4.5.17

Y de repente...

No sé qué ha pasado. Bueno, sí que lo sé.

Pero de repente... ha sucedido.

:)

No sé lo que durará.

Pero pienso disfrutarlo.

Ains.

Parezco tonta y todo.

Aún estoy temblando jiji.


24.4.17

Los romanos no tenían bandera

Una cosa que admiro de los romanos es que, a la hora de construir una ciudad, primero de todo construían lo que fuese necesario para abastecerla de agua, por pequeño que fuese el municipio.

Como sabían la importancia del agua para la gente y que el agua estancada era foco de enfermedades y de infecciones buscaban manantiales de los que suministrarse, por lo que sacaron a relucir toda su famosa ingeniería romana salvando valles, ríos, montañas y demás accidentes geográficos para llevar tan preciado líquido a cualquier ciudad que fueran a construír y que cualquier ciudadano en ella pudiera disponer de él a cualquier hora en cualquier sitio.

Y no sólo el abastecerse, sino también el deshacerse de los residuos líquidos, por lo que también idearon alcantarillas y sistemas de evacuación de aguas mayores y fecales, ya que también sabían que atraían enfermedades y alimañas no deseadas.

Chicos listos.

Y luego está España, en la que el agua potable no sólo es cara, sino hacen negocio, es motivo de trapicheos, comisiones, estafas, sobresueldos... Construyen cosas sin que haya agua en kilómetros a la redonda, y cuando hay obras para que haya agua puede haber tal corrupción y pueden tardar tantos años en pillarles con el carrito del helado que cuando el barco se hunde y ya no se puede achicar más agua porque les llega hasta el cuello empiezan con el ay, mire, es que yo no lo sabía, pero casi que me salgo.


Los romanos no tenían bandera. Tampoco tenían el número cero, por cierto. 

Nuestros políticos lo que no tienen es vergüenza.

18.4.17

Lo importante fue participar.

Yo creo que el final de un sueño no es cumplirlo, sino despertarse.

Mientras dura el sueño has disfrutado, te has ilusionado, has vivido, has sufrido o te has emocionado. Yo, por circunstancias que no vienen al caso, decidí echarme la manta al cuello y pensé que lo que tuviera que pasar, pasaría y entrelacé las manos tras mi nuca y disfruté del paseo mientras me acercaba, casi sin proponérmelo, al final de un sueño del que pensaba que me iban a despertar mucho antes.

Y no fue así.

He disfrutado del paisaje, del camino, de la gente, del trayecto, del paisaje (huy, esto lo he repetido), de la comida, del café, de los rayos de sol, de los amaneceres y de los primeros cantos de los pájaros. He disfrutado al encontrarme con el anochecer sin darme cuenta o con el amanecer sin tampoco proponérmelo. 

Ha habido risas, muchas risas, sobre todo mías, y más de un llanto, casi ninguno mío (afortunadamente, y sorprendentemente). Nervios, discusiones, besos, abrazos, amistad, mucho cariño, confidencias, enfados y reconciliaciones. Aquí termina una etapa que no volverá a repetirse jamás porque ni seremos las mismas personas, ni seremos iguales ni será lo mismo.

Y aquí estamos, despertando del sueño.

Fue bonito. Fue intenso. Aprendí muchas cosas Y aprendí muchas cosas sobre mí, todas buenas, y encontré otras que creí olvidadas. Todas muy buenas y que he sacado a la luz para siempre.

Y aquí termina el sueño, porque ya está ahí el despertar, que es lo que hace que el sueño finalice, hayas reído, llorado, hayas sufrido o hayas estado completamente zen, como una que yo me sé. 

Empieza la realidad. Pues nada, a por ella, oiga.

Ahora toca elegir el siguiente sueño, que el mundo sigue girando.

Allá vamos.

5.4.17

El camino.

Estoy acariciando una ilusión, jugueteando con ella. Cada vez la tengo más y más cerca.

Tengo miedo de que se escape entre los dedos de mi mano, pero eso sería porque no es mía ni sería para mí.

Las cosas buenas de la vida no hay que forzarlas porque aparecen solas, surgen, se te presentan, y aunque salgan mal te apetece volver a repetir. Y esta es una de esas cosas buenas que me está haciendo disfrutar cada paso, cada descanso, cada sonrisa, cada respiro, cada suspiro...

Aunque pronto sepa si será para mí o no, lo bonito a veces no es sólo el final, sino también el camino.

Porque el camino está lleno de sensaciones y de vida.

3.4.17

A buenas horas.

Sólo voy a decir una cosa hoy.

Hay gente que sabrá mucho de informática y le pagarán por ello, y serán unos máquinas en su puesto de trabajo y ocuparán puestos de responsabilidad en su empresa.

Pues alguien de quien no sé absolutamente nada en diez años no se da cuenta de que, por lo que sea, me envía correos con información personal. Curiosamente hay información que nunca compartió conmigo. Y dudo mucho que se dé cuenta de que precisamente yo estoy recibiendo esos correos.

