Hay una atleta olímpica -de la que paso de recordar su nombre- que, se supone que, como tantos otros, ha vivido a costa de subvenciones oficiales por entrenar y participar, en representación de nuestro país, en altas competiciones oficiales durante varios años.
Se supone, perdonen mi ignorancia, que tales estrellas del deporte viven a cuerpo de rey. No tienen que madrugar para ir a sus cuestiones profesionales, si no es porque así se evitan la calina al entrenar. Tienen comodidades que no tenemos los demás humanos, y cierto áura de prestigio por pertenecer a la élite deportiva. Y, como tal, se creen
omnipoderosos y compiten, y aunque queden los últimos, dejan bien claro que
peor lo hubieran hecho otros. Mucho peor. No como ellos, que pertenecen a lo más mejor de nuestro deporte patrio y que
jamás reconocerán que son peores que los que también compitieron, sino que alegarán un mal día, una lesión, o que son
amigos de y por eso los colocaron en el equipo oficial, dejando de lado a gente mucho más desconocida, pero mucho más competente y merecedora de
suculentas becas para dedicarse a lo mismo, con mejores resultados.
Cuando nuestro equipo olímpico se fue para las Chinas Imperiales, me llamó la atención -y mucho- la noticia de que esta atleta de nombre digno de olvidar se había vuelto por un ataque de ansiedad. Y yo pensé: o sea, lleva -se supone- cuatro años preparándose para competir ¿y se vuelve a casa con un ataque de histeria? ¿También sufría ataquitos cuando le ingresaban la beca mensualmente? ¿Cuando viaja a gastos pagados a costa del estado o de su asociación también le dan ataquitos? Mi ignorancia tan profunda por el mundo del deporte es tanta -recordemos que soy nula en matemáticas, física, química y deportes, por este orden- que no llegaba a comprender cómo se podía echar atrás en semejante momento. Hay que estar a las duras, y a las maduras.
Pero llegó el notición: se había dopado y le había entrado un ataque de histeria, supongo que por si la pillaban. ¿Dopado? ¿Era tan mala que necesitaba doparse para ser la última? ¿O se había dopado para ser mejor que otras que se habían tenido que quedar en España? Vergüenza le debería dar a esta clase de deportistas que dejan en la cuneta a otros, mucho más capaces y válidos.
Sólo espero que no le dé otro ataquito de histeria si alguien le pide la devolución de las becas que habrá disfrutado por pertenecer a la alta competición, porque lo deseo con toda mi alma. Si no reúnes las condiciones, te quitan una beca, o no te la dan, y ahora falta saber quién se la concedió, y bajo qué condiciones. También que pague lo que cuesta un billete de ida y vuelta a China, porque eso sale de nuestros bolsillos, no de los suyos.
Esta es la clase de deportistas que hacen que, a los que ganan por méritos propios, los pongan en duda.
Y mi ego está tan alto hoy, que me ofrezco como sustituta suya. Total, quedaría igual que ella -la última, y con diferencia-, pero seguro que les saldría más barata.
Ps: Vaya chufla este año: entre esto, y que anoche no pude ver la lluvia de estrellas por las nubes, me tienen de un contento... Probaremos esta noche, a ver si hay más suerte.
Actualización: Dándome cuenta de mi supina, suprema e indiscutible
ignorancia (creo que siempre he dejado claro que prefiero parecer ignorante a demostrarlo), iluminémosla con un enlace que he puesto en la entrada (¿dóndestádóndestá?), más que nada para que la sabiduría nos cegue y nos dirija hacia el saber, espante a los trolls y no nos hagan salirnos del buen camino y de conocer que, de
los impuestos de
todos los
contribuyentes, se sacan los
cuartos para las becas. Un saludo al nuevo troll y repetirle, a este también, que así no se hacen amiguitos. Olvidado quedas a partir de ya.