15.3.17

Regalitos.

Me gusta regalar, y creo que tengo buen gusto. Cosa que no pueden decir todos los demás. No me conocéis, por lo que no habéis tenido el inmenso placer de regalarme nada ni de disfrutar de mi exquisito gusto para los obsequios, por lo que os voy a hablar de los regalos que me hacen. Hahaha.

Sinceramente, si somos los que nos regalan, soy entre la hostia y un mojón seco.

Hace un año me hicieron el mejor regalo de mi vida. El mejor, con diferencia. Y os juro que nadie podrá superarlo, aunque quisiera. Y mi agradecimiento en ese instante, a la hora de recibirlo, fue entre la más absoluta estupefacción y un llanto inconsolable con los mocos hasta la barbilla junto a un temblor incontrolable. Puro glamour, ya veis. Hay que ser agradecida, y si ser agradecida es todo ello, fui muy agradecida. Aún pienso si mereció la pena la llantina que cogí por tal regalo de la mejor persona que he tenido el placer de conocer en mi vida. Y la respuesta sigue siendo SÍ. Y me quiere aún, y me lo dice. Ains. Envidiadme. Me conoce muy bien y me sigue queriendo a pesar de todo.

Lo sorprendente del regalo no fue sólo la originalidad, sino la sorpresa que me ocasionó. Jamás nadie antes había hecho nada igual, por lo que yo ni me imaginaba que pudieran hacerme tal obsequio. Y vaya, que lo disfruté. Y aún estoy pensando en cómo devolver siquiera una ínfima parte de tal detalle porque no hay ni tiempo ni dinero que pueda pagar la alegría y la sorpresa que me ocasionó.

Así que en ello estamos.

Claro que he recibido regalos que me han emocionado, y he agradecido, y me han gustado, y me han encantado. Y siempre, siempre, he demostrado mi alegría por tales muestras de cariño hacia mi triste figura. Unos han sido más acertados que otros, otros me han sorprendido, y otros me han emocionado. Cómo no voy a ser capaz de reconocer tales detallazos...

Y luego están los regalos que no me han gustado. Vamos a dejarlos en el más triste de los olvidos, porque pa qué. Unos me causaron hilaridad. Otros me causaron indignación. Y otros me causaron repelús. Algunos los he tirado, pero otros los tengo para dejar constancia de que alguien me quería muy mal en ese momento.

Y ahora regalo yo de nuevo. Me faltan manos y tiempo para hacer más cosas para dar a gente estupenda que se reproduce y aprecia mis detalles que, sin ser caros, necesitan mucho tiempo de mi vida para llevarlos a cabo. Les regalo, además de algo material, mi tiempo, de las cosas más valiosas que tengo y ofrezco.

¿Os he dicho que me gusta regalar? Pues hace tiempo que dejé de regalar a cualquiera, porque no se aprecia mi gesto. Que no es que quiera eterno agradecimiento, pero no me gusta que lo desprecien.

Así que ahora sólo regalo a mis amigos de verdad.

Y se nota :)