Bueno, pues aún me estoy riendo.

Paso de avisar. Supongo que no seré la única persona que haya recibido algo así, porque si yo he recibido eso, a saber cuánta gente más.

Que siga haciendo el notas, no es mi problema.

Ay, qué rato más divertido he pasado...

27.3.17

El encanto de las pequeñas cosas

Estoy rodeada de libros. Ninguno es mío, ojalá pudiera hacerme con algunos que me han encantado, pero no tendré esa suerte. Me han pedido ayuda para organizarlos porque se donan, y ahí estoy yo mirando cada uno y anotándolo en un inventario que parece infinito. Hoy sólo han sido seiscientas novelas. Que se dice pronto.

El dueño de esta pequeña biblioteca fue alguien importante que tenía el gusto de coleccionar libros. No sólo se los regalaban, como así se ve en las tarjetas de personas y personajes famosos o públicos, cargos directivos en empresas o simplemente amigos, sino que también los compraba, como atestigua cada ticket de compra dentro de su respectivo libro. Y os puedo asegurar que es toda una fortuna lo que se gastó esta persona en libros. Toda una vida coleccionando tomos (¡y qué tomos algunos!) y yo curioseando entre tal joyita que es imposible de ver dos veces en la vida.

Lo que me hace gracia es que aquí a todo el mundo le encantan los libros, hablan de lo mucho que los leen, los compran, los recomiendan... pero aquí nadie dobla el lomo para destinarlos a un sitio mejor que el de acumular polvo o ser amontonados en cajas. Y a mí, que esto me gusta, me dejan el trabajo sucio como si fuese un castigo, pero nada más lejos de la realidad.

Veo anotaciones, libros antiguos, veo recortes de periódico entre las hojas, veo la variedad de libros y temáticas. Algunos libros estaban sin estrenar, y muchos de ellos poseen puntos de lectura de cartón de mil variedades y tamaños con los que se puede hacer una gran colección.

Son varios miles de libros, miles, ojo, ya he dicho que hoy sólo ya he despachado seiscientas novelas, y aunque ninguno será mío puedo decir que me gusta estar entre ellos. Han hecho que me encuentre a gusto, por muy pesado que sea esto..

Pocas veces tendré la ocasión de estar ante un acontecimiento así, aunque haya gente que me haya encasquetado esto como si fuese un tormento. Es un acontecimiento anónimo que pasará inadvertido, pero que me pilla ahí disfrutando como una perra muahahaha.

Y os aseguro que no hay dinero que pague este pequeño placer. Además, se ve que se me nota la ilu que me hace esto porque ya hay quien tiene curiosidad por ver lo que he hecho.

En este año me están pasando cosas muy extrañas, muchas de ellas sorprendentes, como esta. 

Y cómo no ver el encanto de las pequeñas cosas en las que me veo de repente sin proponérmelo.

Cómo no verlo...

Y cómo no disfrutarlo y dejarme llevar...





21.3.17

Día de la poesía.

No sé la edad que tenía, pero descubrí a Neruda sin que nadie me hubiera robado mi corazoncito nunca. Aún así encontré en su poesía un sentimiento enorme. Sentí lo mismo que escribía sin que me pasara. Comprendí la tristeza que reflejaba en sus palabras. Digamos que me tocó una fibra que hoy en día sigue vibrando con este poema.

Que puedo ser moñas, que puedo leer poesía y pensar "pero qué mierda es esto", pero algunos poemas me han parecido perfectos.

La pena de la poesía es que suele hablar del desamor y de la tristeza.

Y esta, aunque hable de ello, sigue siendo una de las que me más me gustan. Bécquer también tiene algunas muy más mejores, y Vicente Aleixandre... O Benedetti.

Yo soy más de novelas, pero oyes... Allá va.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos". 
El viento de la noche gira en el cielo y canta. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 
En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor y es tan largo el olvido... 
Porque en noches como esta yo la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido. 
Aunque éste sea el último dolor que ella ne causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

. 

15.3.17

Regalitos.

Me gusta regalar, y creo que tengo buen gusto. Cosa que no pueden decir todos los demás. No me conocéis, por lo que no habéis tenido el inmenso placer de regalarme nada ni de disfrutar de mi exquisito gusto para los obsequios, por lo que os voy a hablar de los regalos que me hacen. Hahaha.

Sinceramente, si somos los que nos regalan, soy entre la hostia y un mojón seco.

