también encontramos cosas que dimos por perdidas hace años. Ah, malandrín, aquí te hallo, cuando ya había desistido en volverte a ver... Que puede ser cualquier cosa, desde una foto, hasta un pen, o cualquier otra mierda que te indica la cantidad de años que o no abres ese cajón o no lo ordenas, cochinote/a. Ejem.

Y cables de móviles. ¿Encontraremos cables de móviles diferentes? Hasta me he encontrado una cartilla de un banco que no existe desde hace no sé cuántos años, y otra de otro banco que no existe desde hace unos pocos. Todo indica que banco que toco, desaparece. Pero mi hipoteca, no.

Qué entretenido es esto. Haha. Y qué dejada he sido.

24.7.17

El resumen de toda una vida.

Hacía muchos años, por lo menos ocho, que no me cruzaba con él. Era un viejo compañero de instituto con el que compartí también amigos en común. Se hizo arquitecto y le fue bien cuando a todo el mundo le fue bien. Y yo dejé de tener relación con él más que nada porque ya ni coincidíamos en ningún sitio.

Hoy me lo he cruzado, después de todos esos años, y me ha saludado muy efusivamente, como si no hubiera pasado el tiempo. Iba vestido muy alternativo, a su lado yo parecía una marquesa, y eso que iba con vaqueros. Tras decirnos lo típico que se dice en estos casos qué tal estás, qué bien te veo, cómo te va, y de ponernos al tanto de lo que nos ha pasado estos años, me ha soltado la pregunta. Perdón: LA PREGUNTA.

-¿Estás casada? ¿Tienes pareja?

-No y no.

-Ah, pues yo estoy con una chica desde hace diez meses y...

Bueno, por lo visto le hacía ilusión decir que estaba con alguien. De esos hay a puñaos, que si no lo pregonan como que la gente no se lo cree o algo. Bueno. Me alegro que te vaya bien. Ya nos despedíamos cuando...

-Tú tranquila, seguro que ya aparecerá alguien cuando menos te lo esperes.

Yo os juro que me meo. Después de tantos años y de ponernos al día de nuestra vida, con la de cosas que han pasado, resulta que lo más importante es tener pareja.

Cachis.

En qué estaré yo pensando...

16.7.17

Do it yourself

Aunque en el registro civil pone que soy mujer (¡y qué mujer!) y me etiqueten los más carcas como el sexo débil no sé qué gen tengo que hizo que, desde pequeña, fuese de las personas que aprendiese a hacer las cosas por mí misma sin que pidiera ayuda a otros más que lo justo y necesario. 

De hecho, me acuerdo que de pequeña me fijaba en cómo los mayores hacían alguna cosa y yo luego los imitaba. Me cuentan que era una microbia y yo ya quería hacer cosas que no me correspondían a mi edad, y de lo que me gustaba fijarme yo ya sabía firmar con mi nombre, suponiendo que me llamase Antonio.

Cuando crecí ya me quise meter en temas de bricolaje y manualidades, y tuve bastante éxito en mis obras que, sin ser la Capilla Sixtina ni dignas de salir en Bricomanía, pues oye, que pude ahorrarme unas pesetillas que debí meter en una hucha, porque ahora podría tener unos ahorros importantes. Salvo en ciertos temas en los que prefiero no meterme, en lo demás me atrevo, pero hay batallas que sólo dejo a profesionales en esas lides.

Luego está el tema lúdico. Salir. Hacer senderismo. Ir en tándem.  A ver, que poder, puedes hacerlo solo, pero no es lo mismo. Para muchas cosas necesitas compañía, o es mejor con compañía. Aunque para otras no, o puedes hacerlo sin nadie más, que todo es decidirse. Ir al cine, Ir a la playa. Viajar. Ah, los viajes. Aunque me falle el presupuesto, me gusta viajar. Surgen viajes, se cancelan, se apunta gente, me proponen cosas, voy, se cancelan, las cancelo... argh, qué rabia me da. Voto a bríos que me sulfura el que sí, que no, que sí, que no... Que no es pintar una pared, que hay gente que depende de tu decisión, y hay que pillar billetes, hotel, cuadrar fechas... Y me voy de viaje con compañía que va cambiando según el momento y la ocasión. Y planeas viajes y salidas a veces que te aseguran que sí, que está todo claro, que sí, que no te preocupes, pero llega la fecha y...

Que no.