Hace un año me hicieron el mejor regalo de mi vida. El mejor, con diferencia. Y os juro que nadie podrá superarlo, aunque quisiera. Y mi agradecimiento en ese instante, a la hora de recibirlo, fue entre la más absoluta estupefacción y un llanto inconsolable con los mocos hasta la barbilla junto a un temblor incontrolable. Puro glamour, ya veis. Hay que ser agradecida, y si ser agradecida es todo ello, fui muy agradecida. Aún pienso si mereció la pena la llantina que cogí por tal regalo de la mejor persona que he tenido el placer de conocer en mi vida. Y la respuesta sigue siendo SÍ. Y me quiere aún, y me lo dice. Ains. Envidiadme. Me conoce muy bien y me sigue queriendo a pesar de todo.

Lo sorprendente del regalo no fue sólo la originalidad, sino la sorpresa que me ocasionó. Jamás nadie antes había hecho nada igual, por lo que yo ni me imaginaba que pudieran hacerme tal obsequio. Y vaya, que lo disfruté. Y aún estoy pensando en cómo devolver siquiera una ínfima parte de tal detalle porque no hay ni tiempo ni dinero que pueda pagar la alegría y la sorpresa que me ocasionó.

Así que en ello estamos.

Claro que he recibido regalos que me han emocionado, y he agradecido, y me han gustado, y me han encantado. Y siempre, siempre, he demostrado mi alegría por tales muestras de cariño hacia mi triste figura. Unos han sido más acertados que otros, otros me han sorprendido, y otros me han emocionado. Cómo no voy a ser capaz de reconocer tales detallazos...

Y luego están los regalos que no me han gustado. Vamos a dejarlos en el más triste de los olvidos, porque pa qué. Unos me causaron hilaridad. Otros me causaron indignación. Y otros me causaron repelús. Algunos los he tirado, pero otros los tengo para dejar constancia de que alguien me quería muy mal en ese momento.

Y ahora regalo yo de nuevo. Me faltan manos y tiempo para hacer más cosas para dar a gente estupenda que se reproduce y aprecia mis detalles que, sin ser caros, necesitan mucho tiempo de mi vida para llevarlos a cabo. Les regalo, además de algo material, mi tiempo, de las cosas más valiosas que tengo y ofrezco.

¿Os he dicho que me gusta regalar? Pues hace tiempo que dejé de regalar a cualquiera, porque no se aprecia mi gesto. Que no es que quiera eterno agradecimiento, pero no me gusta que lo desprecien.

Así que ahora sólo regalo a mis amigos de verdad.

Y se nota :)

7.3.17

Perdiendo el tiempo.

Llevo una época en la que igual disfruto de las primeras gotas de lluvia sobre mi piel que con los rayos de sol de esta incipiente primavera, o de la brisa cálida que anuncia ya el buen tiempo. Estoy activa, bromista, divertida, relajada y ya no espero nada ni a nadie cuando realmente lo que necesito lo tengo cada día delante del espejo.

Supongo que tras la tormenta llega la calma, y ahora simplemente veo lo que la vida me deja frente a mí y entiendo lo que no era para mí. Si quiero algo, lo hago pero no lo intento, otra cosa es que lo consiga. Pero no pienso quedarme con las ganas ni que pase el tiempo y quedarme con la duda de qué hubiera pasado si...

Fuera cabezonerías, hay lo que hay, y yo me siento frente a una cerveza en uno de mis bares favoritos junto a compañía agradable que siempre sabe arrancarme una carcajada.

Y precisamente hoy, a punto de hacer y no intentar, he dicho algo que ha causado hilaridad:

-Como la vida me vaya bien alguna vez, a ver en qué voy a perder mi tiempo.

La frase, por supuesto, no es mía.

Pero bueno. Estoy rozando con la punta de los dedos una ilusión. Estoy disfrutando de esa sensación que nadie podrá quitarme aunque las cosas no salgan como me gustarían.

Estoy a punto de saber si voy a tener que pensar en qué perder mi tiempo.

Estoy preparada.

Allá voy.


2.3.17

Una de palomitas grande.

Dicen por ahí los viejos del lugar que el que no tiene problemas se los busca. Y hablamos de gente adulta que se supone que tiene la cabeza sobre los hombros y se deja de tonterías.

Pues no.

Es gente aparentemente adulta con comportamientos de adolescente y mentalidad de la reina del baile que trata a los demás como si fuesen poco menos que chusma y tuvieran que estar a sus pies cumpliendo cada uno de los deseos. Y enmedio (o en medio, no sé cómo se escribe) de ambas personas se encuentra Eufrasia que siempre intenta mantener las distancias con ambas.

Pues tampoco.

Que no sé qué pasa conmigo pero a veces despierto afectos enfermizos hacia mi triste figura sin yo mover un solo dedo. Que yo no hice nada, oiga, que yo tampoco estoy compitiendo con nadie y no me interesa saber las opiniones de estas personas, pero ellas sí que hacen, parece que compiten conmigo en belleza, en simpatía, en carisma, en vida social, y quieren (y me preguntan) mi opinión sobre cosas que me importan de cero a nada, pero que no hay forma de hacerles ver que paso de sus cosas, y que yo sólo pasaba por ahí.

Pues va a ser que molo mucho.

Y yo no quiero molar tanto, que me gusta pasar inadvertida, pero no sé, a veces me quiere mucho gente que no quiero que me quiera, y se fija en mí gente que no quiero que se fije, y me preocupa enormemente cierta clase de personas que posan sus ojos en mí, sin yo pretenderlo. Dicen que la vida te pone gente delante para aprender de tus errores y tus defectos porque son tu reflejo. 

Joder, pues la llevo clara XD

Bueno, pues a todo esto estas personas que son tan divinas (más que yo), tan geniales (más que yo), tan inteligentes, atractivas, simpáticas, estupendas, trabajadoras y mucho más ricas que yo (bueno, en eso con poco se me supera) que no se tragan entre ellas... coinciden. Y yo soy objeto de deseo de ambas dos personas y no encuentro el botón de teletransportación ni el de invisibilidad para deshacerme de ellas, así que uso el superpoder de levantarme e irme o darles un corte porque no me gusta lo que me dicen para demostrar, cada una de las veces, que son chachigeniales y megamejores que yo y que el resto de vosotros, sucios y tristes mortales. Y como las dos no se tragan entre ellas, es más, se odian a muerte, y las dos dan por hecho que estoy de su lado, voy a comprarme un saco de palomitas porque no hay película, obra de teatro ni espectáculo que supere lo que está sucediendo. No sé si habrá sangre, pero de momento ya hay encontronazos que se ven muy bien desde la grada. No sé por qué la vida me pone en la mitad de ese campo de batalla que no va conmigo y estas dos personas dan por hecho que estoy con ellas (por separado) si no les hago ni puto caso. Por qué molo tanto, rediós, POR QUÉ. POR QUÉ.

Y estamos hablando de gente adulta que se tienen envidia y no se esconden a demostrarlo.

Creo que es tensión sexual no resuelta. Hagamos apuestas.

Yo cuando me aburro hago otras cosas más divertidas, pero bueno, cada uno pierde su tiempo como quiere :P

Pues eso. Palomitas para todos.

Ps: Yo molo mucho, sobre todo cuando quiero.


22.2.17

Cuernos.

Supongo que en psicología eso tendrá algún nombre, pero yo tengo una característica un poco obsesiva y absurda, que es la de zanjar las cosas, el tener que darle un punto al final, el encontrar la explicación, la solución, el por qué. Encontrar respuestas, a veces una simple palabra puede terminar con mi obsesión. Pueden pasar años perfectamente y encontrar aquello que tanto me torturaba o eso que me dejó una duda. A veces puedo molestar a alguien con mi dedicación a esas cosas tan poco útiles para un  currículum vitae, pero oye, que ni mata, ni cura, y cada uno pierde su tiempo con lo que le da la gana.

Soy de naturaleza curiosa, por eso quiero saber y de saber, y aunque a veces más vale creer que averiguar, otras prefiero lo contrario, así que a veces yo misma me sorprendo de mi jeta por encarar algunas cosas.

Hace poco hablé de que había dicho que quería a cierta gente y no hubo ninguno que se comportara en esos momentos como las personas, porque les dio igual mis sentimientos pero no su comodidad. Ahí quise saber realmente lo que había, y descubrí que no había nada. Lo supe. Y lo que sucediera después de cada uno de esos momentos, lo que pasara, he decidido que es culpa mía.

Bueno, de todos ellos, hubo uno, el único, al que decidí darle de su propia medicina, así que como no había nada serio entre nosotros, o eso decía él, pues nada, yo decidí conocer a otra gente que no quería controlarme como el susodicho en cuestión, porque además, tampoco había nada serio con ellos. Él se había estado viendo con otra gente mientras me decía que sólo estaba conmigo hasta qu empezó a decir que es que entre los dos no había nada serio. Vale, pero para ninguno de los dos. Él estaba a favor de las relaciones libres, pero parecía ser siempre y cuando fuese él el que hiciera lo que le diera en gana. Aunque no lo supo, sospechó que yo podía estar conociendo gente, y os aseguro que no lo llevaba nada bien. Pero cuando no había nada por mi parte, tampoco lo llevaba bien, así que realmente él era un problema con pene y yo una gilipollas, pero creo que eso ya lo he dejado claro varias veces a lo largo de la historia de este blog. Sólo lo repito por si se os olvida.

Después de meses pude llevar una vida normal sin que él pudiera (ni le dejara) meter las narices en lo que yo hacía, ya que nos movíamos por algunos círculos comunes. Hasta que me cansé y le mandé al peo de muy malas maneras, porque ya no me apetecía estar aguantándole nada. Por dios, en qué estaba pensando para aguantar a semejante tío costra... Esa semana santa la pasé sin su deprimente compañía, gracias a los dioses, porque decidió unilateralmente, y lo dejó bien claro por si yo se lo imploraba, que no iba a venirse conmigo. OH, QUÉ DISGUSTO, PARFAVAR. Y aunque volvió a darme señales de vida, había resultado ser una persona tan tóxica, que no merecía ni la pena. Porque no es que fuesen malentendidos, ni que estuviéramos siempre con alguna bronca, no: es que es una persona tóxica. Es malo. Y me cansé, porque hasta las tontas como yo se cansan. 