Y cuando ha pasado varias veces por motivos varios y me quedo con las ganas (estoy de un egoísta últimamente que pa qué), pues me acuerdo de mi época del bricolaje, en la que yo, a lo Juan Palomo, me solucionaba las cosas yo mismamente porque para eso no necesitaba a nadie realmente. Porque para esto, aunque haya tardado en darme cuenta, me hacía falta liquidez, no compañía. También decisión, porque ganas tengo siempre.

Ya tengo fecha y hotel. Faltan los billetes.

Por primera vez en mi vida, me voy sola de viaje y seguro que será una experiencia única. Voy a ver lo que no he visto aún, no voy a repetir lugares. Callejear, perderme, vaguear y, sobre todo, disfrutar.. 

Destino: [Editado]. Me han recomendado unos cuantos sitios que pienso ver. No sé si al final se animará alguien más, pero este viaje no va a depender de nadie más que de mí.

Porque para viajar no hace falta a nadie.

:D

10.7.17

Ese día.

Ese día es igual que otros.

Hace el mismo calor, o el mismo frío. La misma gente pasa por tu lado, es la misma rutina, te maquillas igual, hablas con la misma gente, vas a los mismos sitios, o esa vez tal vez vas a un sitio nuevo, o comes en un restaurante nuevo, a saber. Has hecho las mismas cosas. Pero ese día, esa tarde, o esa noche, buscas a esa persona que el día anterior pensabas que podrías compartir tu vida con ella, con ese hombre que te hacía suspirar con sólo mirarte, con ese santo varón que sólo con un roce era capaz de despertarte la fiera salvaje que llevas dentro y ves algo en él que antes no estaba, o creías que no lo estaba. Y ese algo te resulta molesto.

Su colonia no te gusta ya. Te molesta. Te marea, te parece demasiado fuerte. Te quejas. O su barba. Antes te hacía gracia que te destrozara la cara pero ahora no le dejas acercarse a menos de tres kilómetros si no se ha apurado hasta el hueso, que ya está bien, que cómo se nota que a él luego no le quedan secuelas tras un simple beso, hombre ya. O cuando come. Que si come rápido, lento, o mucho, o cosas raras. Pero qué haces, qué cosas más extrañas pides. O si conduce rápido, o despacio. Y esa fiera salvaje que despertaba antes ahora es una fiera asalvajada malhumorada, signo indiscutible que algo no funciona.

Y entonces te das cuenta. Porque te das cuenta. Y aquí la gente con principios es la que le dice a ese hombre molesto, antes encantador, que ya no quieres seguir. O a esa mujer. Porque para qué quieres seguir si ya no estás a gusto, si te molesta lo que hace, lo que lleva puesto, lo que te dice, si te aburre...

Para qué quieres seguir, dime.

Para qué.

Así qué narices haces.

4.7.17

Esos ojos azules.

Recuerdo que salí a buscarte porque no llegabas, aunque ya me habían anunciado que estabas allí. Yo tampoco te conocía, así que me asomé para ver si te localizaba al tiempo que entrabas y me encontraste tú. Creo que esperabas en realidad a un hombre de sesenta años, calvo y de pelo blanco, gruñón y con camisa de rayas. o tal vez a un gato verde volador con rayos láser en los ojos, porque en cuanto me viste hiciste un gesto de sorpresa y tu sonrisa ladeada apareció dándome a entender que lo que veías era grato a tus ojos.

Mientras hablábamos del tema que teníamos en común comentaste como sin darte cuenta un par de cosas que yo no había preguntado pero que, por alguna razón, tú querías que supiera. Soltero y sin pareja. Yo seguía mirando tus ojos azules y tu barba oscura mientras escuchaba demasiada información porque no sabía cómo gestionar la situación. Estabas alargando la conversación mostrándote encantador, enseñándome esa sonrisa que yo había provocado, mirándome con esa mirada clara y directa que no me molestaba en absoluto. A medida que pasaba el tiempo, me gustaba más lo que veía y cómo te expresabas. Me gustaba tu sentido del humor, tu forma de gesticular y, en especial, tu sonrisa, y esos labios que yo miraba de vez en cuando.

Ya te ibas cuando te despediste de mí mientras seguías comentando un par de cosas. Yo te escuchaba y esperaba que dieras tú el paso, que dijeras algo, que hicieras algo. Si alguien tiene interés en ti hace lo posible para demostrártelo, en buscarte, en hacerse ver.

Entonces alargaste la mano y buscaste la mía.

Ha pasado el tiempo y no nos hemos vuelto a ver. Mejor así. No lo sabes, pero me has dado una vidilla que me gusta, algo especial, algo que me ha hecho recordar lo viva que estoy. 

Eres un bonito recuerdo.

Espero que te vaya todo bien. 

Cuídate.