Pues ha sido la única persona a la que he engañado en la vida. SI ESO ES DELITO, DETÉNGAME AHORA MISMO, SEÑORÍA.

Luego aparecieron otros, pero eso es otra historia, cada uno tiene la suya. Y qué diferente cada una, válgame... Qué diferentes pueden llegar a ser las personas, qué distinta es su forma de de tratarte, qué delicadeza algunos para tocar ciertos temas... Lo mismo algún día cuento algo más de ello. Hoy no, que me estoy desviando otra vez del tema.

Todo esto viene porque me enteré que la relación más seria que he tenido estos años me había estado engañando con alguien que yo desconocía. Y eso me mosqueó mucho enterarme por varias partes, pero como eso quedó atrás. pues podéis imaginar dónde pensé que podía irse mi ex, al que llamaré Gañán, porque no esperaba otra cosa de él. Ya ni me sorprendía. Y es cierto eso de que el cornudo es el último en enterarse.

Un día, por casualidad, conocí a una chica que parecía conocerme muy bien. Muy parlanchina, nivel agotador, empezó a relatarme la historia de mi vida ante mi asombro, porque yo no la conocía de nada. Le pregunté que de qué me conocía, hasta que me comentó que yo era la ex de Gañán, que habían trabajado juntos. Ahí caí en la cuenta de que tal vez... No es que me importara mucho esa chica, y había llovido tanto desde mi ruptura que me propuse tirarle de la lengua. Era tan parlanchina como bocazas y jeta por ser tan poco discreta conmigo, así que empezó a contar cosas más personales mías que cualquiera no puede saber si no es del círculo más cercano. Es más, eran cosas muy personales y dolorosas para mí. Le pregunté que cómo era que sabía esas cosas, y me dijo que se las había contado Gañán. Ahá. Seguí echando cebo para que ella hablara, hablara y decirme lo que quería escuchar, pero ella se iba por los cerros de Úbeda. Todo eso el primer día, porque hubo más.

El segundo día dejé de lado el cebo y usé la red. Oye... ¿por qué no me cuentas algo que yo no sepa?, fue mi propuesta. La muchacha se hizo la sorprendida. ¿Como qué? No sé, algo que yo no conozca, porque todo lo que me estás contando yo ya lo sé. Pero no sé qué contarte. Pues por ejemplo, cómo es que sabes tanto de mí. Ay, es que Gañán me lo contaba tomando café. Ah, pues sí que os duraban los cafés... La chica empezó a cortarse un poco porque se olía mis intenciones, así que decidí volver al cebo. Hasta que un día hasta quité la caña y dejé de coincidir con ella.

En estos meses me he vuelto a cruzar con ella varias veces. Mejor dicho, ella me ha visto por la calle y me ha llamado casi a gritos para saludarme o hacerse la encontradiza. Yo siempre era seca pero correcta, y siempre tenía prisa, porque no me apetecía hablar con ella. Ay, nena, con lo que tú eres, pensaba yo, aunque en esos momentos tenía cosas más importantes en las que enfocar mi atención... Por una parte quería saber, por otra parte ya me daba igual lo que pasara en el pasado con alguien que me da asco. Pero no sé, me lo tomé como un juego en el que no tenía nada que perder. Más vale saber que averiguar. Y quise saber.

Esta semana he vuelto a encontrarme con esta persona, que ha vuelto a cruzarse media calle para saludarme. Y entonces dije: ahora. 

Mira, contigo quería yo hablar, que tengo una pregunta que hacerte. Ay, dime... ¿Tú estuviste liada con Gañán?

Tendríais que haberle visto la cara, porque se puso de todos los colores. A mí me faltaban las palomitas para disfrutar del espectáculo. Yo sólo quería saber qué decía, porque la respuesta ya la sabía.

Ay, no, no, no, si yo tenía pareja cuando... No, si él también tenía pareja, y era yo.  No, si yo sólo tomaba café con él y... No, si os tenía que durar los cafés medio día cada día, por lo visto. Ay, pero es que yo no... no... yo no... Bueno, ya me has contestado, porque mira que pensaba que en cuanto te viera, te lo tenía que preguntar y así salía de dudas.

Ay, si me dio hasta pena. Qué cadena de excusas absurdas empezó a decirme. Porque pasa una cosa: si alguien me hace a mí esa pregunta, la mando a tomar por el puto culo, que es lo normal, ¿no?

Lo curioso es que ella no tendrá nada que esconder, pero ahora la veo yo por la calle y se esconde de mí bajando la cabeza. Y eso tiene que ser la confirmación de mis sospechas.

Duda resuelta.

Lo dicho: en psicología esto se tiene que llamar de alguna forma :D

20.2.17

El universo sobre mí.

Me gusta ver nubes. No soy de las personas que imaginan figuras y buscan parecidos, sino que me gusta ver de qué clase son. Cirros, cumulonimbus... Las nubes se muestran ante mis ojos y yo intento recordar cómo se llamaban las de una clase o de otra. Simplemente me gusta verlas, me gusta descubrir dónde las nubes están descargando agua, saber cuáles son de aire y cuáles son de lluvia.

Me encanta ver los colores de las nubes al anochecer, porque toman unos colores que me fascinan y siempre me hacen recordar una escena de la novela de Heidi, que leí en mi infancia, en la que el abuelo le cuenta por qué las montañas cambian de color al ponerse el sol. Es una de esas cosas que, sin saber por qué, te dejan huella.

Me gusta ver amanecer, sobre todo en la playa, en donde puedo ver cómo aparece en el horizonte ese hilo de luz que recorre toda esa distancia sobre las olas hasta donde me encuentro. Son apenas dos segundos, pero me encanta contemplar ese momento.

También he descubierto los halos solares. El sol hace resplandecer las nubes a su alrededor, a veces formando algo parecido a una aureola sobre las nubes, como manchas de arco iris.

Eso si es de día.

Si es de noche, me gusta ver las estrellas. Ver la luna llena es bastante fácil, pero ver estrellas es otra cosa. Me gusta viajar de noche y echar la cabeza hacia atrás cuando voy detrás del conductor para poder ver, sobre todo si es por la meseta, los centenares de estrellas que se ocultan tras la contaminación lumínica. Contemplo constelaciones conocidas, como la Osa Mayor, y me prometo siempre indagar más sobre el resto, pero acabo dejando que mis ojos reposen sobre el cielo nocturno.

¿Y qué decís de las lluvias de estrellas? Es mi debilidad. Disfruto cuando veo una estrella fugaz, pero cuando hay lluvia de estrellas intento no perderme una. En la terraza, tumbada en el suelo, independientemente de la compañía, miro hacia arriba para ver cómo surcan el cielo sin ritmo y sin avisar.

Hubo un tiempo en el que me olvidé de todas estas cosas, que siempre están, y estarán, ahí. Pero las recuperé porque me hacen sentir bien. Soy pequeña comparada con semejantes cosas, pero me hacen sentir bien conmigo misma.

Ojalá pudiera contagiar esa sensación de sentir el universo sobre mí. Es bonita. Pero sólo sé explicarla con palabras.

Ps: Y porque no me ha pasado nada del otro mundo, pero si me llega a pasar algo bueno estaría más moñas aún :D

8.2.17

Un metro para las palabras

Hay un chiste muy viejo que trata de un autostopista al que le para un camionero. El autostopista, en un intento de ser amable, piensa en qué conversación puede tener con el camionero. Si habla de política, puede decirle que es de un partido, y si el otro es de otro, se enfada y le haría bajarse del camión. Si habla sobre fútbol, le dice que es de un equipo, el otro dice que es del rival, se enfada y le haría bajarse. Así que el hombre, en un suspiro, sólo decide decir un "Pues sí...", a lo que el camionero dice: "Pues no, así que ya te estás bajando".

Es un perfecto ejemplo de la gente que mide las palabras para no ofender, y del que quiere ofenderse digan lo que digan.

Yo me cansé de medir las palabras por ese miedo ridículo a que se enfadaran conmigo. No es que ahora vaya llamando cabrones a todo el mundo, pero vamos a dejarlo en que si digo una cosa, dicha queda. Y a quien le ofenda, es su problema, mío no. Una frase agradable dicha porque sí puede ser, por lo visto, megaofensiva, así que por qué voy a dejar de decir algo bonito sólo porque haya quien se ofenda, se trate o no del receptor. Por qué tengo que dejar de alabar a la gente que hace cosas buenas sólo porque haya quien pueda enfadarse si no las comparte.

Imaginad que alguien ha tenido un detalle con otra persona, seáis o no vosotros. Os lo cuentan y os dais cuenta de lo bonito que ha sido, útil, grande o divertido, y también está presente alguien que no sabe lo que es ser receptor de tal detalle. Como tampoco sabe lo que es un halago, en el momento que alguien comenta lo bonito del detalle empieza a sacar defectos. Si insistes, empieza a ponerse borde contigo. Y como ves que si sigues va a acabar enfadado contigo, ahora decido seguir halagando porque me importa más bien poco que se enfaden conmigo por semejante cosa personas así.

Luego está quien quiere someterte, digas lo que digas. Os cuento un secreto: con algunas personas que siempre acaban molestas con lo que diga ante ellos, he hecho más de una lista apuntando a priori lo que iba a decir y en lo que se iban a ofender. Y he acertado de lleno. Y les he enseñado la lista y adivinad qué han hecho... ¡ofenderse!

Así que la moraleja, además de estar en Madrid, es que si tienes miedo de decir las cosas es que eres un cobarde. Las cosas se dicen, sobre todo cuando son agradables. También cuando quieres decirlas. Quien se quiera ofender se va a ofender igual, porque aunque digas algo malo tmbién pueden creerse que lo dices por ellos.

Así que yo ya no mido las palabras, porque para qué.

Para qué.

24.1.17

El día que dije "te quiero" (Versión extendida, remasterizada y eliminada del director)

Hace unas semanas escribí uno de los posts más personales que haya escrito jamás.

Creo que fue el más personal de todos, en el que había puesto más intimidades sobre mí.

Bueno, en realidad fue el segundo más personal que había escrito, porque no hace mucho escribí otro que era mucho más personal, contando sin contar, hablando sin hablar, y diciendo sin decir. Ahí sí que dejé algo mucho más íntimo, personal y profundo que pocos saben y no voy a explicar.

Bueno, al lío.

En el post que eliminé contaba las veces que había decidido dejar salir de mis labios las dos mágicas palabras, y en qué situaciones, y ya que todos los receptores se rieron de mí en mi puta cara, por delante y por detrás, pues decidí compartirlo con el gran público y así nos reíamos todos. pero, oh, lo borré. Qué pena.

También contaba un secretillo, como el que una no es de piedra, ya sabéis, guiño, guiño, codazo, y como el que alguno me creía tan a sus pies y me trató tan mal, que ni sospechaba que yo acabé teniendo otra vida, que desconocía, con otra gente que me aportó muchas más "alegrías" que el susodicho en cuestión, aunque no me quisieran tanto en público como el oficial. Hubo con quien lo pasé muy mal (fatal, palabrita) pero esto es como la droja en el colacao, que de tó se sale, payo. Y lo bueno de decidirme a decir esas dos palabras era ver, sin lugar a dudas, qué era lo que tenía realmente con esa persona.

Nada. No había nada. Res. Nothing. Rien.

Pero tienes que tener un par de narices para decirlo sabiendo que te estás tirando sin red, sin paracaídas y de espaldas, a ciegas y con las manos atadas.

Bueno, pues yo lo hice.

Ahora es cuando debería empezar a contaros la cara de gilipollas que se me quedaba, y del tiempo que pasaba tras esas palabras que, en unidades de tiempo, empezaba por sonido de grillos, una bola de paja rodando como en el antiguo oeste, tres eones, terminar una ingeniería aeroespacial, tres oposiciones, y mis nietos aún estarían preguntándome que qué me contestó uno siquiera.

Pero decidí que no, que mejor todo ello quedaba para mí, porque no sé cuál de todas las ocasiones fue la más humillante, y total, para qué, no necesito que nadie más se ría de mí por estas cuestiones. Así que os vais a quedar con la duda. Muahahaha.

Pero una noche de borrachera con buena compañía acabé sacando todos esos esqueletos apolillados de la memoria. Fue un éxito total que no pienso repetir, por la cuenta y la resaca que me trajo, y porque sólo surgió y no hay que darle la importancia que no tiene.

Pero también contaba que llevo un tiempo en el que me han dicho más veces te quiero que en toda mi vida. Y no sólo me lo dicen, sino que además me lo demuestran siempre. Y no sólo es una persona la que me lo dice, sino que son varias. Y cómo no decirles también ese te quiero que sé que ellos sí que lo van a apreciar. Cómo no querer y demostrarlo a esta gente, grande, sincera... Cómo no decirles ese te quiero las veces que me apetezca, de forma espontánea, tan sincera y tan viva. No tenemos ni una gota de sangre en común y me alegro que la vida me enseñara que la gente es como los libros: no siempre es el mejor el que más te gusta.

Se ríen conmigo de mis anécdotas y me dicen, y me repiten, algo que ya sabía: que tengo mucha suerte por haber sido rechazada por toda esa gente. Me recuerdan lo mucho que valgo y lo grande que soy.

Así que como yo sólo fui otra chica más para todos aquellos que no apreciaron mis sentimientos y encima se rieron de ellos, pues nada, sólo fui otra chica. Pero qué chica.

Y como lo que yo piense no les importará tampoco a estas alturas, pues puedo decir que afortunadamente para mí, sólo fui otra chica. Pero qué chica.

Me hubiera perdido en relaciones falsas y tóxicas el mundo tan extraordinario que había, y hay, para descubrir...






Pero borré el post y os vais a quedar con las ganas de saber lo que puse.

Resumiendo: que sólo soy otra chica.

19.1.17

La bella durmiente.

Yo siempre digo que el mundo no es suficientemente grande. 

Da igual dónde vivas, en qué trabajes y a quién conozcas de la otra punta de España, puesto que la teoría de seis grados a veces sólo se trata de dos. Por ejemplo, os cuento un secreto: resulta que una amiga trabaja en un sitio muy catalán (por así decirlo) allá en tierras catalanas, y me contó que su jefa le pone los cuernos a su churri, al que yo también conozco por una de esas casualidades de la vida, con un compañero de trabajo. Hay fotos, son la comidilla de la empresa. Y me pregunto cómo me entero yo de esas cosas antes que él, que lo tiene todo más cerca... Bueno, él hizo lo mismo antes, pues ahora que tome de su medicina, y que sea el último en enterarse, quién soy yo para iluminarle...

Bueno, que eso, que el mundo no es tan grande.

Lo que iba a contar.

Resulta que en nochevieja, una de las más divertidas de mi vida, nos encontramos con una chica que iba de lo más borracha. Iba con unas amigas que la dejaron sola, imaginad en qué plan iba, aunque yo no sé qué clase de amigas son las que te dejan en ese estado, y no sé tampoco qué les hizo la otra para que la abandonaran. Lo que sí vi era el estado en el que se encontraba: era una especie de lapa babosa con todos los tíos más decentes presentes que, menos mal, tuvieron el conocimiento suficiente para rechazarla. Y ella se acercaba a otro, y tampoco. Bueno, pues acabó dormida espatarrada en una silla, junto a su chaqueta. Tuvimos el detalle de taparle con la chaqueta y dejar que durmiera un poco la mona, También estábamos pendientes de que nadie pudiera sobrepasarse con ella. Cuando se despertó la bella durmiente le preguntamos si quería que la acompañáramos a casa y ella, incapaz de balbucear nada, nos miraba como diciendo estas quieren robarme el alma, seguro. Se negaba. Le dijimos que llamábamos a la policía para que la llevara en casa, que no fuera sola, y también se negaba. Le dijimos que llamábamos a un taxi, y tampoco. Que la dejáramos en paz, empezó a gritar. Y yo, que no fui a la escuela diplomática le dije que a nosotras no nos gritara, que era una desagradecida, después de haber estado pendiente de ella, que llevaba enseñando las bragas toda la noche dormida en la silla. Bueno, casi literalmente huyó sola, dando bandazos por la calle. Pues ella misma.

Hoy: pleno centro de Valencia, con la de gente que hay en el mundo, he ido a arreglar unos papeles y en la cola alguien me ha preguntado algo. Al girarme me encuentro con la bella durmiente, que se ha quedado casi tan blanca como mis bragas de abuela. Y he hecho como que no me acordaba de ella y he vuelto a mis papelotes.

Os juro que le ha temblado la voz. Hasta le ha salido un gallo al hablar. 

Esa noche no hubo príncipe que se acercara a ella porque olía a vómito. 

Pero yo me lo pasé pipa :D




18.1.17

Soy yo.

A veces una versión mejora la original.

Gran letra.






Creo que ha llegado el final,
no hay más que decir,
me despido de ti...

7.1.17

Una vieja compañía.

Aunque hace tiempo que ya no estás conmigo sigo acordándome de ti, pero ya no te echo en falta.

No había sitio por el que me moviera donde no me acompañaras. Estuviste  conmigo en mis momentos más duros, en mis grandes momentos y compartimos los momentos más íntimos. Estuviste en mis noches de desvelo y en mis noches de fiesta. Estuviste en mis risas y estuviste en mis momentos de tedio y apatía. Simplemente estuviste ahí calmando nervios, alternando de mi mano, jugando a dibujar anillos en el aire.

Durante el tiempo en el que ya no te he tenido al lado me han pasado muchas cosas. Tantas, que no voy a empezar a enumerarlas. Y tú no has estado conmigo. Ha habido momentos en los que he estado a punto de ir a buscarte de tanto que te echaba de menos, pero por algún motivo no lo hice. Ha habido momentos en los que hubiera dado mi reino por tenerte de nuevo frente a mí y poder darte esos besos callados que tanto ansiaba, pero no me moví para buscarte. Ha habido momentos en los que he encontrado algo que me recordara que estuviste conmigo. Ha habido momentos en los que alguien me animaba a que si quería volver a estar contigo por una vez que no pasaba nada, y yo prefería seguir sin acercarme a ti, aunque te tuviera tan cerca. Con lo fácil que era volver a acercarme a ti... Y siempre acababa recordando que desde hace años ya no estás en mi vida ni formas parte de mí.

Ha costado, pero sigo sin ti. He tenido grandes momentos, otros momentos íntimos y vendrán más baches en la vida, y tú seguirás sin estar. O eso espero.

Ya no te necesito. Soy libre. Me siento libre. Puedo vivir perfectamente sin ti.

Te recuerdo, pero ya no te echo de menos.

Adiós, tabaco.

Adiós.